¿Qué pasaría si el Señor se te apareciera y te dijera: esta noche vas a morir? ¿Lo has pensado? ¿Estás preparado? ¿Estás en paz? No te lo digo para asustarte, sino para ayudarte a despertar. Jesús lo dice sin rodeos: “Necio, esta misma noche vas a entregar tu vida”. Y entonces, todo lo que acumulaste, ¿para quién será?
Esa es la pregunta que el Evangelio lanza directo a tu alma. Una pregunta que corta como espada porque desnuda lo que más temes perder, el control, los bienes que con tantos sacrificios has acumulado, el dinero, el estatus, la falsa seguridad. Reconoce que vives como si esta vida fuera eterna, te llenas de cosas, de bienes materiales, de seguridades, de paredes altas, de aplausos, pero ¿cuánto de eso vale delante de Dios?
Te has esforzado para ahorrar, para acumular, para construir el futuro y eso no está mal, pero si construyes sólo para esta vida, estás cavando tu propia condenación. El problema no es lo que tengas, sino el valor que crees que eso tiene. Si crees que lo material es lo más importante, que eso te salvará, entonces estás perdido.
Tu corazón se ha aferrado tanto a lo terrenal que ya no tiene espacio para el eterno. Mira al hombre de la parábola de la cual Jesús habla hoy. Tuvo éxito, producción récord, nuevos graneros, más espacio, más comodidad y se dijo a sí mismo: “Descansa, come, bebe, disfruta”.
¿Te suena familiar? Pero esa misma noche Dios lo llamó y lo que creyó que era suyo, lo perdió todo porque no era rico para Dios. Se comportó como un verdadero necio porque todo su esfuerzo, su prevención, no fue para que lo disfrutara él, sino otros que nada les costó. ¿Hay algo más tonto que eso? Desde los estudios actuales sabemos que el cerebro ama el control, ama almacenar, proteger, asegurar, pero también sabemos algo más profundo.
La mayor felicidad se activa en el cerebro no cuando acumulas, sino cuando das, cuando amas, cuando sirves. El que acumula vive tenso, temeroso, ansioso de no perder lo que ha acumulado. El que se entrega vive ligero, libre, feliz.
¿Y tú? ¿Dónde está tu tesoro? Si lo que más cuida son tus bienes, tu casa, tu prestigio, tu aceptación, entonces eso es tu Dios. Y ese Dios no te salvará. Jesús no quiere tus bienes, quiere tu alma y te está diciendo con amor, pero con firmeza, ¡Despierta! No eres eterno aquí y te estás jugando la eternidad.
Esta semana, para vivir el Evangelio, haz algo que toque tu ego, que mueva tu corazón endurecido. Regala algo que te cueste.
Regala tiempo, una pertenencia. Reconcílate con alguien. No sigas aplazando lo que sabes debes hacer. Haz esta oración cada noche: “Señor, hazme rico de lo que vale ante ti. No quiero morir con las manos llenas y el alma vacía”.
Hoy te hablo no para acusarte. Te hablo y Jesús te habla para sacudirte, para salvarte. No vivas como si fueras eterno aquí. Esta vida pasa. Por muchos años que vivas, se pasan rápido, vuelan. El alma no.
Y cuando llegue tu última noche que puede ser hoy, mañana o dentro de 20 años, lo único que importará es si amaste, si diste, si fuiste fiel. Hazte rico, pero para lo que vale delante de Dios porque todo lo que no entregues por amor, lo perderás.
¡Feliz domingo! Dios te bendiga.


