Un informe publicado por Eurofound revela que el suicidio es ahora la principal causa de muerte entre los jóvenes europeos de 15 a 29 años.
El 2 de septiembre, la agencia europea Eurofound publicó un informe que suena a llamada de atención. Según datos de 2021, el suicidio representa el 18,9% de las muertes entre jóvenes de 15 a 29 años, superando a los accidentes de tráfico (16,5%).
Este hallazgo convierte al suicidio en la principal causa de muerte entre los jóvenes europeos. Este alarmante hallazgo exige una movilización política, social y cultural para proteger el bien más preciado del continente: su capital humano.
El día anterior, la Organización Mundial de la Salud ya había advertido sobre la situación global: uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años padece un trastorno mental.
Esto representa el 15% de la carga mundial de enfermedad para este grupo de edad.
La depresión,
la ansiedad
y los trastornos de conducta
se encuentran
entre las principales causas de discapacidad,
y el suicidio es ahora
la tercera causa principal de muerte
entre los jóvenes
de 15 a 29 años en todo el mundo.
En la década de 2000, Europa había registrado un descenso gradual en el número de suicidios. Pero la tendencia se ha revertido. La pandemia de la COVID-19 ha desempeñado un papel agravante, aumentando el número de personas en riesgo de ansiedad o depresión, especialmente entre 2021 y 2022.
Los investigadores señalan que los jóvenes no están solos en esto: los suicidios también están aumentando entre las mujeres menores de 20 años y los hombres mayores de 85.
En general, los hombres siguen teniendo 3,7 veces más probabilidades de suicidarse que las mujeres, a pesar de que las mujeres son más propensas a buscar ayuda en casos de angustia psicológica.
Eurofound identifica varias causas fundamentales:
- la fragilidad de las condiciones sociales vinculadas a la pobreza, el desempleo, la discriminación y las familias monoparentales;
- la vulnerabilidad de las personas con discapacidad, que se ven más afectadas por el aislamiento y la falta de empleo remunerado;
- y el impacto de la digitalización.
Si bien el uso moderado de herramientas digitales puede fortalecer los lazos sociales, su uso excesivo aumenta los riesgos, especialmente entre los niños de 11 a 15 años. A pesar del derecho, en la mayoría de los países europeos, a la atención psiquiátrica gratuita o de bajo costo, el acceso a la atención sigue siendo limitado. La psicoterapia, en particular, suele estar disponible solo en el sector privado y, por lo tanto, reservada para quienes pueden permitírsela.
Casi la mitad de quienes han sufrido problemas de salud mental, o el 46%, considera que la calidad de la ayuda que recibió es deficiente, con una puntuación inferior a 5 sobre 10. Esta insatisfacción pone de relieve la urgente necesidad de una reforma profunda.
Durante la presentación del informe, Hans Dubois, director sénior de investigación de Eurofound, recordó que «cuando la salud mental empeora, puede tener consecuencias muy graves ».
Se alzan voces que exigen un compromiso conjunto de los Estados europeos. Algunos proponen lanzar un plan de inversión masiva, no en armas, sino en salud mental, movilizando a familias, escuelas y comunidades locales. El objetivo es proteger el futuro del continente y evitar la pérdida de su bien más preciado: su capital humano.
Esta tragedia juvenil también interpela a la Iglesia, preocupada por todo el sufrimiento humano. Nos recuerda que la vida es un don de Dios, que debe ser defendido y acompañado, incluso en los momentos más oscuros. El Papa León XIV, haciendo eco de sus predecesores, enfatizó que la sociedad europea debe «redescubrir la alegría de la esperanza cristiana, porque sin ella, los jóvenes se encuentran abandonados a la desesperación y al vacío».
En un mundo marcado por el individualismo y la soledad, las comunidades cristianas se presentan como espacios concretos de fraternidad, donde los jóvenes pueden encontrar un oído atento y un motivo para resurgir.
Para muchos jóvenes desestabilizados por el ruido constante del mundo moderno, la oración, el culto y la vida espiritual ofrecen un camino de sanación y consuelo. Este mensaje se hace eco del llamado de la Iglesia a promover una cultura de la esperanza, donde cada persona se descubra que es querida y amada.
Más allá de las cifras, la respuesta no puede ser solo técnica o médica.
Requiere una dimensión educativa, cultural y religiosa. Parroquias, movimientos juveniles, organizaciones benéficas e incluso familias cristianas participan en este apoyo, rompiendo el aislamiento y recordando a todos que tienen una vocación única.
Con la proximidad del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el 10 de septiembre, Europa se enfrenta a un desafío. El informe de Eurofound insta a un debate sincero y valiente, pero sobre todo a acciones concretas.
Invertir en los jóvenes no es una opción; es una cuestión de supervivencia para Europa. Prevenir el suicidio significa proteger la vida y preparar el futuro, fieles a esta convicción central de la fe cristiana: ninguna existencia humana carece de valor, y toda vida merece ser apoyada, acompañada y amada.
Por QUENTIN FINELLI.
DOMINGO 7 DE SEPTIEMBRE DE 2025.
TRIBUNECHRETIENNE.

