Tiempo mariano

Pablo Garrido Sánchez
Pablo Garrido Sánchez

Las moniciones de los actos litúrgicos de este tiempo indican con insistencia que el Adviento adquiere su vivencia ejemplar en la espera vivida por la santísima VIRGEN MARÍA. No es posible encontrar persona alguna que haya tenido una espera con más contenido teologal, pues nadie está más cerca del VERBO de DIOS, que su propia MADRE en el periodo de gestación. El Adviento de MARÍA no fueron cuatro domingos, sino nueve meses desde la concepción del HIJO de DIOS anunciado por Ángel. Durante el periodo previo al nacimiento de JESÚS, MARÍA tuvo ocasión de escudriñar lo anunciado en las Escrituras con respecto al MESÍAS. Los datos escuetos que nos facilitan los evangelios son suficientes para comprobar que el tiempo de embarazo tuvo su tensión particular. Hemos celebrado en esta semana la fiesta de la Inmaculada Concepción, que, como bien sabemos, resalta la ausencia de pecado en la VIRGEN desde su concepción hasta su tránsito a la otra vida para el encuentro con su HIJO resucitado. Sobre esta fiesta hay constancia a mediados del siglo ocho por el testimonio de san Andrés de Creta. Juan Duns Scoto y la escuela franciscana, con los agustinos y los cartujos hicieron suya la defensa de la Inmaculada Concepción. En mil setecientos sesenta, las cortes españolas en el reinado de Carlos tercero declararon patrona de España a la Inmaculada Concepción, que fue aprobada por el para Clemente trece. Otras naciones como Estados Unidos, Chile o Portugal, tienen también por patrona a la Inmaculada Concepción, que fue definitivamente definido como dogma en la Iglesia por Pío noveno, en mil ochocientos cincuenta y cuatro, después de consulta preceptiva a todos los obispos de mundo. La catedral de Méjico, lo mismo que numerosos templos y localidades están dedicados a la Inmaculada Concepción de  la VIRGEN MARÍA. Esta verdad teológica que caracteriza a los católicos se ha convertido en un una corriente de religiosidad popular que ratifica el sensus fidei –sentido de la Fe- del Pueblo de DIOS, del que en realidad nació la doctrina de este dogma o verdad  hecha vida en la LLENA DE GRACIA (Cf. Lc 1,28).

 

La herencia del pecado

El pecado es una oscura realidad que los cristianos podemos mirar de frente, porque JESÚS nos ha redimido. Pocas cosas son tan perniciosas como el disimulo, los subterfugios o la mentira. El pecado existe como una realidad operativa a partir del corazón del hombre. El pecado viene del Mal y provoca todo tipo de males. El pecado deja consecuencias que dañan y marcan tendencias. No es culpable el niño que se está gestando del SIDA que lleva la madre, pero el niño va a ser afectado por esta enfermedad. Y los ejemplos los podríamos multiplicar  sin límite alguno en el tiempo pues la variedad de males físicos y morales sigue la misma cadena del desenvolvimiento humano. Pero la carta a los Hebreos afirma que JESÚS ha sido  semejante en todo a nosotros excepto en el pecado (Cf. Hb 4,15); y tenemos que entenderlo que esa cualidad abarca todo el espectro del pecado: desde el pecado heredado hasta el pecado particular. La naturaleza humana para ser tomada en sí misma no necesitaba del pecado, y esta predestinación de la VIRGEN MARÍA es un acto divino en beneficio de toda la humanidad, ante lo que no cabe otra cosa que un profundo agradecimiento a DIOS por su eterno designio.

 

Algunas preguntas que DIOS formula

El pecado viene marcando a la humanidad y la acción de la Gracia realiza la gran regeneración. Pero no estamos ante un mecanismo espiritual que se comporta como los modernos algoritmos reguladores de la inteligencia artificial. DIOS no ha dejado de dialogar con el hombre, y de formular preguntas. El capítulo tres del Génesis que dio contenido a la primea lectura de la solemnidad de la Inmaculada Concepción, recoge algunas cuestiones que son básicas. Las preguntas que DIOS formula van dirigidas a devolver al hombre al campo de la Verdad, pues por el pecado cometido había entrado en la zona de las sombras y todo tipo de ilusiones tenebrosas: los miedos comenzaron a presidir las actuaciones personales. Con la serpiente, DIOS no establece pregunta alguna, porque no busca el diálogo: la serpiente está sentenciada, cosa que no ocurre con el hombre, a pesar del gran daño que el pecado origina  al propio hombre y a la creación dada por DIOS y entregada al hombre para su administración y gobierno como vicario suyo.

