Solo hay un Dios

En el Evangelio de este domingo, se nos narra que se acercó a Jesús un maestro de la ley para hacerle una pregunta fundamental, quizá la más importante de la vida de un hombre: ‘¿Qué debo hacer para conseguir la vida eterna?’ Y Jesús lo remite a la Sagrada Escritura, ‘¿Qué es lo que dice?’ Y le contesta de memoria: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todo tu ser y a tu prójimo como a ti mismo’. Jesús le dice entonces: ‘Cumple eso y vivirás’. Así pues, Jesús mantiene en pie el primer mandamiento, lo primero, lo más importante es el amor a Dios y se le debe amar no como algo accesorio o complementario, sino con todas las fuerzas del alma y como al primero de todos, antes que a ti mismo, más que las personas o las cosas que amas.

Solo hay un Dios y a Él le debemos amar sobre todas las cosas y con todas nuestras fuerzas. Cuando nos amamos más a nosotros mismos o a otra persona, o a cosas más que a Él, cometemos el grave pecado de idolatría, es decir, dejamos que alguien más ocupe el lugar de Dios. Lo segundo, no lo primero, es amar al prójimo como te amas a ti mismo.

¿Y quién es mi prójimo? pregunta el maestro de la ley. Y Jesús le cuenta la parábola del buen samaritano, un hombre que pertenecía al pueblo de Samaria, que se odiaba con los judíos, pero esa enemistad no impide que sienta compasión del judío que ha sido asaltado y dejado medio muerto en el camino. Por el contrario, se ocupa de él, se hace responsable sin importarle que sea su adversario.

Para Jesús, el prójimo es toda persona que necesita ayuda sin importar su nacionalidad, su religión o su condición social. El amor al prójimo es universal, es decir, nadie puede quedar excluido de mi atención, amor y preocupación, así sea mi contrario o mi enemigo, pero el amor al prójimo, además de ser universal, es concreto, no es un sentimiento genérico, compasivo e inútil, es una compasión que se hace concreta y que se dispone a ayudar y servir justo como lo hace el buen samaritano.

La pregunta que te hace Jesús no es quién es tu prójimo pues eso está muy claro, sino si tú estás dispuesto a comportarte como prójimo, a hacer algo por quien lo necesita, no sólo los de tu casa, sino muchos otros prójimos que yacen heridos por el camino de la vida. Pide a Dios que te ayude a amarlo a Él sobre todas las personas y todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo.

¡Feliz domingo, Dios te bendiga!

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