La solemnidad de san Pedro y san Pablo llena hoy la liturgia de este domingo. En el Prefacio de la Misa del día rezamos: “Pedro fue el primero en confesar la Fe, y Pablo el que la interpretó”. Rezamos lo que creemos y de forma especial aquello que forma parte de la liturgia de máximo rango como es la Santa Misa. La primacía de Pedro queda patente a lo largo de los evangelios y de los Hechos de los Apóstoles. El evangelio de esta solemnidad recoge la confesión de Cesarea de Filipo según san Mateo (Cf. Mt 16,13-19), en la que aflora la afirmación fundamental sobre la identidad de JESÚS; pero todavía aparece con más claridad en el momento en el que el ESPÍRITU SANTO pone en marcha a la Iglesia, y Pedro surge como el primero confesando la Fe, que seguimos proclamando durante dos mil años: “tenga en cuenta toda la Casa de Israel, que DIOS ha constituido SEÑOR y CRISTO a este JESÚS, que vosotros habéis crucificado” (Cf. Hch 2,36). De lo manifestado o confesado por Pedro en este momento no se puede sustraer una sola letra: JESÚS es el CRISTO y es el SEÑOR. El CRUCIFICADO es DIOS. Este disparate intelectual para una razón estructurada según los modelos de la racionalidad griega, será el objeto central de la interpretación de san Pablo para su esclarecimiento en la medida de lo posible. DIOS se dispuso en su HIJO JESUCRISTO, a salvar a los hombres mediante la locura de la Cruz, que es “escándalo para los judíos y necedad para los griegos; pero para los creyentes -los que se han de salvar-, la Cruz es Sabiduría y Poder de DIOS” (Cf. 1Cor 1,22-23). La roca sobre la que se sostiene la Iglesia a lo largo de los siglos, en los momentos presentes, hasta que el SEÑOR vuelva, es la confesión de Pedro el día de Pentecostés. DIOS no tiene para los hombres otro SALVADOR más que su HIJO, JESUCRISTO. En gran medida, san Pablo ira dando argumentos allí hasta donde la razón pueda alcanzar, sobre los modos y las formas por las que la Gracia nos transforma, alcanza y nos salva. San Pablo no reniega de su condición judía, pero “todo lo considera pérdida -basura- comparado con el conocimiento de CRISTO, el SEÑOR” (Cf. Flp 3,8).
- Algo sobre Pedro
- Pablo de Tarso
- En tiempo de Herodes Agripa
- Dos Apóstoles
- La historia se repite
- La Iglesia oraba
- Finalizando los ázimos
- Signos de liberación
- Fuera de la prisión
- Superación de los obstáculos
- Cesarea de Filipo
- Lugar de retiro
- Opiniones sobre JESÚS
- Percepción de los discípulos
- La respuesta la da Pedro
- La acción de la Gracia
- JESÚS es la ROCA
- El poder de las llaves
- San Pablo, segunda carta a Timoteo 4,6-8.17-18
- Nos medimos a la hora de morir
- El esfuerzo dio su fruto
- San Pablo se ve redimido
Algo sobre Pedro
San Pedro es el primero en el grupo de los Doce, que aparece en los evangelios como el representante del Nuevo Pueblo de Israel: “el basamento de las puertas de la Nueva Jerusalén lleva el nombre de los Apóstoles del CORDERO” (Cf. Ap 21,14). Los Doce han estado con JESÚS desde el principio y gozan por parte de ÉL de un especial reconocimiento, y se lo hace saber: “os sentaréis en Doce Trono para juzgar a las Doce Tribus de Israel” (Cf. Lc 22,30). San Pablo junto con Bernabé tiene el rango de Apóstol, pero no pertenecen al grupo inicial de los doce con sus propias características. JESÚS declara que Pedro tiene la misión excepcional de “confirmar en la Fe a los hermanos” (Cf. Lc 22,31). Pedro seguirá un proceso de transformación personal, en el que no está privado de la humillación a causa de la debilidad personal; pero JESÚS no eligió héroes, superhombres o líderes de la elite política o social. Hasta que se encuentra con JESÚS no se le conoce como Pedro, sino que su nombre familiar es el de Simón el hijo de Juan -Simón Bar Jonás-, que significa “el que escucha” y está en condiciones de obedecer. No obstante, Simón demuestra gran competencia en su oficio de pescador, aunque en los evangelios vemos que recibe lecciones del carpintero de Nazaret, que de la pesca en el lago no se tiene noticias que sea un experto. Sin embargo Simón acepta por dos veces las indicaciones del CARPINTERO y se produce el milagro. Simón empieza a cambiar con más celeridad de lo que él mismo se reconoce. Las palabras de JESÚS se entenderán más tarde: “venid CONMIGO y os haré pescadores de hombres” (Cf. Mt 4,19; Mc 1,17). La casa de Pedro aparece, especialmente, en el evangelio de san Marcos como alternativa a la sinagoga, que más pronto que tarde será historia al no aceptar a JESÚS como el MESÍAS PROMETIDO. Al caer la tarde, en casa de Simón, al atardecer, llegan todos los que han oído hablar de JESÚS y necesitan ser curados de sus enfermedades (Cf. Mc 1,32). JESÚS enseña como si de una sede catedralicia se tratase, sentado desde la barca de Simón a las gentes que lo escuchan desde la orilla (Cf. Lc 5,3). La transformación de Simón a Pedro -Roca- es el modelo o tipo de la que tendrán todos los discípulos con sus rasgos propios. Las horas que siguen al prendimiento de JESÚS ponen a prueba a Pedro, que indebidamente se le compara con Judas. Pedro ama a su MAESTRO con toda la sinceridad que le es posible, pero es vencido por las circunstancias. Las negaciones de Pedro obedecen a un exceso de confianza en sus propias fuerzas, pero en momento alguno Pedro tiene intención de traicionar a su MAESTRO. A su tiempo, Pedro revalidará su posición ante JESÚS con su triple confesión de adhesión y Amor: “Simón, ¿me quieres? TÚ lo sabes todo, TÚ sabes que te quiero. Apacienta mis ovejas” (Cf. Jn 21,17).
Pablo de Tarso
Los Hechos de los Apóstoles dan cuenta de Saulo de Tarso en el martirio de san Esteban, uno de los siete diáconos de la Iglesia de Jerusalén. Saulo guardaba la ropa, mientras Esteban era apedreado (Cf. Hch 7,58). Poco tiempo después, Saulo obtiene autorización para traer de Damasco tantos cristianos como encuentre, pues los considera una grave amenaza para el Judaísmo (Cf. Hch 9,1ss). Por el camino a Damasco fue alcanzado y derribado por tierra envuelto en la Luz de JESÚS Resucitado (Cf. Hch 9,3-5). La secuencia de episodios después de la conversión hasta la aparición en la comunidad de Antioquía para el primer viaje apostólico no está bien fijada. Es muy probable que Saulo, después de una breve reaparición en Jerusalén se retirase un tiempo prolongado con los nabateos con objeto de asentar la experiencia espiritual vivida. No estaban lejos los nabateos que habitaban alrededor de la ciudad de Petra, en la actual Jordania. Pudieron transcurrir unos tres años hasta que Saulo volvió a su ciudad natal de Tarso. Acompañado por Bernabé, Saulo va a Antioquía de Siria (Cf. Hch 12,25), y desde allí saldrá para los primeros viajes apostólicos relatados en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Las grandes verdades de nuestra Fe fueron tratadas por san Pablo en sus diferentes cartas. San Pablo en sus escritos resalta la centralidad de la Fe en JESUCRISTO, pues sólo en ÉL somos justificados y reconocidos por el PADRE como hijos suyos. La Cruz -muerte- y Resurrección de JESÚS está en el centro de la predicación. Para san Pablo el cristiano se caracteriza por un estilo de vida alejado de la perversidad pagana y acorde, por otro lado, con la santidad de una vida en CRISTO. En todo tiempo y lugar, el cristiano debe elevar oraciones y súplicas al PADRE con acción de gracias por las propias necesidades y de los hermanos. En la Iglesia del SEÑOR tiene que manifestarse la Caridad o el Amor, que es el vínculo de la unidad, y de esta forma se manifestarán los dones y carismas para el crecimiento mutuo y de la Iglesia. La doctrina de san Pablo está tocada por la urgencia de la Segunda Venida del SEÑOR, que en algunos momentos él consideraba que se manifestaría de forma inminente. La intensidad espiritual de las vivencias religiosas de aquellos primeros cristianos hace comprensible que llegaran a pensar en la inmediatez de la vuelta del SEÑOR. Esta tensión espiritual es propia de la verdadera Esperanza cristiana, que experimenta la cercanía del SEÑOR y al mismo tiempo espera su total manifestación muy pronto. Los cielos se han abierto para todos los creyentes, porque JESÚS ha resucitado. Esta vida es corta o muy corta; y al otro lado se abre una existencia eterna gracias a la Resurrección de JESÚS. ¿En algún momento de la historia del Cristianismo habría que arrinconar esta predicación?.
