El sacerdote peruano Ricardo Yesquén Paiva ha fallecido a los 59 años sin haber sido sometido nunca a ninguna investigación canónica o civil por las denuncias de que abusó sexualmente de una niña de 10 años en 2006.
En septiembre de 2024, la Diócesis de Chiclayo afirmó que Yesquén padecía una «grave enfermedad degenerativa» que le impedía defenderse en un proceso canónico. La diócesis nunca identificó de qué enfermedad se trataba.
Los denunciantes rebatieron esta explicación, señalando los registros oficiales de la diócesis y fotografías en las que aparecía en actos litúrgicos públicos al menos hasta principios de 2023, lo que contradecía las afirmaciones de que hacía tiempo que había dejado de ejercer su ministerio.
Una imagen de enero de 2023 muestra al entonces obispo Robert Prevost —ahora el papa León XIV— celebrando un cumpleaños junto a Yesquén, casi tres años después de la primera denuncia.
El caso suscitó atención internacional porque la primera denuncia contra Yesquén llegó al obispo Prevost ya en marzo de 2020, cuando este dirigía la diócesis de Chiclayo.
Dos sacerdotes acusados, una casa parroquial
- Yesquén fue uno de los dos sacerdotes acusados por el mismo grupo de mujeres.
- El otro, Eleuterio Vásquez Gonzales, conocido como «Padre Lute», se enfrentó a acusaciones independientes relacionadas con varias niñas. Según las grabaciones de audio, Vásquez reconoció la conducta que se le imputaba.
Vásquez nunca fue sometido a un juicio canónico. En 2025, el papa León XIV accedió a su solicitud de expulsión del estado clerical, poniendo fin al proceso canónico sin que se dictara sentencia, a pesar de las objeciones de las denunciantes.
Las denuncias llegaron al futuro Papa
La presunta víctima afirma que informó por primera vez al obispo Prevost en 2020. Según el derecho canónico, los obispos están obligados a iniciar una investigación preliminar al recibir información creíble sobre posibles abusos.
Los denunciantes sostienen que nunca se abrió ninguna investigación preliminar válida contra Yesquén.
Las fotografías y las publicaciones oficiales de la diócesis lo muestran participando en procesiones, liturgias y reuniones del clero después de que se presentara la denuncia.
La investigación fue una «broma»
La Diócesis de Chiclayo ha negado sistemáticamente cualquier encubrimiento, sosteniendo que el obispo Prevost se reunió con los denunciantes, remitió el caso al Dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano y siguió los procedimientos canónicos.
Los denunciantes rebaten esa versión.
Según ellos, el canonista Giampiero Gambaro, al que posteriormente se le asignó la revisión del caso, calificó la gestión previa del expediente bajo la dirección de Prevost como «una tomadura de pelo», añadiendo que se había llevado a cabo «de forma muy deficiente», contenía «muchos errores» y mostraba «una gran superficialidad».
LIMA, PERÚ.
JUEVES 23 DE JULIO DE 2026.
ESNEWS.