 

¿Adán, dónde estás? (Gen 3,9)

Ingenuo el intento de evadir la mirada de DIOS, pero cuando esto sucede es el hombre el que pierde de vista a DIOS, aunque DIOS nos siga mirando para buscar una oportunidad y formular sus preguntas. Esta cuestión en el texto sagrado hay que entenderla como la pregunta por la situación existencial. Cada uno de nosotros respondemos sobre nuestra identidad o destino si sabemos dónde estamos, o damos razón de las coordenadas que dan nuestra ubicación en la existencia. La reacción de Adán es la huida. DIOS pregunta sin palabras de forma continua, “¿hombre, dónde estás?”; y unos en su huida tienen que ir confesando de forma repetida su ateísmo o agnosticismo. Por el contrario, el que va buscando a DIOS a pesar de obstáculos e inconvenientes, puede dar las coordenadas de su situación con respecto a DIOS, que nunca deja apreciarse cercano o íntimo, al tiempo que constituye el horizonte que da sentido al camino emprendido. Observe cualquiera a un conferenciante ateo o agnóstico, y comprobará que siente una gran necesidad a lo largo de su exposición de dejar claro, que no es creyente; como si alguien le hubiera preguntado por su creencia religiosa.

 

Otra fuente de conocimiento

DIOS pregunta al hombre cuando este responde: “¿quién te informó que estabas desnudo? ¿has comido del árbol que te prohibí comer?” (Cf. Gen 3,11). Dice el texto, que después de haber comido del árbol prohibido a los dos se les abrieron los ojos y descubrieron que estaban desnudos, y a continuación se hicieron unos ceñidores con hojas de higuera (Cf. Gen 3,7). La pregunta que DIOS realiza lleva dos vertientes íntimamente relacionadas: el árbol prohibido era portador de una ciencia que en parte provenía del mal, y tenía una fuente de inspiración satánica. Al comer de ese árbol se entraba en comunión con fuerzas extrañas que el hombre no podía controlar ni dominar. El aviso estaba dado: la muerte espiritual y moral, en principio con una progresiva degradación personal, continúa con el hombre fuera del Paraíso. Los árboles del jardín no eran neutros, y aportaban poder y conocimiento. Mientras la fuente del conocimiento y la sabiduría provenía de DIOS el hombre se sintió protegido y en armonía personal; pero la ciencia del bien y del mal lo desnudaron y declararon partes de su cuerpo  indecorosas, que era necesario cubrir ante la mirada de los semejantes. Las hojas de higuera parecían adecuadas para la vida en el Paraíso después del pecado, pero tal cosa ya no era posible. DIOS haría para Adán y Eva unas vestiduras de pieles, ya que las condiciones de vida fuera del Paraíso eran muy distintas (Cf. Gen 3,21). Después de haber comido del árbol de la ciencia del bien y del mal, las cosas se volvieron espinosamente complicadas en todos los órdenes, pues el hombre abrió puertas y ventanas a influencias espirituales de muy diverso signo, que intentan inspirar y seducir siempre contra DIOS y su obra. El comió y metabolizó de aquel árbol que aparentaba cosas buenas, y en realidad dentro contenía el veneno más letal.  A duras penas, el hombre inicia un camino de vuelta para llegar a descubrir que DIOS es la única fuente fiable de conocimiento y sabiduría. Con gran esfuerzo se reconoce que en JESUCRISTO está la única fuente de Vida y Verdad: “de muchas formas en la antigüedad habló DIOS por los profetas, llagada la plenitud de los tiempos nos ha hablado por JESUCRISTO (Cf. Hb 1,1-2).

 

Los hechos

Como en otras ocasiones, DIOS aparece preguntando sobre lo que ha sucedido, como si no  tuviera noticia de todo. Después que Adán trata de diluir su responsabilidad diciendo: “la mujer que me diste por compañera fue la que me dio de comer” (Cf. Gen 3,12). La mujer, entones, trata de hacer lo mismo trasladando la causa última a la serpiente (Cf. Gen 3,13). DIOS no recrimina a Adán y Eva, sino que va aceptando los argumentos que le ofrecen, y al llegar a la serpiente establece una frontera “maldita seas entre todas las bestias y animales del campo… Pongo enemistad entre tu linaje y el de la mujer. Su linaje te pisará la cabeza, mientras  intentas morder su calcañar” (Cf. Gen 3,14-16). No sólo fue activado el árbol de la ciencia del bien y del mal, sino que se puso en marcha el desenvolvimiento del linaje de la serpiente, que a lo largo de los siglos tratará de anular las acciones del linaje de la mujer. Nuestras acciones multiplican la influencia del bien y del mal entre nosotros. Sin embargo sabemos que todos los que miren a la Cruz de JESUCRISTO obtendrán la curación de la mordedura de la serpiente como los israelitas en el desierto que miraban a la serpiente de bronce para quedar curados (Cf. Nm 21,9 ). DIOS sabe de la seducción de la serpiente, que reconoce inmediatamente las rendijas de la personalidad de cada uno para crear fascinación, irrealidad y universos ficticios.  Tarde o temprano, la pregunta aparecerá con toda claridad: “¿qué has hecho?” Buscaremos, entonces, con urgencia, la verdadera fuente que originaron nuestros actos buenos y malos para agradecer a DIOS sus inspiraciones y arrepentirnos de la facilidad con la que nos dejamos  arrastrar por el mal. Como dicen los profetas, “en aquel día” nos va a interesar haber puesto  todas las cosas en las manos de DIOS.

 

La aurora del Nuevo Día

La profecía de Sofonías termina con un canto de esperanza cargado de promesas. Un gran acto de unificación de las naciones con una voz unánime en la alabanza al SEÑOR: “volveré puros los labios de los pueblos, para que invoquen todos el nombre de YAHVEH y le sirvan bajo un mismo yugo” (Cf. Sof 3,9) La gran acción universal viene precedida de la aparición de un “resto fiel, que no dirá mentiras, ni cometerá injusticias, ni se encontrará en él lengua embustera (Cf. Sof 3,13). Los hombres hemos dado muestras sobradas del afán de endiosamiento personal, tomando las armas de la prepotencia para constituirnos en represores de nuestros semejantes, emulando un poder divino que se desvanece como el humo. A lo largo  de la Escritura, DIOS va señalando su preferencia y elección de lo s pequeños, o de los que no cuentan en un principio. Las batallas o guerras, que el Pueblo realiza en el Nombre de YAHVEH son intervenidas para que el número de los participantes sea el menor, de manera que nadie se pueda atribuir la victoria por sus propias fuerzas. Sofonías señala al “pequeño resto” que será fiel a YAHVEH. Pero cuando los tiempos han llegado a su plenitud, el “pequeño resto” da paso a la “descendencia” prometida en los inicios de la andadura humana hacia la casa del PADRE: “el linaje de la mujer, definitivamente pisará al linaje de la serpiente en la cabeza” (Cf. Gen 3,15). De forma en extremo silenciosa, DIOS inicia la recta final para manifestarse en su Día con la concepción inmaculada de la VIRGEN MARÍA. La LLENA DE GRACIA fue objeto de la perfección desde el mismo instante de su concepción, como estaba previsto desde siempre en el pensamiento de DIOS. Los primeros destellos del Día del SEÑOR comienzan a vislumbrarse en la persona de la VIRGEN MARÍA. El “pequeño resto” queda  singularizado, de cierta manera, en una sola persona, que dará razón cumplida de la DESCENCIA,  JESÚS de Nazaret. Nacimiento, vida, muerte y Resurrección, completarán el Día del SEÑOR y darán razón de la Primera Venida. Con la Resurrección se abre el intervalo de la Segunda Venida del SEÑOR, que completará la nueva creación de los Nuevos Cielos. Los elementos de la gran obra de DIOS van encontrando su lugar y sentido a medida que el tiempo va transcurriendo y el ESPÍRITU SANTO nos asiste con su intervención.

