Celebrar la Independencia no implica cerrar los ojos, México «sigue sangrando»: Obispos

En el marco de las celebraciones patrias, la Conferencia del Episcopado Mexicano difundió un mensaje titulado Llamados a la libertad, con motivo del 216 aniversario del inicio de la Independencia. El texto, firmado por el obispo Ramón Castro Castro y el obispo auxiliar Héctor M. Pérez Villarreal, busca realizar una reflexión que trasciende la conmemoración histórica para situarse en el presente de un país que, como señalan los obispos, “sigue sangrando” por la violencia, la desigualdad y la impunidad.

El documento ofrece un gesto de gratitud hacia la patria, reconociendo la riqueza humana y cultural de México, pero también sus heridas abiertas. Los obispos destacan que celebrar la Independencia no significa cerrar los ojos ante los problemas actuales, sino recordar de dónde venimos para tener ánimo de seguir construyendo. México no es una abstracción, sino rostros, familias, comunidades, migrantes, jóvenes y ancianos que cargan con la esperanza y la memoria, dice el mensaje.

Se adentra en el alma del pueblo mexicano evocando la figura de la Virgen de Guadalupe, símbolo que acompañó el inicio de la gesta independentista y que, dos siglos después, sigue siendo corazón y alma de la nación. Los obispos recuerdan que la Virgen pidió en el Tepeyac una “casita sagrada” para mostrar su amor y defensa a los más pequeños, y vinculan esa petición con la preparación hacia el V Centenario guadalupano en 2031. La identidad guadalupana se presenta como un elemento de cohesión que une a indígenas, criollos y mestizos en una misma casa.

La libertad ocupa el lugar central en el mensaje. Los prelados recuerdan que los Sentimientos de la Nación exigían la abolición de la esclavitud y la igualdad ante la ley, intuiciones que hoy se traducen en derechos humanos. En particular, subrayan dos libertades que consideran amenazadas: la libertad de expresión que requiere medios plurales y periodistas protegidos y la libertad religiosa, entendida no solo como culto dentro de un templo, sino como el derecho de creer, educar, asociarse y aportar públicamente al bien común.

Recuerda igualmente el centenario del conflicto religioso (1926-2026), evocación que sirve para advertir que cuando la libertad de conciencia se restringe, la nación entera se lastima. La memoria de aquel enfrentamiento fratricida entre mexicanos que compartían la misma fe se convierte en una lección urgente, la libertad religiosa debe ser plenamente reconocida y ejercida como derecho humano fundamental, no solo para los católicos, sino para todas las confesiones presentes en el país.

La Conferencia del Episcopado también reivindica el papel de la Iglesia en la construcción de México. Señala que no es huésped, sino parte del tejido social desde antes de la existencia del Estado. Recuerda que sostuvo la primera educación, los primeros hospitales y asilos y que hoy su presencia se concreta en Cáritas, colegios, universidades, casas del migrante, comedores, dispensarios, albergues para mujeres y niños, centros de defensa de derechos humanos y acompañamiento a víctimas. La Iglesia, dicen, sigue trabajando por la paz y la reconstrucción del tejido social.

En este punto, los obispos subrayan que todo ello nace de la generosidad libre y casi siempre anónima de millones de fieles. Los templos, patrimonio de la nación, se sostienen gracias a esa entrega silenciosa. El mensaje recuerda que la libertad y la paz también se construyen con el trabajo callado de los creyentes, quienes aportan a la cohesión social sin esperar reconocimiento.

El apartado final se dirige directamente a quienes gobiernan y a los ciudadanos. A las autoridades, los obispos les piden que la libertad no sea concesión sino garantía, que la seguridad y la justicia dejen de ser promesas y que se escuche a las víctimas. En vísperas de un nuevo proceso electoral, reclaman que el debate público esté a la altura del pueblo que lo sostiene. A los ciudadanos, los invitan a amar a México con honradez cotidiana, participación y cumplimiento de deberes, cuidando siempre de los más vulnerables. Desde la Iglesia, ofrecen comunidades abiertas, manos para servir, palabra para denunciar sin odio y capacidad de tender puentes donde otros levantan muros.

El mensaje concluye con un llamado a honrar el legado de quienes dieron patria y transmitieron la fe, bajo el amparo de Santa María de Guadalupe. La exclamación final, “¡Que viva México! ¡Que viva Santa María de Guadalupe!”, sintetiza la unión entre identidad nacional y fe religiosa que los obispos reivindican como fuerza para enfrentar los desafíos actuales.

Este pronunciamiento se inscribe en un contexto social marcado por la violencia y la desigualdad, donde la Iglesia busca recordar que la Independencia no es solo un hecho histórico, sino un compromiso permanente con la libertad y la justicia. La frase que atraviesa el mensaje, celebrar la Independencia no implica cerrar los ojos, México sigue sangrando, se convierte en un llamado a la conciencia colectiva. No basta con ondear banderas y cantar el himno, se requiere mirar de frente las heridas del país y trabajar por su sanación. Es un llamado a la libertad, a la justicia y a la construcción de un México que, bajo el amparo de la Virgen de Guadalupe, pueda levantarse una y otra vez con dignidad y esperanza.

El mensaje completo puede ser leído aquí:

No hay comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *