Indignación y otra alarma más. Así lo expresó el arzobispo de Port-au-Prince, capital de Haití, Mons. Max Leroy Mésidor, ante la ola de violencia extrema que se desató en la periferia de Cité-Soleil. 

 

El viernes 8 de julio, bandas fuertemente armadas que operaban impunemente en la capital atacaron varios barrios de Cité Soleil, considerado el barrio más pobre del casco urbano. Los testimonios recogidos, escribe el propio arzobispo, “dan fe del terror que estos bandoleros han sembrado en estos barrios. Los cuerpos de las personas muertas durante los enfrentamientos están abandonados en las calles y los habitantes aún respiran olor a muerto”.

Por eso, «atento a los gritos de los hombres y mujeres que cargan con el peso de la catastrófica situación sociopolítica y económica del país», el arzobispo «levanta su voz con fuerza en comunión con todos los sacerdotes, religiosos, todos los fieles y todas las personas de buena voluntad, para expresar indignación y protesta por el nivel de violencia de las bandas armadas, en particular por lo que está pasando en Cité-Soleil”. 

 

Monseñor Mésidor apela al Estado, pero también “a la conciencia responsable de los miembros de las representaciones diplomáticas, para que el clamor de este pueblo herido no les deje indiferentes”. 

 

En un país ya marcado por tanta miseria y sufrimiento, “la violencia y la inseguridad se convierten en el destino cotidiano de las personas. Además de los casos de secuestro con pedidos de grandes rescates,
“¿Dónde está el Gobierno? ¿Dónde están los funcionarios de Justicia y Seguridad Pública?”, se pregunta el arzobispo, quien denuncia la acción descontrolada de los grupos armados, provocando inseguridad en toda el área metropolitana. 

 

En cambio, “los bandidos parecen disfrutar de una libertad ilimitada. Celebran reuniones para prepararse para sus ataques. Peor aún, las redes sociales les ofrecen un amplio protagonismo, en el más absoluto desprecio por el sufrimiento y el derecho de las víctimas a obtener justicia y reparación”.

De ahí las preguntas de Mons. Mésidor: “¿Cuándo pararemos esta violencia, estos asesinatos? ¿Quién frenará la subida del pueblo haitiano al Calvario? ¿En qué consiste la cercanía de los llamados países amigos de Haití? ¿Para qué sirven los distintos encuentros internacionales sobre la situación en Haití? De dónde salen esas armas y municiones de ese negocio de bandas de combustible en el país”. 

 

El pueblo «tiene derecho a esperar una acción inmediata de la policía para el desarme de las bandas ilegales, independientemente de su apoyo político o económico».