 

DIOS se alegra con su Pueblo

“El SEÑOR, YAHVEH, está en medio de ti como poderoso SALVADOR. ÉL exulta de gozo por ti, te renueva con su Amor. ÉL danza por ti con gritos de júbilo como en los días de fiesta” (Cf. Sof 3,17). Las imágenes del profeta pueden resultar exageradas, al disponer la imagen de DIOS con tales manifestaciones de alegría desbordante. Pero la alegría pertenece realmente   a DIOS, y ÉL sabe compatibilizar la verdadera alegría con la Santidad. La alegría en DIOS no es signo de debilidad, sino la consecuencia lógica de su Amor y Bondad: en el Cielo hay alegría y júbilo (Cf. Lc 15,1ss; Ap 5 y 7). Como buen representante bíblico, Sofonías integra la danza en las expresiones de alegría y júbilo, como lo hace el Salmo ciento cincuenta: “aclamad al SEÑOR con danzas” (Cf. Slm 150,4). La Biblia no demoniza el cuerpo, sino que lo dispone como medio indispensable para el encuentro con DIOS. La verdadera adoración conduce a la alabanza del hombre con todo su ser; lo mismo que la verdadera alabanza contribuye a la adoración en el denso silencio de la Presencia de DIOS manifestada en medio de la comunidad reunida.

 

La fortaleza del “resto de YAHVEH”

“Lanza gritos de gozo, hija de Síon, lanza clamores Israel. Alégrate y exulta de todo corazón, hija de Jerusalén” (Cf. Sol 3,14). DIOS cumple sus promesas, y está para llegar. La espera que se dispone en alabanza confiada obtiene de DIOS el anticipo de lo que está para suceder. El Pueblo elegido no vitorea y aclama a DIOS en el vacío, sino que encuentra su recompensa en la propia alabanza. Asistimos a una oración cargada de fuerza y poder, porque los vítores y las aclamaciones no están dirigidas a los fantasmas de imaginaciones exaltadas, sino que en la Presencia de YAHVEH la alabanza constituye un momento de encuentro con DIOS personal y comunitario a la vez. El Pueblo que un día se unificó en torno al Sinaí y la Ley de la Alianza dada por Moisés, actualiza de nuevo esta conciencia de Pueblo cuando el grito de júbilo y alabanza se escucha como una sola voz dirigida a YAHVEH. JESÚS dio la clave de esta oración jubilosa cargada de poder y presencia de DIOS: “cuando oréis, hacedlo de tal manera que de verdad creáis que habéis recibido lo que se ha formulado en la oración” (Cf. Mc 11,24). La victoria de YAHVEH se hace patente para los que con resolución  invocan y alaban al DIOS de todo poder, que está para venir. La invocación y la alabanza al SEÑOR cargan el momento presente, en el que se realiza, de todo el poder y presencia de DIOS para su Pueblo. Todo es posible para el Pueblo que aclame y alabe con toda confianza al SEÑOR. Poder, alegría y jubilo, que sólo se explican porque DIOS “danza por ti”; o mejor, “danza contigo”. Lo anterior no es trivializar la verdad y santidad de DIOS, sino dar razón de la palabra del profeta.

 

La alabanza es purificadora

No se debe esperar a ser santo o perfecto para dirigir a DIOS una alabanza con todas las fuerzas, pues probablemente, entonces, no lo haremos nunca. El profeta dice: “DIOS ha retirado las sentencias contra ti, y ha alejado a tu enemigo. YAHVEH está en medio de ti y no temerás mal alguno” (Cf. Sol 3,15). DIOS cancela sus sentencias para los que reconocen su SEÑORÍO y el enemigo de los hombres huye porque no resiste ni de lejos la adoración y la alabanza que nace de los corazones fieles y creyentes. Entonces, YAHVEH comienza a reinar en medio del Pueblo.

 

No se quiere aceptar

Los hechos son tozudos: los templos se vacían no por falta de gente en las ciudades o los pueblos, sino porque los participantes no tienen experiencia del poder de DIOS. Dirán los más avisados: lo primordial es haber tenido una experiencia del Amor de DIOS. Naturalmente, que en el vértice de los dones el primero está el Amor, pero en la secuencia de los hechos primero está el fuerte viento que llega y la sensación de que lo de alrededor se conmueve (Cf. Hch 2,2); en definitiva, una manifestación de poder de DIOS. El Pueblo de DIOS necesita caminar en un proceso de renovación permanente, en el que pueda tocar los signos externos que le transmiten el poder transformador. Esperamos al SEÑOR que viene poderoso en la alabanza de su Pueblo y danza con él.

