Un aborto por tres nacimientos: Francia ya no cree en la vida

ACN

Detrás de estas estadísticas, que muestran un recurso cada vez más frecuente a métodos medicinales, se esconde una sociedad donde casi cuatro de cada diez embarazos terminan en aborto.

Las últimas cifras publicadas por la Drees (Dirección de Investigación, Estudios, Evaluación y Estadística) revelan un aumento continuo en el uso de la interrupción voluntaria del embarazo: en 2024 se registraron 251.270 abortos, 7.000 más que en 2023.

Según la Drees, el uso del aborto nunca había sido tan alto en treinta años.

Ante la continua caída de la tasa de natalidad, esta cifra plantea interrogantes: actualmente se practica un aborto por cada tres nacimientos vivos. En otras palabras, casi cuatro de cada diez embarazos terminan en aborto.

Lo que se suponía que debía seguir siendo una medida de último recurso se está convirtiendo cada vez más en una norma social.

Todos los grupos de edad se ven afectados.

  • Las mujeres de 25 a 29 años son las más afectadas, con casi 30 abortos por cada 1.000, una tasa que ilustra la vulnerabilidad de los jóvenes ante las decisiones vitales y las presiones sociales.
  • Las menores, por su parte, recurren al aborto algo menos que hace diez años, pero el aumento sigue siendo visible en todas las categorías de adultos.

Las diferencias regionales son espectaculares: la Guayana Francesa alcanza un máximo del 46,5%, mientras que la región de los Países del Loira no supera el 12,4%. En los departamentos de ultramar, la tasa media duplica la de Francia continental.

La evolución de las prácticas es igualmente reveladora:

  • Cuatro de cada cinco abortos son ahora médicos, a menudo realizados fuera de los hospitales.
  • Casi la mitad de todos los abortos se realizan en consultorios comunitarios o por teleconsulta.
  • Las parteras realizaron más de 50.000 procedimientos en 2024, lo que representa la mitad de todos los abortos realizados en la práctica privada.

Esta transición de los hospitales a la medicina comunitaria refleja una preocupante trivialización: el aborto se está convirtiendo en un procedimiento médico rutinario, reducido a una receta farmacéutica, desvinculado de la gravedad del procedimiento.

Otra cifra preocupante es que más de 21.000 mujeres abortaron después de haber tenido uno el año anterior.

Estas situaciones reiteradas demuestran el fracaso de la prevención y el apoyo. El aborto, lejos de ser excepcional, se está convirtiendo en un medio para regular la fertilidad.

La ampliación del período legal a dieciséis semanas de amenorrea, votada en 2022, solo afectó a entre el 2% y el 3% de los casos hospitalarios, pero contribuyó a legitimar aún más este recurso masivo. Estas cifras pintan el panorama de una Francia desorientada.

En 2024, la Constitución consagró la «libertad garantizada» de recurrir al aborto, mientras que el número de nacimientos alcanzó su nivel más bajo desde la Segunda Guerra Mundial.

El contraste es sorprendente:
en el momento
en que el futuro demográfico del país es sombrío,
la supresión de los no nacidos
se está elevando
a la categoría de derecho fundamental.

Tras las frías estadísticas se esconden rostros y tragedias personales. El testimonio de Sabrina, de 18 años, es impactante. Presionada por su novio para abortar, confesó tras la operación: «Me arrepiento cada día». Marcada por la ansiedad y la culpa, pidió ver a su bebé en la sala de recuperación, antes de darse cuenta de que ya no estaba. Aún hoy, carga con esta herida silenciosa, incapaz de hablar de ello con sus padres religiosos por miedo a herirlos.

Esta conmovedora historia nos recuerda que el aborto nunca es un acto trivial, sino una ruptura íntima que deja una profunda cicatriz en el corazón de las mujeres. Cada aborto no es solo un número, sino una vida arrebatada y otra destrozada por el dolor.

Ante esta situación, la Iglesia Católica recuerda incansablemente la dignidad inviolable de toda vida humana desde el momento de la concepción.

El Catecismo es claro: 

La vida humana debe ser respetada y protegida absolutamente desde el momento de la concepción» (§ 2270). «El aborto directo es gravemente contrario a la ley moral» (§ 2271).

Lo que está en juego
no es solo una cuestión de salud pública,
sino una elección de civilización.

Una sociedad
que elimina masivamente a sus hijos,
incluso antes de que nazcan,
se priva de su futuro.

Detrás de cada figura se esconde una tragedia silenciosa: una vida única interrumpida, una mujer herida internamente, una nación debilitada.

Lejos de ser un progreso, esta trivialización es una profunda regresión. Como nos recordó san Juan Pablo II en Evangelium Vitae , «la verdadera libertad consiste en acoger la vida». 

Francia en 2024 parece haber olvidado esta verdad fundamental. Es urgente redescubrirla.

Por MARIE DELORME.

VIERNES 27 DE SEPTIEMBRE DE 2025.

TCH.

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