Yo te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra

Pbro. Crispín Hernández Mateos
Pbro. Crispín Hernández Mateos

Las lecturas de este domingo nos hablan de la revelación de los misterios de Dios a la gente sencilla, así como la íntima comunión que hay entre el Hijo y el Padre. Veamos.

«HAS ESCONDIDO ESTAS COSAS A LOS SABIOS Y ENTENDIDOS Y LAS HAS REVELADO A LA GENTE SENCILLA»

La gente sencilla es la que tiene limpio el corazón, la mente y la conciencia, es la que ve en todo la mano de Dios y su Providencia, es la no se complica la vida con elucubraciones mentales y deseo de títulos académicos. Dios es la sabiduría de los sencillos, el conocimiento de los pobres, la ciencia de los humildes, el consejo de los justos. Dios escoge a los sencillos porque tienen más espacio para Él en su corazón, no así los soberbios y los sabios.  Los sencillos, pobres y humildes ponen toda su esperanza y su vida en las manos de Dios, quien se complace en ellos.

«VENGAN A MÍ TODOS LOS QUE ESTÁN FATIGADOS Y AGOBIADOS POR LA CARGA Y YO LES DARÉ ALIVIO»

La fatiga es una falta de fuerza y de energía, que proviene del exceso de trabajo, del estudio, del esfuerzo físico y mental, de la falta de sueño o por la edad. Cristo nos anima a estar en comunión con Él para tener fuerza, alegría y esperanza en la vida. El agobio es una sensación abrumadora de ansiedad e inquietud; que tiene que ver con la opresión, el sofoco, la asfixia y el abatimiento por una presión que es difícil de soportar. Estamos agobiados por los problemas, las enfermedades, el sufrimiento, las angustias, el estrés, etc. Cristo nos invita a acercarnos a Él para superar esta ansiedad y encontrar paz, tranquilidad y consuelo. El texto nos habla de un alivio, es decir, de una situación de sanación, de curación y de recuperación. Cristo es nuestro bálsamo, pues nos cura con el óleo de la alegría, con la unción del Espíritu y con la reconciliación con el Padre.

«APRENDAN DE MÍ QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN»

La mansedumbre implica docilidad, obediencia, serenidad, tranquilidad, ser mesurado y apacible. Ser manso no significa ser dejado, aunque te quedes callado. La mansedumbre es una virtud tanto del corazón como de la mente, es decir, emplea el pensamiento y la actitud. Por otra parte, la humildad es reconocer lo que uno es, tanto en su persona, como en su identidad, sus limitaciones y su situación actual. Una persona humilde no es presunciosa, ni es altanera ni orgullosa, sino que es sencilla y ecuánime, como la Virgen María. Cristo, por su parte, renunció a sus prerrogativas divinas y se hizo hombre como nosotros (se abajó, anonadó, se humilló), por eso, con la Encarnación inicia su plan de redención.

«Y ENCONTRARÁN DESCANSO PORQUE, MI YUGO ES SUAVE Y MI CARGA LIGERA»

El descanso nos hace recuperar las fuerzas, la energía y el ánimo, además de la regeneración de un sin fin de funciones del cuerpo. Descansar nos permite estar  siempre alegres y dispuestos a enfrentar los retos de la vida. El descanso en Cristo es sanación, curación, alivio, fortaleza, paz, armonía, gracia, comunión, reconciliación. Cristo nos ayuda a descubrir el sentido pleno de la vida mostrándonos el rostro misericordioso de Dios, su amor y su perdón. Acerquémonos a Cristo, tomemos su Cuerpo  y su Sangre, alimentémonos de su Palabra, busquemos la paz a través del sacramento de la Reconciliación y la salud a través de la unción de enfermos.  Tú ¿has sufrido por el agobio? ¿A quién recurres para pedir ayuda? ¿Te acercas a Cristo?

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