En tiempo de Herodes Agripa
La primera lectura de hoy sitúa el episodio a relatar en tiempos de Herodes Agripa primero, que era nieto de Herodes el Grande. Herodes Antipas fue quien decapitó a Juan Bautista, en la cárcel de Maqueronte, probablemente, con motivo de su fiesta de cumpleaños. El desencadenante pudo ser el baile de Salomé y la intriga de Herodías con la que estaba unido ilícitamente en matrimonio según la Ley de Moisés. Las prácticas paganas de Herodes Agripa molestaban en gran medida a las autoridades religiosas judías, con las que este rey tenía que calmar de vez en cuando para mantener una cierta estabilidad en su reinado, pues de lo contrario podía ganarse la reprobación de Roma. Por otra parte, Herodes Agripa primero había sido educado en Roma y tenía una gran amistad con el emperador Claudio, y gracias a ello la extensión de sus dominios era equiparable a los de su abuelo; pero, con todo, tenía que mantener el equilibrio entre las fuerzas vivas de Israel, y los judíos pertenecientes al Templo, pues ejercían una influencia que debía tener en cuenta. Aunque Herodes Agripa vivía habitualmente en Cesarea Marítima, como el gobernador romano, sin embargo también frecuentaba Jerusalén y en este punto se desarrollan los sucesos de estos versículos.
Dos Apóstoles
“Por aquel tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la Iglesia para maltratarlos. Hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan, y al ver que esto les gustaba a los judíos hizo también prender a Pedro” (Cf. Hch 12,1-3). Herodes trataba de secularizar la vida de los judíos introduciendo los juegos romanos, o las luchas de gladiadores; como en otro tiempo Antíoco IV quería implantar la práctica de los gimnasios. Pero ahora se va a congraciar con las autoridades religiosas poniendo en la diana a los responsables de la Iglesia en Jerusalén. Santiago el de Zebedeo será el primero de los apóstoles en ser martirizado, cosa que sucedió hacia el año cuarenta y cuatro. Aproximadamente pasarían catorce años entre la muerte y Resurrección de JESÚS y su muerte martirial, y en este intervalo de tiempo fue del todo factible que hubiese estado en España misionando con sus colaboradores. Normalmente, la Escritura es muy parca al ofrecer datos, y desconocemos cuáles podrían haber sido los motivos por los que Santiago Apóstol decisión la vuelta a Jerusalén desde España. La aparición de la tumba y restos de Santiago Apóstol en Iría Flavia, en el Campo de las Estrellas o Compostela, pertenece a esos enigmas de la historia conjugados con fenómenos carismáticos, que exceden las consideraciones humanas y entran dentro del campo de los milagros. Pero hoy fijamos la mirada en Pedro, que va a sufrir las consecuencias de la aprobación de los judíos al comportamiento de Herodes Agripa matando a Santiago. Nos dice el texto, que todo aquello calmaba los ánimos y complacía a los judíos, que veían crecer y fortalecerse la Iglesia cristiana de Jerusalén. Probablemente Santiago Apóstol muy bregado en las tareas evangelizadoras por España, mostrase un ímpetu o fuego particular, que encendía los ánimos contra él, pues era uno de los hijos del trueno (Cf. Mc 3,17). En aquellos tiempos, Roma todavía era bastante tolerante con los dioses y prácticas religiosas particulares de los territorios que iba conquistando. El orden político y social tenía una base teocrática y era necesario tenerlo en cuenta. Herodes Agripa no podía gobernar sin considerar lo anterior, y quería tener a los judíos de su parte. Pedro es el segundo de la lista en ser neutralizado, pero en este caso Herodes Agripa inicia el acoso por el encarcelamiento, pero nada garantizaba que no terminase como su amigo el Apóstol Santiago hijo de Zebedeo y hermano de Juan.
La historia se repite
“Eran los días de los ázimos. Apresó a Pedro y lo confío a cuatro escuadras de cuatro soldados, para que los custodiasen con la intención de presentarlo al Pueblo después de la Pascua” (v.4). Las medidas eran de máxima seguridad a juzgar por el número de soldados dispuestos para la custodia. ¿Temería Herodes que los cristianos dispusieran de una fuerza de reacción suficiente como para liberar a Pedro?. Este libro de los Hechos de los Apóstoles da a entender que la Iglesia en Jerusalén era pobre, los cristianos trataban de compatibilizar las oraciones en el Templo con las reuniones por las casas. Los cristianos no parece que busque el enfrentamiento con los judíos. Santiago el pariente de JESÚS era el máximo responsable de esta Iglesia, pero a su lado están Pedro y Juan reconocidos en algún momento por san Pablo (Cf. Gal 2,9). Sin embargo cuando de fijar una doctrina se trata, entonces Pedro hace valer la encomienda del MAESTRO: “confirma a tus hermanos en la Fe” (Cf. Lc 22,32). Herodes Agripa no erraba el tiro y tenía perfectamente identificados a los responsables de los cristianos y columnas de la Iglesia.
La Iglesia oraba
“Pedro estaba custodiado en la cárcel mientras la Iglesia oraba insistentemente por él a DIOS” (v.5). Para comprobar el poder de la oración obviamente hay que disponerse a la actividad de la oración. La prisión de Pedro es un icono de los distintos tipos de prisiones, mazmorras y cárceles, en las que cualquier hombre puede verse recluido. La cárcel que en este caso padece Pedro no es una metáfora, sino un hecho por el que es privado de libertad de movimientos y a merced de lo que vayan a hacer con él los carceleros. La violencia del poder político en este caso excede con mucho las posibilidades de réplica por parte de unos ciudadanos carentes de recursos, añadiendo a lo anterior el carácter pacífico de los mismos como enseña de su estilo de vida. Es una situación límite e imposible de resolver, con lo que sólo queda el recurso a la intervención directa de DIOS. ÉL dispone de recursos desconocidos para nosotros y “sus planes están por encima de nuestros planes…” (Cf. Is 55,8-9). En un caso como este la oración tiene que ser comunitaria y persistente. La tenacidad en la oración purifica la intención de la misma, predispone el ánimo a favor de la causa.
Finalizando los ázimos
“Cuando ya Herodes iba a presentar a Pedro ante el Pueblo, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con dos cadenas. También había ante la cárcel unos centinelas custodiándola. De pronto se presentó el Ángel del SEÑOR y la cárcel se llenó de Luz; y el Ángel le dio a Pedro en el costado y lo despertó…” (v.6-7). Guardianes por todos los lados para ahogar cualquier intento de fuga por parte del reo. Para colmo, Pedro permanece atado a dos soldados con cadenas. La intervención de DIOS cambia el signo de los acontecimientos. El “Ángel de SEÑOR” es el encargado de ejecutar el cambio: la celda queda del todo iluminada y Pedro es despertado, comprobando que las cadenas no lo sujetan.
Signos de liberación
“El Ángel le dijo: levántate a prisa, y cayeron las cadenas de sus manos. Le dijo el Ángel: cíñete y cálzate las sandalias, ponte el manto y sígueme” (v.7-8). Las indicaciones dadas por el Ángel del SEÑOR a Pedro forman los distintos pasos espirituales que un cristiano tiene pendientes desde el momento de su conversión o iluminación. Las cadenas que mantienen prisioneros a muchos presentan la gran variedad de los diferentes vicios y pecados. Para la conversión tiene que producirse que la Luz o la Verdad de DIOS llegue a la conciencia. Las ataduras de los hábitos malsanos precisan con frecuencia una acción poderosa, de la que el hombre por sí mismo no es capaz. El camino se reanuda y previsiblemente se haga largo, por lo que necesitamos unas buenas sandalias, y disponernos bien equipados con las armas de la Fe porque la batalla es espiritual. Pedro vive todo este episodio con el realismo del que antes notaba el peso de las cadenas y en un momento se ve liberado de ellas.
