Es momento de descubrir nuestros talentos

Mons. Cristobal Ascencio García
Mons. Cristobal Ascencio García

Hoy es el penúltimo domingo del tiempo ordinario; se nos vuelve a proponer otra parábola, la “de los talentos”, que hace alusión a las realidades últimas, a ese día del “juicio” o Parusía; ese día donde Jesús nos llamará a cuentas. Al igual que la parábola que escuchamos el domingo pasado, se nos invita a estar preparados, vigilantes. La vigilancia aquí, recibe una especificación: velar o vigilar es cooperar responsablemente con el don recibido, don diferente en cada uno, en consonancia con la capacidad de cada cual. No se puede esperar esta segunda venida de Cristo cruzados de brazos, la espera tiene que ser una espera activa, generosa y solidaria con el hermano. Esta parábola, cierra el ciclo de los últimos domingos del tiempo ordinario y nos fija la mirada en el compromiso con la tierra. Son domingos de sabor escatológico, pero bien lo sabemos, la escatología no nos saca de la historia.

La parábola está dividida en tres momentos:

  1. El señor encomienda sus talentos a sus siervos. Es claro que el señor hace alusión a Jesús, que antes de la Ascensión, confía a sus discípulos el Evangelio. Se habla de talentos o en la traducción actual de la biblia, se habla de millones; a uno le dio cinco millones, a otro le dio dos y a un tercero le dio uno. El señor conocía a sus siervos y les dio según sus capacidades. Les dio aquella fortuna para que negociaran, para que la multiplicaran.
  2. Los siervos negocian los talentos que les han confiado. Inmediatamente dos siervos se van a negociar con la suma que les han confiado y ganan el doble. Pero el último está lleno de miedos y entierra el dinero.
  3. El señor regresa y pide cuentas a sus siervos. Después de mucho tiempo regresa el señor y pide cuentas a sus siervos. Los dos primeros reciben elogios de su señor y como recompensa se les asignan mayores responsabilidades y después son introducidos a tomar parte de la alegría de su señor.

En cuanto al tercer siervo, debemos hacer varias consideraciones:

1ª- Debemos recalcar que el texto le dedica varios versículos, del 24 al 30.

2ª- El siervo con cierta insolencia describe las razones por las cuales escondió aquel talento o millón. Todas las razones son en desprestigio del amo: “Eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado”. El temor a una reacción más injusta, lo llevó a enterrar el talento, y ante el reclamo, aquel siervo contesta: “Aquí está lo tuyo”.

3ª- El amo reacciona de acuerdo con las palabras del siervo y lo tacha de “malo y perezoso”. Aquel siervo no quiso explotar sus capacidades, aunque fueran mínimas.

4ª- Así como hay un doble premio para los primeros, para este siervo hay un doble castigo:

Por una parte: “Es despojado de aquel millón que se le ha confiado, y por otra: “Será arrojado por inútil a las tinieblas y allí será el llanto y la desesperación”.

Hermanos, el mensaje de Jesús es claro, nos está diciendo “no” a una vida estéril y “sí” a la respuesta activa a Dios. No nos obsesionemos por nuestras seguridades personales, debemos lanzarnos al esfuerzo arriesgado por la transformación del mundo. Debemos decir “no” a esa fe encerrada en el conformismo y decir “sí” al seguimiento comprometido a Jesús. Es muy tentador vivir evitando problemas y buscando la tranquilidad, sin comprometernos en nada que nos pueda afectar la vida, defendiendo el confort, el pequeño bienestar. Pero eso es vivir una vida mezquina, estéril y sin horizonte.

Esto nos puede suceder en la vida cristiana, nuestro mayor riesgo es quedarnos en lo establecido, congelando nuestra fe y apagando la frescura del Evangelio. Es momento de ver lo que estamos haciendo a favor de la sociedad. Sería muy triste presentarnos ante Dios como el tercer siervo diciendo: “Aquí tienes lo tuyo”, “aquí tienes tu Evangelio, aquí tienes tu amor, lo hemos conservado, no hemos querido que se corrompa, te lo regresamos intacto, es tuyo”.

Hermanos, es momento de analizar nuestra vida; descubrir nuestros talentos, aquello que Dios nos ha dado. Lo que nos dio, es para ponerlo a trabajar; sepamos que un día nos pedirán cuentas de lo que se nos ha dado. Qué triste sería que llegásemos a escuchar las palabras: “Siervo malo y perezoso”. Les digo hermanos: ¡No tengamos miedo! Unas de las palabras más repetidas de Jesús en su ministerio eran: “No tengan miedo”, “no teman”. El miedo es incompatible con Jesús, es enemigo de la fe. Si somos personas miedosas impedimos que fructifiquen nuestros talentos; el miedo es el peor consejero porque indica que Jesús no está dentro de nosotros. Pregúntate por tus miedos, por tus parálisis y reflexiona si se deben a que Jesús no ocupa en tu vida el lugar que Él merece.

Papás, mamás, nos encontramos ante nuevas generaciones sin horizontes de vida; generaciones que se contentan con el menor esfuerzo; generaciones que esperan todo de sus padres. Recuerden, que Dios concede los talentos a cada uno y de manera individual nos pedirá cuentas, nos evaluará de nuestra responsabilidad. Pensemos: Si Jesús me pidiera cuenta hoy ¿qué cuentas le daría? ¿Conozco los talentos que se me han dado? ¿Cómo los he desarrollado? ¿Cómo se están multiplicando? Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. ¡Feliz domingo para todos!

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Obispo de la Diócesis de Apatzingan