A pocos días del inicio de la mayor peregrinación francesa, el director de Notre Dame de Chrétienté explica las «razones de su éxito».
Philippe Darantière, organizador de la peregrinación a Chartres , recupera conceptos que a veces se han vuelto escasos en el debate público católico:
- lo sagrado,
- la adoración,
- la trascendencia
- y Dios.
En ocasiones se creía que ciertos aspectos del catolicismo contemporáneo solo podían abordarse con el vocabulario de expertos, sociólogos o asesores en administración eclesiástica. Por eso, leer el artículo de opinión de Philippe Darantière publicado en La Croix resulta tan refrescante.
No se reflexiona sobre los últimos procesos sinodales. Se presta poca atención a la recomposición social de la fe. Menos aún a los nuevos paradigmas pastorales destinados a reinventar la Iglesia del siglo XXI. El enfoque principal se centra en la liturgia, lo sagrado, la transmisión, el culto a Dios y la vida espiritual.
A medida que se acerca la peregrinación a Chartres, a veces es bueno leer y meditar sobre algo que no sean los conceptos más de moda.

El artículo se basa en una observación difícil de refutar.
- Este año, se espera que casi 20.000 peregrinos se dirijan a Chartres.
- La edad media es de 22 años y la asistencia ha ido en aumento de forma constante durante la última década.
- Aún más sorprendente, señala Philippe Darantière, es que casi el 30% de los participantes experimentan esta liturgia por primera vez.
- Ante este fenómeno, abundan las explicaciones fáciles: «La primera y más conveniente respuesta es la de la «sensibilidad»: el latín, el incienso, el canto gregoriano, la belleza de las vestimentas». El argumento es conocido.
- Otros sugieren una simple búsqueda de identidad o raíces en una sociedad que se ha vuelto fluida e inestable.
- Pero Philippe Darantière cree que estos análisis son insuficientes:
«Si la liturgia tradicional
fuera simplemente un depósito cultural…
sería un museo.
Pero noi es así: está claramente viva.
Tiende un puente entre lo cultural y lo religioso».
- Esta frase probablemente resume una de las ideas centrales de su texto. Porque la cuestión no es meramente estética. Es algo espiritual.
El autor describe entonces lo que considera la primera paradoja de la liturgia tradicional: una liturgia que, desde fuera, parece desarrollarse «sin nosotros», y sin embargo, atrae profundamente al lector:
El sacerdote mira hacia el Este,
hacia Cristo,
de quien es simplemente
el instrumento visible.
No dirige, no explica en tiempo real.
Los gestos
son los mismos
que se han realizado
invariablemente y meticulosamente
desde tiempos inmemoriales».
En un mundo donde casi todo debe ser comentado, explicado, contextualizado y hecho inmediatamente accesible, esta observación merece ser destacada.
La liturgia antigua
no busca captar la atención.
No busca ser atractiva .
Ni siquiera busca,
fundamentalmente,
poner a la humanidad en el centro.
Según Philippe Darantière, recuerda, por el contrario, una verdad a menudo olvidada:
«No venimos a misa principalmente por nosotros mismos. Venimos porque tenemos una deuda insalvable con Dios, que ninguna generosidad humana podría jamás saldar. Venimos a darle a Dios lo que le debemos.»