Fuera de la prisión
“Salió Pedro siguiendo al Ángel, pero no acababa de dar crédito a todo lo que estaba viviendo y se figuraba estar viendo una visión” (v.8-9). JESÚS, la Iglesia y Pedro tienen una especial protección angélica. La escueta cita de san Marcos sobre las tentaciones de JESÚS en el desierto nos dice: “JESÚS es arrebatado por el ESPÍRITU SANTO al desierto, para ser tentado por el diablo, pero los Ángeles lo servían” (Cf. Mc 1,12-13). La adoración incluye el servicio sin reservas, y la carta a los Hebreos indica: “adórenlo todos los Ángeles de DIOS” (Cf. Hb 1,6). JESUCRISTO es la Cabeza de la Iglesia, que incluye Dominaciones, Principados y Potestades (Cf. Col 1,16-18), entre otros coros o jerarquías angélicas. Ante JESÚS se dobla toda rodilla, en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclama que JESUCRISTO es SEÑOR” (Cf. Flp 2,11). Los primeros en el Cielo por orden de llegada, podríamos decir, son los Ángeles que ante la prueba aceptaron el Plan de DIOS tal y como les fue presentado. Desde entonces los Ángeles han colaborado en llevar a término el Plan de la Redención. Ahora en este episodio de la prisión de Pedro los Ángeles intervienen de forma extraordinaria, porque es necesario dejar claro que es DIOS quien marca los tiempos en su intervención. Y los planes sólo ÉL los conoce. Para Santiago el de Zebedeo el tiempo del sacrificio había llegado, pero Pedro aún tiene otras etapas que cubrir. Por otra parte significa este texto la especial protección angélica de Pedro y sus sucesores dentro de la Iglesia. Por el contrario es una señal de los ataques furibundos del Maligno contra el Papa como institución, pues representa la unidad y la comunión dentro del cuerpo eclesial. Una de las tareas principales del Adversario es romper la unidad, pues la realización concreta de la misma es uno de los signos principales “para que el mundo crea” (Cf. Jn 17,21). Los Ángeles ven de continuo el rostro del PADRE celestial (Cf. Mt 18,10) y se benefician de ello los niños, los pequeños y los sencillos; por tanto los Ángeles son creadores especiales de comunión entre los cristianos que permanecen fieles al SEÑOR. Con la presencia activa del Ángel del SEÑOR se iluminan las áreas oscuras de la vida de los hombres y conviene que no sean considerados los Ángeles como una ilusión, sino en estrecha colaboración cuando se trata de trabajar por el Reino de DIOS en este mundo.
Superación de los obstáculos
“Pasaron la primera y segunda guardia y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, y se les abrió por sí misma; salieron y anduvieron hasta el final de una calle y el Ángel lo dejó” (v.10). El Ángel del SEÑOR interviene de forma extraordinaria mientras las fuerzas humanas no sean capaces de ejecutar la obra o la misión encomendada. Lo imposible pertenece a la actuación de DIOS, en este caso ejecutado de forma diligente por el Ángel. Nuestras fuerzas escasas algo pueden hacer y de ello no quedan excluidas. Las medidas carcelarias dispuestas para la retención de Pedro en la cárcel eran extraordinarias; y en esa misma medida se manifestó la actuación providencial del SEÑOR que envió a su Ángel. Las oraciones de la comunidad reunida surtieron efecto en orden al signo y la liberación de Pedro, el primero entre los Apóstoles. “Pedro volvió en sí y se dio cuenta de que el SEÑOR había enviado su Ángel y lo había arrancado de las manos de Herodes y de todo lo que pensaban hacerle los judíos” (v.11). Los elegidos de DIOS son protegidos en todo tiempo por la acción de los Ángeles, si entra dentro de los planes de DIOS. No sabemos quién, cómo y cuándo alguien está destinado a dar gloria a DIOS mediante el martirio, por lo que la intervención angélica descrita tiene un carácter de signo eminentemente. Como en otras épocas la persecución a los cristianos es un hecho doloroso, que es ignorado por las fuerzas sociales de la mayoría de los países. El mártir es un testigo de excepción que rubrica con su muerte en CRISTO su señorío: el mártir muere por CRISTO porque ÉL es su SALVADOR. Esta Fe martirial es una de las señales más elocuentes de la verdad del Cristianismo y se ha dado en todos los tramos de la historia. Sabemos que también san Pedro un día será llevado al martirio y muerte en cruz, en el momento que la Providencia disponga que su misión está cumplida. Se calcula que Pedro muere hacia el año sesenta y cuatro durante las persecuciones de Nerón, disponiendo que desea morir cabeza abajo si es crucificado, pues no es digno de morir como su SEÑOR.
