No fue culpa de la Iglesia: Canadá, Australia y E.U. fueron gobernados por la masonería anglosajona y los protestantes…no por los reyes católicos

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Necesitamos conocer la historia para no caer en esa propaganda mediática que muchas veces parte de la tergiversación voluntaria de los hechos del pasado.

En la novela «Gran Hermano» de George Orwell hay un saludo que vale la pena repetir:

«Al futuro o al pasado, en una época en que el pensamiento es libre, en que los hombres son diferentes entre sí y no viven solos… en una época en que la verdad existe y lo que se hace no se puede deshacer por la era del allanamiento, la era de la soledad, la era del Gran Hermano, la era del Bispensiero… ¡muchos saludos!”.

Es una frase que llama la atención por su relevancia a pesar de que la novela se escribió en 1948.

El protagonista de la novela, Winston, trabaja en el Ministerio de la Verdad, que falsifica constantemente la historia para que sea coherente con el régimen omnipresente del Gran HermanoLa posesión de la historia se ve en la novela como una actividad esencial para dominar el futuro, manteniendo el poder que es el único objetivo de los regímenes totalitarios que no tienen como fin el bien común, sino el conocimiento exacto de la realidad.

No es nesario ser un especialista en historia canadiense para tomar algunas notas y notar la similitud con las preocupaciones expresadas en la novela. La política de destrucción étnica y asimilación cultural de las poblaciones locales fue típica del colonialismo británico que la implementó en varios lugares como Australia, Estados Unidos y Canadá

Estos países no fueron gobernados por reyes católicos sino por la masonería anglosajona y los protestantes.

La responsabilidad de algunos hombres de Iglesia, por tanto, sólo puede ser la de haber colaborado, de algún modo, con aquellas políticas que fueron concebidas y dirigidas, sin embargo, por enemigos de la Iglesia. La gran capacidad de estas fuerzas siempre ha sido la de atribuir a otros la culpa de sus crímenes.

Refiriéndonos a Canadá debemos señalar que la evangelización comenzó en el siglo XVII por los católicos franceses. Franciscanos, jesuitas, sulpicianos, ursulinas, los Hospitalarios de San José, los Agustinos de la Misericordia de Jesús fundaron escuelas, hospitales y seminarios durante el gobierno francés de Québec. Con la derrota de las fuerzas francesas, se permitió que la Iglesia Católica permaneciera en Canadá, mientras que en Inglaterra se prohibió hasta el acto de emancipación de 1828.

La evangelización en Canadá se refería principalmente a la población de los hurones que luego fueron exterminados por los iroqueses.

En primer lugar en este contexto hay que recordar el sacrificio de los mártires canadienses, beatificados en 1925 por el Papa Benedicto XV, que fueron asesinados en el contexto de la guerra entre las dos poblaciones.

Los iroqueses llegaron a comerse los corazones de los mártires porque quedaron impresionados por su capacidad para soportar la tortura y querían adquirir su fortaleza con esta práctica supersticiosaLas sociedades indias también eran crueles y primitivas. Practicaron la esclavitud y la evangelización representó un gran progreso social también.

Se puede encontrar una historia confiable de la política canadiense en Dorchester Review . El primer dato significativo es que solo un tercio de los niños de las comunidades indígenas asistían a las escuelas residenciales que hoy están en el centro de la reconstrucción histórica parcial, según informó el mismo Papa Francisco.

A menudo, los niños eran enviados allí a pedido de sus padres porque se los consideraba mejores que los establecidos por el gobierno canadiense en las reservas.

La Iglesia ayudó a los indios favoreciendo estas escuelas que, por el hecho de ser solicitadas por familiares, no podían ser campos de concentración, según se desprende de los datos reportados por la revista y por el propio gobierno canadiense. No queda duda de que la política de asimilación impulsada durante varias décadas por el gobierno canadiense tuvo muchos aspectos negativos e inhumanos, que llevaron a la represión de la lengua y la cultura de las comunidades.

El intento de atribuir a los hombres de la Iglesia católica políticas decididas por otros no corresponde, por tanto, a los datos que surgen de las investigaciones históricas más fidedignas. Esta narración recuerda al Ministerio de la Verdad de la novela de Orwell.

por Vincenzo Silvestrelli

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