 

Un tiempo para la exhortación

Nuestra vida cristiana es bastante compleja, a pesar de su aparente sencillez. El pasaje evangélico de hoy, podría aducirse como argumento en contra de lo expuesto anteriormente  sobre el texto de Sofonías. Juan el Bautista es un prototipo de persona que ejerce la exhortación para levantar los ánimos, disponer a la vigilancia y tensar la conducta en dirección a la justicia social. La inminente llegada del MESÍAS no puede encontrar un Pueblo disipado y vuelto sobre su indolencia. En los versículos recogidos por san Lucas para las firmes advertencias de Juan Bautista, los destinatarios son las élites del Pueblo: los fariseos, los escribas, los publicanos e incluso los soldados romanos. Juan Bautista se dirige a estos grupos con palabras de reconvención, firmes e incluso con cierta dureza. San Lucas, de todas formas, nos dice que Juan “con muchas exhortaciones enseñaba al Pueblo la Buena Nueva” (Cf. Lc 3,18). En la predicación de Juan Bautista la Buena Nueva estaba aún velada, pues Juan hablaba del que venía detrás de él, al que no era digno de desatar la correa de la sandalia, ÉL os bautizará con ESPÍRITU SANTO y fuego” (Cf. Lc 3,16). La Buena Noticia, o el Evangelio de Juan, se estaba cifrando en la presencia del MESÍAS, que iba a manifestar el perfecto cumplimiento a las profecías dadas sobre el Día del SEÑOR: “el MESÍAS tiene en su mano el bieldo para aventar la paja y quemarla; y almacenar el grano en el granero (Cf. Lc 3,17).

 

Obras a realizar

Con objeto de prepararse a la llegada del MESÍAS las gentes en general le preguntan a Juan, y éste responde aludiendo a las obras de misericordia materiales: “el que tenga dos túnicas, que reparta con el que no tiene, y el que tenga alimentos, que haga lo mismo” (Cf. Lc 3,11). Las ONGs en nuestros tiempos, o las asistencias oficiales de los gobiernos, han sustituido buena parte de las acciones asistenciales llevadas a cabo por la Iglesia. Este logro social  forma parte de la influencia de la Doctrina Social de la Iglesia. En los países de misión no se entiende la evangelización, sin la correspondencia en paralelo de la promoción humana. De vuelta a nuestras ciudades, las Cáritas parroquiales y diocesanas resuelven las carencias que los  servicios sociales oficiales y las propias ONGs no realizan. Sin embargo estas acciones eclesiales, que son posibles por la aportación de los fieles particulares, no son suficientemente valoradas como acciones evangelizadoras. Entre las clases humildes de nuestra sociedad discurre la ayuda solidaria en tiempos de crisis social, y las familias sustentadas por los mayores han sido el colchón social donde se han resuelto situaciones de mucha gravedad. Las fechas navideñas son propicias para las actuaciones movidas por la generosidad.

 

Unos publicanos

Nadie acogía o quería mezclarse con los publicanos, pues eran considerados como los principales colaboracionistas con la dominación del Imperio Romano. Roma fijaba una tasa de impuestos que el publicano se comprometía a ingresar en las arcas imperiales. El excedente a la cantidad señalada era ganancia para el recaudador. Pero esta misma disposición aparecía  con los colaboradores del publicano responsable, que buscaba la colaboración de recaudadores que estaban bajo su jurisdicción. Por tanto la carga impositiva podía resultar agobiante para las personas sencillas, que se movían en una economía de subsistencia. Al preguntar a Juan, ¿qué debían hacer ellos?, la respuesta encuentra toda su lógica: “no exijáis más de lo que está señalado” (Cf. Lc 3,13). Juan Bautista no rechazó a los publicanos por el oficio que realizaban y les ofreció la orientación precisa y suficiente para pertenecer al grupo de los que el MESÍAS iba a llamar. De hecho, uno de los apóstoles sería Leví, que era recaudador; y el mismo san Lucas nos cuenta el caso del recaudador de Jericó llamado Zaqueo (Cf. Lc 19,1ss). Ejercían un papel de control social los sumos sacerdotes, el Sanedrín y los del Templo, con el respaldo de Roma, pues la asignación de la guardia militar del Templo dependía directamente de Roma. El Imperio dejaba la práctica religiosa particular en los propios territorios, y de forma especial entre los judíos muy celosos de su religión. Los sumos sacerdotes lo sabían y habían conseguido mucho poder social y político, de hecho es significativa la coacción que sintió Pilato en el juicio que le plantearon contra JESÚS. El Procurador temía cualquier informe negativo de los sumos sacerdotes ante el Emperador. Por todo ello la discriminación social de los recaudadores tenía mucho de cinismo e hipocresía.