Cesarea de Filipo
En esta solemnidad, el Evangelio pertenece al relato que san Mateo hace de la llamada “confesión de Cesarea de Filipo”, una localidad un tanto retirada que daba la oportunidad de un cierto retiro espiritual, y de esa forma algunas enseñanzas quedasen mejor grabadas en el corazón. No obstante conviene no perder de vista el inicio del capítulo dieciséis y la intervención de los de los fariseos y saduceos, que piden a JESÚS una señal del Cielo” (Cf. Mt 16,1). Antes que la lectura de este capítulo como la designación de Pedro como el primer Papa, es necesario fijarnos en la importancia que tiene delimitar correctamente la identidad de JESÚS. La pregunta sobre “¿quién es JESÚS? Es la cuestión abierta más importante para cualquier área de nuestra Fe. Según la respuesta que demos sobre la identidad de JESÚS así será la comprensión del hombre y de la Iglesia, la vivencia de la liturgia y la comprensión de la Escritura, la percepción de la moral y el compromiso social, la vertiente sacramental y las realidades últimas relacionadas con la Vida Eterna. Este capítulo dieciséis de san Mateo se inicia con una exigencia retorcida por parte de los fariseos y saduceos, que intentan retar a JESÚS y justificar, por otro lado, su formalidad religiosa exenta de cualquier aprecio por la Verdad. El perfil de MESÍAS que está mostrando JESÚS no les gusta. A JESÚS lo están siguiendo multitudes, evocando los tiempos pasados en que el Pueblo seguía a Moisés. Las muchedumbres reciben un alimento espiritual que renueva y cambia sus corazones, y al mismo tiempo reciben liberación y curación de sus enfermedades. JESÚS manifiesta un poder y autoridad que no son de este mundo, haciendo que el Cielo sea tangible en este tiempo, pero los fariseos y saduceos no quieren verlo, y se enrocan en el desprecio, descrédito y alteración de la realidad. Pero con toda su doblez interior piden a JESÚS una señal del Cielo, como si curar instantáneamente a un poseso no fuese una intervención del Cielo, o devolver la vista a un ciego de nacimiento no fuese una señal del Cielo. Alguno de los fariseos si creyó a tiempo, como el caso de Nicodemo que reconoció: “nadie puede hacer los signos que TÚ realizas, si DIOS no está con ÉL” (Cf. Jn 3,2). Las señales mesiánicas están a la vista para todos aquellos de buena voluntad que las quieran reconocer; por tanto, JESÚS ya no les dedica más tiempo a los que en realidad pretenden justificar su incredulidad.
Lugar de retiro
“Llegados a Cesarea de Filipo, formuló JESÚS esta pregunta a sus discípulos: ¿quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” (v.13). JESÚS pregunta sobre SÍ mismo, porque es el único SALVADOR dado a los hombres por el PADRE. San Marcos lo refleja así: “¿quién dice la gente que SOY YO? (Cf. Mc 8,27). En los evangelios JESÚS se atribuye la denominación de Hijo del hombre, haciendo memoria del Hijo de hombre revelado en el libro de Daniel (Cf. Dn 7,13). Este Hijo de hombre descrito por el profeta Daniel tiene características propias de las realidades últimas que DIOS tiene reservadas para toda la humanidad. Por tanto, JESÚS pudo formular la pregunta incluyendo en ella la respuesta, pero es el PADRE quien ha de iluminar los corazones para desentrañar la Verdad que se encierra en la pregunta.
Opiniones sobre JESÚS
“Ellos dijeron: unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas” (v.14). El crédito de Juan Bautista era notable, hasta el punto que aún después de su muerte su memoria seguía muy viva. Juan Bautista había sido un hombre de DIOS con una vida ascética muy rigurosa, siguiendo el compromiso de nazir durante toda su vida. El propio Herodes Antipas que le dio muerte, parece que por las intrigas de Herodías, piensa, de forma estrafalaria, que JESÚS es el propio Juan a quien él mandó decapitar (Cf. Lc 9,7-9) Elías al haber sido arrebatado al Cielo en un torbellino de fuego (Cf. 2Re 2,11), se consideraba por algunos que podía volver. El retorno de Elías es tratado también en el libro del Apocalipsis (Cf. Ap 11,5). Para otros la profecía de Jeremías la veían cumpliéndose en aquellos momentos. En el libro del Deuteronomio está la promesa del SEÑOR de hacer surgir para guiar al Pueblo un profeta semejante a Moisés, aunque el propio libro sagrado reconoce el endurecimiento de corazón para reconocer al profeta (Cf. Dt 18,15-22). Los más leídos en la Escritura mantenían la mirada puesta en el Profeta prometido que habría de aparecer. Entre las respuestas expuestas, la más desatinada es la de Herodes y los herodianos, que suponen una reaparición del Bautista desafiando todas las leyes de la naturaleza. Las otras respuestas dejan a JESÚS en el nivel de un profeta, que lo mismo que Elías o Eliseo realizaba milagros. Si atendemos a su doctrina, el espejo donde mirar estaría en Jeremías y Moisés, aunque para una mayoría la autoridad de Moisés era considerada insuperable. Unos le dicen a JESÚS: “nosotros sabemos que a Moisés le habló DIOS” (Cf. Jn 9,29). Pero JESÚS dirá: “YO digo lo que oigo decir al PADRE…” (Cf. Jn 5,19ss).
Percepción de los discípulos
“JESÚS les pregunta, y vosotros, ¿quién decís que SOY YO?” (v.15). Podemos calcular que habría pasado más de un año en compañía de JESÚS y estaban en condiciones de ofrecer una apreciación más ajustada a la realidad. Algunos estudiosos señalan que el grupo seguidor de JESÚS superaba a los Doce, aunque éste fuese el núcleo principal. San Marcos nos dice que los Doce fueron elegidos para “estar con JESÚS y después ser enviados con poder de expulsar demonios” (Cf. Mc 3,13-15). El discípulo de JESÚS no sólo recibe una enseñanza especial, sino que va a reconocer una transformación personal. “Estar con JESÚS” es la clave para conocer las cosas de DIOS y ser transformado según el modelo previsto por DIOS mismo. Para comprobar el índice de transformación interior con una pregunta es suficiente, y JESÚS la fórmula: y vosotros, ¿quién decís que SOY YO?.
La respuesta la da Pedro
“TÚ eres el CRISTO, el HIJO de DIOS vivo” (v.15). En primer término Pedro y sus sucesores tienen que dar la respuesta sobre JESÚS de Nazaret. Cada siglo o época habrá de escuchar en lenguaje claro e inteligible, que JESÚS es el CRISTO, y no hay otro. DIOS tiene desde siempre -toda la eternidad- un HIJO, o Segunda Persona de la TRINIDAD, y no hay otros iguales a JESÚS de Nazaret. Y esto tiene que seguir diciéndolo Pedro en cada tiempo de la Iglesia. Ahora el doscientos sesenta y siete sucesor de Pedro, León XIV, tendrá que enfatizar esta verdad, aún a costa de perder popularidad. Pedro tiene que hablar siempre manteniendo esta verdad fundamental, de lo contrario su mensaje estará vacío de contenido. Pedro está al frente de la Iglesia de JESUCRISTO, y es su principal portavoz.
La acción de la Gracia
“JESÚS le dijo: bienaventurado eres tú, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi PADRE que está en el Cielo” (v.17). Pedro es bienaventurado porque acierta en la proclamación de la identidad de JESÚS, promovido por una revelación interior del PADRE, que pudo actuar en “lo secreto” del corazón del discípulo (Cf. Mt 6,6). Aparece en este caso una forma idónea de dar cumplimiento a la bienaventuranza: “bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a DIOS” (Cf. Mt 5,8). La Fe de Pedro fue elevada a un grado de seguridad y certeza con respecto a JESÚS, que excedía las capacidades humanas. Sólo una Gracia especial otorga esa revelación. San Pablo lo dirá de otra manera: “si profesas con tus labios que JESÚS es SEÑOR, y crees con tu corazón que DIOS lo resucitó de entre los muertos, serás salvo” (Cf. Rm 10,9).
JESÚS es la ROCA
“YO digo: tú eres Pedro -Roca-, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las fuerzas del infierno no podrán contra ella” (v.18) JESÚS avisa que la Iglesia que ÉL está fundando permanecerá en este mundo en permanente contienda contra las fuerzas del Malo. Lo mismo que Israel está en lucha permanente contra Amalec (Cf. Ex 17, 16). Así también el libro del Apocalipsis con distintas imágenes formula la batalla contra el Malo hasta el final de los tiempos, pues el enemigo de los hombres está en este mundo para hacerles la guerra (Cf. Ap 12,17). Pero la promesa de JESÚS es rotunda: las fuerzas infernales no podrán contra la Iglesia, que está asentada sobre la ROCA que es el mismo CRISTO. Algunos desnortados dicen que el fundador de la Iglesia fue san Pablo. Este desatino está desmentido por la Escritura y dos mil años de historia. Si san Pablo fuese el que fundó la Iglesia, ésta tendría un origen humano y fácilmente podría ser barrida del escenario social, pero la cosa no es así. Podrá fracasar una comunidad local cuando se mundaniza, pero la Iglesia está fundamentada en JESUCRISTO muerto y Resucitado.