Esta afirmación puede parecer sorprendente en una época en la que la religión se presenta a veces principalmente como fuente de realización personal o bienestar espiritual. Pero es precisamente este descentramiento lo que, según él, resulta tan atractivo: «El hombre se anula a sí mismo ante el ritual. Y lejos de humillarlo, este anulación lo enaltece». Esta frase probablemente merece una reflexión más profunda que muchos análisis sociológicos dedicados a las transformaciones de la religión. Philippe Darantière también subraya la dimensión profundamente encarnada de esta liturgia. A quienes la juzgan como distante o hermética, responde: «Al contrario, está extraordinariamente encarnada. Los gestos ritualizados, las vestimentas, el latín, el silencio, el incienso, las genuflexiones, el canto gregoriano: todos ellos son signos concretos que se abren a lo invisible». Esta observación es significativa.
En una sociedad saturada de pantallas, comentarios constantes y estímulos visuales, estos letreros ofrecen precisamente lo que muchos buscan: acceso al misterio que no se obtiene únicamente a través de la explicación intelectual.
El autor aborda entonces la cuestión de lo sagrado.
- Durante décadas, algunos han predicho su desaparición gradual en favor de una modernidad supuestamente más racional.
- La realidad parece menos sencilla:
Lo sagrado sigue atrayendo.
No a pesar de la modernidad,
sino quizás gracias a ella:
lo que la modernidad intenta destruir,
la liturgia lo conserva y lo restaura».
- Esta es una afirmación contundente. Puede arrojar luz sobre parte del éxito actual de Chartres.
- Para muchos jóvenes católicos, parece menos fascinado por la constante innovación que por el descubrimiento de realidades que la preceden.
- Aquí entra en juego otra idea central del texto: la de la permanencia:
En un mundo donde todo cambia,
donde cada institución,
incluso en la Iglesia,
busca “reinventarse”…
esta liturgia
lleva la marca de la permanencia».
Philippe Darantière nos recuerda que el canto gregoriano abarca más de un milenio, que el canon romano se remonta a los primeros siglos y que los mismos textos nutren la fe de generaciones enteras: «Quienes descubren esta Misa por primera vez comprenden instintivamente que entran en algo que los trasciende, que los precedió, que perdurará». Aquí, de nuevo, el contraste con ciertas obsesiones contemporáneas es sorprendente. En nuestro constante afán por adaptarnos, reformarnos, actualizarnos o reinventarnos, a veces olvidamos que la humanidad también necesita recibir. Y es, sin duda, la frase que da título a este artículo la que mejor resume todo su argumento:
«La liturgia no busca complacer a los tiempos. Y por eso los tiempos siguen recurriendo a ella.»
Pocas veces se ha formulado con tanta sencillez una de las paradojas del catolicismo contemporáneo. Porque si esta liturgia fuera realmente incapaz de conectar con la gente de nuestro tiempo, ¿cómo explicar la asistencia de miles de jóvenes cada año? ¿Cómo explicar las conversiones, las vocaciones, las familias que allí echan raíces? ¿Cómo explicar que cerca de un tercio de los peregrinos a Chartres la descubran por primera vez cada año? Philippe Darantière ofrece una última explicación. La liturgia tradicional es, según él, «un catecismo vivido». No se limita a hablar del misterio cristiano, sino que lo hace presente: «La Misa, “tesoro de la fe”, es el memorial de la Pasión del Señor, no su recuerdo, sino su renovación incruenta, el sacrificio redentor de Cristo hecho presente en el altar».
Y concluye con una reflexión particularmente contundente: «La liturgia antigua es, por tanto, un catecismo vivido: enseña no solo quién es Dios, sino también quién es la humanidad en relación con Dios». A continuación, esta afirmación, que resume todo su argumento: «Quizás este sea el secreto de su atractivo: revela una verdad sobre la humanidad que esta lleva dentro sin saberlo». Se puede debatir sobre algunos de sus análisis o discrepar de todas sus conclusiones. Pero es difícil negar que su texto plantea una cuestión importante para la Iglesia en Francia.

¿Por qué una liturgia que se presenta habitualmente como una mirada al pasado sigue atrayendo a tantos jóvenes católicos?
¿Por qué la peregrinación a Chartres sigue creciendo cuando tantas otras iniciativas tienen dificultades para movilizarse?
¿Por qué esta búsqueda de lo sagrado permanece tan viva?
El mérito de Philippe Darantière reside en responder a estas preguntas no desde una perspectiva teórica, sino desde una simple observación. Y resulta, en definitiva, muy grato que esta reflexión se haya publicado en La Croix . Demuestra que, incluso en medio de debates sobre cambios sociológicos, transformaciones culturales y nuevos paradigmas eclesiásticos, todavía hay momentos en que la gente simplemente habla de Dios. Quizás esta no sea la peor noticia de esta primavera católica.
Por PHILIPPE MARIE.
JUEVES 21 DE MAYO DE 2026.
TCH.