 

Unos soldados

La figura de Juan Bautista llamó la atención de los soldados extranjeros romanos, que vieron  en aquel hombre de gran ascetismo alguien fuera de lo común. El estilo de vida de Juan Bautista daba credibilidad a sus palabras. La austeridad de vida del Bautista sólo era posible  soportarla si la persona estaba sostenida por una fuerza sobrenatural. Algunos soldados también preguntan a Juan por el mejoramiento de su actuación para encontrar el camino por el que vaya aparecer el MESÍAS: “no hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas y contentaos con vuestra paga” “Cf. Lc 3,15). A ninguno de estos grupos envió Juan Bautista al Templo a realizar algún tipo de ofrenda o sacrificio. Todo lo que debían hacer  giraba en torno a su propio estilo de vida. El MESÍAS estaba para llegar y debía encontrar corazones bien dispuestos, y alejados de los ritualismos vacíos con los que se calmaban las conciencias defectuosas. No es que Juan despreciase al Templo como institución religiosa, pero su predicación y estilo de vida estaba muy alejado de las prácticas institucionales.

 

Una pregunta justificada

“Como el Pueblo estaba a la espera, pensaban todos en su corazones, ¿no será Juan el CRISTO?” (Cf. Lc 3,15). Juan estaba en la línea del rigor ascético practicado por los esenios, a pocos kilómetros del lugar donde él realizaba su ministerio. Pero Juan Bautista no adoptaba una posición excluyente. Por otra parte, Juan Bautista tenía una doctrina y Mensaje bastante alejado de los esenios, pues estaba movido por el ESPÍRITU SANTO que le daba la certeza de una acción universal del mismo. Las profecías iban a cumplirse en el Israel que acudía a su encuentro para ser bautizado, sin privilegios de ningún grupo cerrado. Juan aclara que el CRISTO, el UNGIDO, está poseído por el ESPÍRITU SANTO, y por eso mismo está capacitado para bautizar a todos en el mismo ESPÍRITU SANTO. Juan predica en este sentido al estilo de los antiguos profetas, cuyas palabras se llenarían de contenido con el paso de los acontecimientos, pues sobre el bautismo en el ESPÍRITU SANTO nosotros, los del siglo presente, es posible que todavía no hayamos constatado suficientemente su alcance. Los tiempos avanzan entre luces y sombras y el contenido de la Palabra de DIOS mantiene su carácter de fuente que no está agotada. Gracias a esta incesante fecundidad vivimos cada Adviento y Navidad con un nuevo contenido espiritual.

 

San Pablo, carta a los Filipenses 4,4-7

Los de Filipo representan para san Pablo una comunidad modélica, “que vuestra mesura o templanza la conozca todo el mundo” (v.5), no obstante el apóstol les ofrece diversos consejos, que constituyen verdaderas pautas espirituales para el crecimiento en la Fe. La palabra y vida  de san Pablo desbordan enseñanza de primer nivel: todo en el apóstol se vuelve importante y  merecedor de tomarse en cuenta. En medio de sus consejos puede ofrecer un dato de máxima importancia: “te ruego a ti Sícigo, que ayudes a Evodia y a Síntique, pues lucharon por el Evangelio a mi lado, lo mismo que Clemente y demás colaboradores míos, cuyos nombres  están en el Libro de la Vida” (v.3). La constancia de estar inscrito en el Libro de la Vida es un dato de alta revelación, como JESÚS lo señaló para los discípulos entusiasmados de vuelta de la misión evangelizadora, en la que habían comprobado el poder recibido para someter a los espíritus malignos; entonces JESÚS lleva su atención a lo importante: “debéis alegraros de que vuestros nombres están inscritos en el Libro de la Vida” (Cf. Lc 10,20). Así también san Pablo, apóstol curtido a esas alturas en mil batallas, ofrece consejos, advertencias y exhortaciones, que constituyen verdaderas tesis o principios de vida cristiana cargados de sabiduría.

