Ayúdame a no dejarme seducir por falsas seguridades…

Pbro. Hugo Valdemar Romero
Pbro. Hugo Valdemar Romero

En el Evangelio de este domingo se nos narra que Jesús fue a su pueblo natal y se presentó el sábado en la sinagoga donde se puso a explicar las Escrituras. El asombro de sus paisanos por su manera de explicar la palabra de Dios los lleva a hacerse varias preguntas: ¿Qué no es este el carpintero, el hijo de María? ¿Qué sus parientes no viven entre nosotros? ¿De dónde le viene, pues, esa sabiduría y el poder de hacer milagros?

El Evangelio nos dice que Jesús estaba asombrado de la incredulidad de la gente y la incredulidad es el mismo riesgo que puedes correr tú cuando, en vez de creerle a Jesús y ponerte a vivir como él te lo pide en el Evangelio; andas buscando otras opciones porque, Jesús y su palabra, no es suficiente para ti y, entonces, acudes a las supersticiones como los horóscopos, la adivinación, el reiki, la lectura de las cartas, el yoga que la gente cree, ingenuamente, que es inofensivo o peor todavía, las prácticas de brujería que son un pecado mortal o tu incredulidad es más sutil y piensas que tu fe en Jesús es compatible con otras creencias o prácticas naturalistas o paganas que hoy se vuelven a poner de moda, como la búsqueda de ciertas energías y supuestos equilibrios de la naturaleza, cosas absurdas como llamar madre a la Tierra y creer en prácticas ancestrales totalmente irracionales.

Puede suceder que Jesús no sea profeta en su Tierra, es decir, que quienes nos decimos cristianos, no le damos la fe suficiente y andamos buscando otras opciones porque Jesús no nos basta; al Señor le causa asombro que no tengas la convicción suficiente para entender que todo lo puede y que lo único que te pide es que tengas fe, que te pongas en sus manos con toda confianza y que evites ir tras otros ídolos que son falsas seguridades.

“Señor Jesús, tú conoces mi pobre fe, tú sabes que necesito aprender a confiar más en ti. Ayúdame a no dejarme seducir por falsas seguridades, a huir de toda superstición o ideología que me aparten de una fe fuerte y firme en ti. Señor, enséñame a confiar únicamente en ti, a tener muy claro que para ti no hay imposibles y que, teniéndote a ti, no necesito ni me hace falta nada, pues quien a Dios tiene, nada le falta.

Hazme comprender que las respuestas a todas mis dudas están en tu Evangelio, que la luz que necesito está en tu Palabra, que la fuerza que me falta le encuentro en tus sacramentos, que la paz y la serenidad la halló en la oración y la unión silenciosa y amorosa contigo. Señor Jesús, para mí no sólo eres un profeta, sino el Hijo de Dios que ha venido para salvarme, para darme vida y plenitud”.  Feliz domingo. ¡Dios te bendiga!

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