El adviento es conversión

¿Te has dado cuenta de que cuando llega algo importante, una noticia, una visita, un peligro, lo peor que puede pasarte es estar distraído? En la vida cotidiana basta un instante de descuido para perder una oportunidad o para provocar una desgracia. Y así como sucede en las cosas de todos los días, también ocurre en la vida espiritual. Cuando te distraes del sentido de tu vida, corres el riesgo de que lo esencial te pase de largo.

Hay un dicho muy simple, “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”. Pues en lo espiritual podemos decir, cristiano que se duerme, se lo lleva el diablo. Hoy iniciamos el adviento.

Son cuatro semanas en las que la Iglesia nos pide prepararnos para celebrar la Navidad, el nacimiento de Jesús, pero que también nos hace pensar en la venida de Cristo al fin de los tiempos. El adviento debe ser un tiempo que te despierta, que te sacude, que te coloca frente a la pregunta decisiva ¿Cómo está tu corazón para recibir a Cristo?  El Evangelio de hoy no habla del nacimiento de Jesús, sino de su venida definitiva.

Jesús te dice con una claridad impresionante. Estén preparados, porque no saben qué día va a venir el Señor. Y para que entiendas la urgencia, te pongo un ejemplo muy sencillo. En tiempos de Noé, dice, la gente vivía como si nada pasara. No es que hicieran cosas horribles, simplemente estaban tan metidos en lo suyo, comer, beber, casarse, que no escucharon la voz de Dios, vivían dormidos. Jesús no quiere asustarte, quiere despertarte. Quiere que entiendas que su venida ilumina la verdad de tu vida.

Dos personas pueden estar haciendo exactamente lo mismo, trabajando, viviendo su rutina, y sin embargo, una está lista para Dios y la otra no. No es la apariencia, es el corazón. Y aquí surge la pregunta más seria de todas.

Si hoy fuera tu hora, ¿te presentarías ante Dios en paz? No desde el miedo, sino desde la verdad. ¿Estás en paz con Él? ¿Tienes cuentas pendientes con tus hermanos? ¿Llevas dentro resentimientos, excesos, egoísmos, apegos que te roban la libertad? Sin darte cuenta, puedes vivir años sin levantar la mirada al cielo, pegado al inmediato, a lo material, a lo que se acaba. Jesús te advierte hoy, no vivas como si todo fuera aquí, porque no lo es.

Lo que más valoras, éxitos, dinero, gustos, cosas, terminará. Solo quedará tu relación con Dios y el bien que hiciste. Por eso hoy el Señor te pide algo muy claro.

Despierta, no sigas posponiendo lo esencial. Deja atrás esos hábitos que te están apagando por dentro. Deja esas actitudes que destruyen tu paz y hieren a los demás.

Deja esa vida desordenada que te desgasta más de lo que te da. Y toma decisiones serias. Ordena tu vida interior. Reconcílate con quien lo necesite. Deja el pecado que te ata y vuelve a la gracia. Vive con el corazón puesto en el eterno y no en lo que pasa.

El adviento no es sentimentalismo, es conversión. Es despertar del sueño de la superficialidad y ponerte en el camino hacia Dios. Te propongo dos compromisos sencillos para esta semana.

Uno, haz cada día un examen de conciencia de dos minutos. Pregúntate, ¿viví despierto hoy? ¿En qué dije sí a Dios y en qué me dormí? Dos, realiza un gesto concreto de generosidad, especialmente con alguien que no pueda devolverte nada. Eso despierta el corazón y te prepara para recibir al Señor.

Recuerda, Jesús viene. Viene Navidad. Viene en cada Eucaristía y vendrá al final de tu vida. Que no te encuentre dormido. Levanta la mirada, ordena tu corazón, trabaja por tu salvación y abre tu vida a quienes te necesitan. No, y deja que esta frase resuene en tu interior durante toda la semana.

A la hora que menos lo pienses, vendrá el Hijo del Hombre. Que cuando venga, te encuentre despierto con el corazón en la mano y no dormido en lo pasajero. Feliz domingo. Dios te bendiga.

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