El poder de las llaves
“A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos, y lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo” (v.19). El poder de las llaves será compartido (Cf. Mt 18,18), pero la capacidad dada a Pedro tiene características especiales manifestada a lo largo de los siglos. No faltaron problemas desde los primeros tiempos de la Iglesia, por lo que también surgió la necesidad de unificar soluciones y respuestas. La relevancia de Pedro a lo largo del Nuevo Testamento no deja dudas razonables a su papel singular y refuerza lo recogido en este texto. Además de confirmar en la Fe a los hermanos (Cf. Lc 22,32), Pedro es un signo de unidad dentro de la Iglesia necesario para que “el mundo crea” (Cf. Jn 17,21). Las victorias parciales del Maligno, que lucha sin cesar contra la Iglesia, adquieren especial importancia cuando fragmentan o rompen la unidad de la Iglesia de JESUCRISTO.
San Pablo, segunda carta a Timoteo 4,6-8.17-18
Esta carta recoge palabras perfectamente atribuibles directamente al apóstol san Pablo, que él dirige a su hijo espiritual Timoteo. Como si viese el mundo que nos toca vivir san Pablo advierte a Timoteo: “vendrá un tiempo en el que los hombres no soportarán la sana doctrina, sino que arrastrados por sus propias pasiones se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades. Apartarán sus oídos de la Verdad y se volverán a las fábulas” (v.3-4). Cualquier evangelizador, obispo, sacerdote o catequista, que tenga la Fe fundamentada en la sana doctrina puede decir también que “esta Escritura se cumple hoy”.
Nos medimos a la hora de morir
“Estoy a punto de ser derramado en libación, y el momento de mi partida es inminente” (v.6). San Pablo vio de frente a la muerte en distintos momentos y él nos lo cuenta en la segunda carta a los de Corinto: cinco veces el castigo judío de cuarenta golpes menos uno, y habría que decir, si el que los daba lo contaba bien y no se pasaba; además de varios naufragios, y peligros de bandoleros. Pablo es lapidado en Listra (Cf. Hch 14,19; 2Cor 11,25). Pero estas palabras dirigidas a Timoteo reflejan la clara conciencia de los momentos finales, por lo que espera que sus palabras sean tomadas muy en cuenta por Timoteo.
El esfuerzo dio su fruto
“He competido en la noble competición, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la Fe” (v.7). Otras traducciones dicen: “he combatido bien mi combate…” En algún momento habrá habido competición y en otras luchas sin cuartel contra las fuerzas del Maligno, pues la verdadera lucha no es contra los poderes de este mundo, sino contra las fuerzas tenebrosas del Maligno (Cf. Ef 6,12-13) Al mismo tiempo que la lucha arrecia es preciso continuar la marcha, porque el esfuerzo es válido cuando se está tras los pasos de CRISTO. San Pablo dice que ha corrido hacia la meta y en esa carrera mantuvo la Fe, que no es otra cosa que la unión con CRISTO.
San Pablo se ve redimido
“Desde ahora me aguarda la corona de la Justicia, que aquel día me entregará el Justo Juez; y no solamente a mí, sino a todos los que hayan esperado con Amor su manifestación” (v.8). La Segunda Venida del SEÑOR se ajusta en este caso al encuentro personal con el SEÑOR una vez dejado este mundo. Todas las esperas y anhelos por el encuentro definitivo con el SEÑOR encuentran aquí su cumplimiento y el Justo JUEZ premiará a los que como él han vivido con la Esperanza puesta en ese desenlace último. DIOS cumple sus promesas y ninguna Esperanza puesta en ÉL corre el riesgo de defraudar. La Justicia que espera el Apóstol no está en sus propias obras, sino en la Fe y la Esperanza que él ha puesto en el cumplimiento de las promesas hechas por el SEÑOR a todos sus hijos.

