Tratan a los niños como perros…

Editorial ACN Nº109

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En una decisión que ha causado revuelo e indignación, Francia, país cuna de los derechos humanos, políticos y civiles, incorporó a su Constitución la libertad de las mujeres a recurrir al aborto. En una ceremonia por el día internacional de las mujeres, Macron, presidente de la República Francesa, y las autoridades políticas, echaron mano de la prensa de sellos de 1810, que data de la época napoleónica, para timbrar o sellar la reforma que incorpora, de hecho, el asesinato legal de seres humanos en el vientre de la madre.

Con eso, Emmanuel Macron se toma así mismo como un “·cruzado” del aborto quien en esa ceremonia juró llevar, “más allá de Europa, ese derecho para que sea universal y efectivo”. Así, Francia se convirtió en el primer país del mundo que incorporó a su Constitución esta práctica estimada ahora ya como una libertad y derecho decisión aplaudida por la Organización Mundial de la Salud por “garantizar los derechos de las mujeres”.

En tanto, la Iglesia católica de Francia, misma que había llamado a jornadas de oración y ayuno previo a la votación, reprobó tal decisión. Los obispos del país galo, entre ellos Pierre-Antoine Bozo, de la diócesis de Limoges, afirmó que «La anestesia colectiva de las conciencias no permite comprender que el aborto es un atentado contra la vida y un drama para las madres» y la Pontificia Academia para la Vida del Vaticano anunció su negativa para decir lo mismo, que el aborto no es un derecho.

Cubierta más del mediatismo, el aborto como derecho fue más bien una cortina de humo, un recurso desmedido ante la crisis que afronta y el gobierno de Macron puesto en jaque. Desde 2023, las revueltas sociales han cuestionado al gobierno y el pueblo francés se rebeló ante reformas impopulares al sistema de pensiones; las calles fueron tomadas violentamente, los sindicatos se van a huelga y algunos sectores han cuestionado la realización de los Juegos Olímpicos cuya organización comienza por ocultar la situación de pobreza y marginación de miles de franceses.

Sin duda, aspectos muy preocupantes en medio de una crisis política que toma al aborto para dar legitimidad a Macron que busca sostenerse en su segundo período presidencial; sin embargo, el efecto de esta decisión es, sin duda, la relativización de la vida y usar el tema de los supuestos derechos como el recurso efectivo para remediar la política del desastre de un país. Y la onda será expansiva, especialmente cuando la ideología feminista radical avanza poco a poco, pero de forma contundente, para que el aborto se encumbre, al fin, como el “sagrado derecho de las mujeres”.

En México, la situación es similar. Ya, de antemano, varias decisiones de la Suprema Corte de Justicia han revertido la penalización del aborto para decir que es “anticonstitucional” y, si bien no es reconocido todavía como un derecho y libertad como lo hace Francia, todo apunta para que, con estos precedentes judiciales, México copie este modelo que poco a poco será replicado.

La decisión de Francia sólo acentúa más el desprecio por la vida eclipsando su significado y haciendo normal la violencia. Mientras en otros países, se levantan modernas imágenes a Baal, como ocurrió en Nueva York, en México las cosas son peor como cuando el presidente de México pretende meter una reforma constitucional para garantizar los derechos de los animales y evitar su maltrato. Efectivamente, estos hechos causan una profunda preocupación porque nos asomamos a un oscurantismo de la conciencia y de la ética donde los niños son tratados como perros y los perros, tratados como niños.

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