Tal y como advirtieron los analistas, el primer documento oficial del Sínodo incorpora las demandas de grupos LGBTIQ

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Ante la pasividad de muchos e inacción de otros, desde este medio hemos tratado de denunciar desde el principio la deriva ideológica de este proceso «de escucha».

Esta mañana se ha presentado en Roma el Documento para la Fase Continental del Sínodo (DEC) como un «elemento orientativo, de trabajo, de referencia, para la nueva etapa del proceso sinodal» que comenzó el Santo Padre Francisco en octubre de 2021 y se extiende hasta el 2024.

Entre los temas centrales, destacan la acogida de las personas LGBT, el escándalo de los abusos, los desafíos del racismo y del tribalismo, la guerra y la violencia.

La versión italiana de Vatican News, medio oficial del Vaticano, entra más a fondo sobre el texto presentado hoy por Mario Grech, secretario general del Sínodo.

«Están los pobres y los indígenas, las familias, los divorciados vueltos a casar y los padres solteros, las personas LGBTQ y las mujeres que se sienten “excluidas”. Están las víctimas de abuso o tráfico o racismo. Sacerdotes, exsacerdotes y laicos, cristianos y ‘distantes’ de la Iglesia, aquellos que desean reformas sobre el sacerdocio y el papel de la mujer, y aquellos que «no se sienten cómodos siguiendo los desarrollos litúrgicos del Concilio Vaticano II». Están los que viven en países de martirio, los que tienen que lidiar a diario con la violencia y los conflictos, los que luchan contra la brujería y el tribalismo», se lee en el documento.

Este es el Documento que servirá de base a los trabajos de la segunda etapa del camino sinodal iniciado por el Papa Francisco en octubre de 2021. Este documento recoge las aportaciones de todas las diócesis del mundo, que fueron resumidas y enviadas a la Secretaría General del Sínodo, ahora todos reunidos en un único documento: el «Documento para la etapa continental».

El Documento sinodal señala «una serie de tensiones» que ha puesto de manifiesto este proceso: nada que temer, pero algo que articular para «explotarlas como fuente de energía sin volverse destructivas». El primero es “la escucha como apertura a la acogida a partir de un deseo de inclusión radical”. “Nadie excluido” es, de hecho, uno de los conceptos clave del texto.

Las polémicas «bienvenidas» del Documento sinodal

Entre los que piden un diálogo más incisivo y un espacio más acogedor están, por ejemplo, ex sacerdotes que han dejado el ministerio para casarse. El documento destaca «la importancia de brindar formas de acogida y protección para las mujeres y los hijos de sacerdotes que no hayan cumplido el voto de celibato, quienes de lo contrario corren el riesgo de sufrir graves injusticias y discriminación».

Agárrense que aquí viene lo emocionante. Este documento oficial del Sínodo recoge que especialmente aquellos que «por diversas razones sienten una tensión entre la pertenencia a la Iglesia y las propias relaciones afectivas» piden una acogida. Divorciados vueltos a casar, padres solteros, personas que viven en un matrimonio polígamo, personas LGBTQ. “La gente pide que la Iglesia sea un refugio para los heridos y torcidos, no una institución para los perfectos ”, se lee en una contribución de E.U.

Mientras que desde Lesotho llega la petición de discernimiento por parte de la Iglesia universal: “Hay un nuevo fenómeno en la Iglesia que es una novedad absoluta en Lesotho: las relaciones entre personas del mismo sexo. Esta novedad representa un motivo de inquietud para los católicos y para quienes la consideran un pecado. Sorprendentemente, hay católicos en Lesotho que han comenzado a practicar este comportamiento y esperan que la Iglesia los acoja y la forma en que se comportan. Este es un desafío problemático para la Iglesia, porque estas personas se sienten excluidas”.

Resulta preocupante, a la vez que delirante, que este documento a petición de unos pocos «católicos» estén dispuestos a iniciar un debate dentro de la Iglesia para ver cómo aceptamos aquellos que libremente se han separado de la Iglesia. El catecismo es claro en esta cuestión. Los actos homosexuales son actos «intrínsecamente desordenados» y por tanto pecado mortal. Esto lo saben todos los católicos y este grupo lo que pide es que a pesar de sus errores y pecados que la Iglesia les diga que lo que están haciendo está bien.

Bajo la excusa de que «se sienten excluidos» pretenden crear un cargo de conciencia a los demás.

La solución que piden es que sea la Iglesia la que cambie y les acoja y acepte sus comportamientos desordenados.

Cabe recordarles que la Iglesia no excluye a nadie, es cada persona la que libremente con sus acciones decide separarse y autoexcluirse de la Iglesia.

Otro esperpento que recoge este documento es el siguiente: «África del Sur también sufre el impacto de las tendencias internacionales de secularización, individualismo y relativismo. En todas las diócesis, tanto rurales como urbanas, se plantearon cuestiones como la enseñanza de la Iglesia sobre el aborto, la anticoncepción, la ordenación de mujeres, los sacerdotes casados, el celibato, el divorcio y las segundas nupcias, la posibilidad de acercarse a la comunión, la homosexualidad y las personas LGBTQIA+. Han surgido diferentes puntos de vista y no es posible formular una posición comunitaria definitiva sobre ninguna de estas cuestiones» (CE Sudáfrica)».

Con este documento, el cardenal Mario Grech, Secretario general del Sínodo de los Obispos, el cardenal Hollerich, relator general del Sínodo y el español Luis Marín, subsecretario del Sínodo de los obispos se colocan en el punto de mira tras la publicación de este documento.

Puede consultar aquí el documento completo.

JUEVES 27 DE OCTUBRE DE 2022.

INFOVATICANA.

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