Presentada como una «iniciativa ecológica ejemplar», la instalación de cajas nido en un edificio consagrado plantea preguntas sobre cómo nuestra época trata los lugares sagrados, incluso cuando todavía están en uso, dedicados al culto y protegidos como monumentos históricos.
En un artículo publicado ayer 18 de diciembre por La Provence, el diario regional informó sobre la instalación de varias cajas nido en la cima de la Catedral de Santa María la Mayor, más conocida como la Catedral Mayor, en Marsella.
La operación, llevada a cabo por la Dirección Regional de Asuntos Culturales (DRAC) de Provenza-Alpes-Costa Azul y la Liga para la Protección de las Aves (LPO), se presenta como un «proyecto experimental» destinado a «promover la biodiversidad» en zonas urbanas.
Según La Provence, un equipo de técnicos en acceso por cuerdas instaló estos dispositivos en lo alto del edificio para proporcionar refugio a ciertas especies, como cernícalos y murciélagos.
El periódico explica que los edificios antiguos constituyen refugios naturales para la fauna y que, por lo tanto, el patrimonio construido puede contribuir a la preservación de la biodiversidad.
Pero esta presentación plantea una cuestión fundamental que el artículo apenas aborda: la naturaleza misma del edificio en cuestión. La Catedral Mayor no es simplemente un monumento patrimonial. Es la catedral de la Arquidiócesis de Marsella, sede del arzobispo, aún utilizada para el culto, consagrada y catalogada como monumento histórico.
Como tal, tanto en su dimensión espiritual como patrimonial, está sujeta a un régimen especial de respeto.
Reducir una catedral a un mero «refugio de biodiversidad» representa un cambio de significado preocupante.
Una iglesia consagrada no es un equipamiento urbano disponible al capricho de las políticas públicas, por muy loables que sean sus intenciones.
Algunos objetarán, como señala La Provence, que las iglesias siempre han sido el hogar de las aves. Pero existe una diferencia fundamental entre una presencia natural, producto del tiempo, y una intervención deliberada, planificada e institucionalizada que transforma una catedral en una herramienta de política ambiental. Una se centra en la coexistencia, la otra en la instrumentalización.
El respeto por un edificio
catalogado y consagrado,
no se limita
a la ausencia de daños materiales.
Implica también
el reconocimiento
de su significado intrínseco,
de su propósito original
y de su carácter sagrado.
En la tradición católica, una iglesia no es sólo un lugar donde se realiza el culto, sino que es en sí misma un lugar consagrado.
Mediante el solemne rito de dedicación,
el edificio se convierte
en un lugar sagrado en sí mismo,
reservado para Dios.
Esta consagración no solo abarca el altar o el coro, sino todo el edificio, desde sus cimientos hasta la techumbre.
La iglesia no es, pues, un simple contenedor neutro o un soporte funcional, sino un edificio santificado, cada parte del cual participa de su finalidad sagrada y de su orientación exclusiva hacia el culto divino.
Otro punto llamativo surge de la lectura del artículo: la falta de una referencia clara a la posición de la autoridad eclesiástica.
¿Qué opina el arzobispo de Marsella?
¿Fue consultado como párroco de la diócesis y responsable de la catedral, o simplemente dio su consentimiento explícito a este uso simbólico del edificio?
La protección de la biodiversidad es una exigencia legítima. Pero no puede ejercerse sin una jerarquía de valores.
- No todo es intercambiable.
- Una catedral declarada monumento histórico no es ni un acantilado artificial ni un emplazamiento industrial reconvertido.
Al difuminar estas distinciones, trivializamos lo sagrado y debilitamos el significado mismo del patrimonio que afirmamos proteger.
En Marsella, la conversión de la Catedral Mayor en un refugio de vida silvestre plantea una pregunta simple pero crucial:
¿se sigue reconociendo una iglesia
como un lugar sagrado
o simplemente
como una plataforma disponible
para causas actuales?
Al centrarnos en el uso en lugar del significado, corremos el riesgo de olvidar que estos edificios se construyeron, ante todo, como santuarios para el alma, y no en monumentos históricos o plataformas para la experimentación ecológica.
Por PHILIPPE MARIE.
VIERNES 19 DE DICIEMBRE DE 2025.
TCH.