 

La alegría cristiana

¿Existe alguna alegría que no sea cristiana? Allá en el fondo del corazón del hombre la verdadera fuente de la alegría surge de DIOS mismo que la hace presente. Pero no podemos negar que existe una alegría más o menos evanescente, que ocupa los instantes y los días de muchas personas. Los cristianos practicantes hacemos gala de la alegría cristiana comparada con la alegría que ofrece el mundo; pero a los cristianos en general se nos nota poco esa alegría tan honda y espiritual. No contagiamos de alegría y esperanza a los que nos rodean con la suficiente fuerza de irradiación. Porque la alegría se contagia, tanto la de buena calidad como la que suena hueca y vacía. Vamos bien si en nuestra convivencia las personas que nos tratan perciben paz y esperanza y descargan un poco de los problemas acumulados. La exhortación de san Pablo es coherente: “estad alegres en el SEÑOR, os lo repito: estad alegres” (v.4). Suena a modo de imperativo las palabras del apóstol. San Pablo señala que la fuente de la alegría no está en uno mismo, sino en el SEÑOR, para eso, previamente, indicó que habíamos de ser revestidos por los sentimientos de CRISTO (Cf Flp 2,5). Cuando el horizonte de la vida se cifra en la transformación personal a semejanza del CRISTO glorioso (Cf. Flp 3,21), en un solo acto de Fe se resuelve la incertidumbre de la muerte y la seguridad de una vida con CRISTO para siempre. En unos tiempos donde la esperanza de vida tenía una media mucho más baja que en nuestros días, el episodio de la muerte de los de alrededor era un episodio muy repetido. En el SEÑOR se podía estar alegres, porque en nada cabía el temor a vivir fuera de la protección de una vida en CRISTO: “¿quién nos separará del Amor de DIOS manifestado en CRISTO JESÚS? (Cf. Rm 8,35-39).

 

El SEÑOR está cerca

De muchas formas, san Pablo siente y transmite la proximidad del SEÑOR. También JESÚS proclama su Evangelio, avisado que el Reino está cerca (Cf. Mc 1,15). La experiencia cristiana basada en la cercanía del SEÑOR y su reinado, hace que los ánimos estén vigilantes y serenos. Las exaltaciones apocalípticas ensombrecen el panorama cristiano y causan  desaprobación y rechazo al comprobar, en el corto plazo, que las predicciones no se cumplen. El tiempo de la gran Venida del SEÑOR pertenece al secreto mejor guardado, al que nadie hasta ahora ha tenido acceso; y dicho con verdad: ni falta que hace. Es más que suficiente vivir en cada etapa de la historia la proximidad del SEÑOR con sus dones en la acción del ESPÍRITU SANTO.

 

La oración

Recomendación magistral: “en toda ocasión presentad a DIOS vuestras peticiones mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias” (v.6). La acción de gracias por los beneficios recibidos es un reconocimiento expreso del Amor providencial de DIOS. A partir de la acción de gracias, la petición se constituye en una oración poderosa al estar ungida por el ESPÍRITU SANTO, que sabe pedir lo que nos conviene (Cf. Rm 8,26). La petición como intercesión por otras personas y necesidades generales constituye una fuerza espiritual de primera magnitud, pues DIOS responde ante la ausencia de interés personal egoísta. Una petición dialogada se constituye en oración, que el apóstol sugiere vaya acompañada de una actitud suplicante. Conviene pedir a DIOS ”por favor” y lejos de cualquier exigencia, aunque  nos podamos mantener en el tono de urgencia por la gravedad de los hechos, si ese es el caso.

 

La paz que el mundo necesita

Sabemos que la paz auténtica no es la mera ausencia de violencia física, sino el tipo de Paz con el que el SEÑOR bendice a los discípulos el día de su Resurrección. La Paz de JESUCRISTO es el nuevo Shalom –Paz-, que supone una bendición especial que hace presente al RESUCITADO en medio de la comunidad, y como consecuencia en el corazón de los reunidos. Esta Paz es un don muy especial, que caracteriza la predicación del Evangelio y deja el rastro de su presencia en medio de los convocados. “La Paz de DIOS que supera todo conocimiento custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en CRISTO JESÚS” (v.7). Parafraseando al libro de la Sabiduría (Cf. Sb 6,24), una multitud de personas portadoras de esta Paz del SEÑOR salvarán el mundo desangrado por la injusticia y la corrupción; pero esa Paz sólo viene de DIOS mismo y ÉL está dispuesto a darla porque somos sus hijos.

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