Su premio será grande en los cielos

- Solemnidad de Todos los Santos-

Sentido cristiano de las celebraciones del 1 y 2 de noviembre

  1. A los días 1 y 2 de noviembre popularmente se les conoce como días de los fieles difuntos, pero aunque en ambos días efectivamente  pedimos por nuestros seres queridos que han sido llamados por Dios, en realidad la Iglesia en cada uno de estos días celebra dos cosas distintas, aunque relacionadas en el único misterio de salvación en Cristo.
  2. El 1º de noviembre la Iglesia celebra la solemnidad de todos los santos; celebramos que un día, si hemos estado con Cristo y estamos en su gracia, perseverando así hasta la muerte, todos estaremos juntos en el cielo con todos los ángeles y santos de Dios. En este día celebramos no sólo a todos los santos canonizados, sino a todos los que, por la misericordia de Dios, nos habremos salvado, habiéndonos arrepentido de nuestros pecados y habiéndolos confesado pidiendo perdón de los mismos. Será el día gozoso en el que la Iglesia celestial estará completa, con todos los que aceptaron ser salvados pidiendo perdón de sus pecados. Es la comunidad de todos los salvados formando la Iglesia celestial, definitiva y eterna, como la que se nos describe en el libro del Apocalipsis refiriéndose al final de los tiempos (cf. la primera lectura en la Misa del 1 de noviembre). Por ello en este día el color litúrgico que usa el sacerdote es el blanco, para significar la gran solemnidad del triunfo absoluto y definitivo de Cristo en su obra de salvación.
  3. El 2 de noviembre, en cambio, la Iglesia pide por todos los fieles difuntos, es decir, por todos los que han sido llamados por Dios y, habiéndose librado de la condenación eterna (pues se arrepintieron de sus pecados, los confesaron y cambiaron de vida), están purificándose de sus faltas en el purgatorio; a estos hermanos también se les llama “las benditas ánimas del purgatorio”; benditas pues saliendo del purgatorio están destinadas a la vida eterna en el cielo. El color litúrgico que en este día usa el sacerdote es el morado, que nos indica que para estos hermanos todavía no llega el triunfo de su salvación definitiva en el cielo, aunque ya se salvaron pues evitaron la condenación eterna, sin embargo, ahora están purificándose en el purgatorio; y la caridad cristiana nos lleva a orar por ellos para que saliendo del purgatorio lleguen a la felicidad eterna. Por eso, esas benditas almas que ahora están en el purgatorio, y a las cuales ayudamos con nuestra oración, cuando llegan al cielo se convierten en nuestras intercesoras. Todo lo que ofrezcamos por estos hermanos, nuestras oraciones y sacrificios, y sobre todo la participación en la Santa Misa, contribuye a su purificación y llegada al cielo, y posteriormente, recibimos de ellos su intercesión.
  4. Por otra parte, es necesario señalar que no nos dejemos llevar por lo que exalta la celebración del “halloween” que no es cristiana, y nos lleva a deformar la fe, ensalzando lo negativo, lo deforme, lo malo o lo que es violento. Nada de eso viene de Dios. Si estamos con Dios nada hemos de temer nunca, DIOS es el único todopoderoso. Qué hermosa es la verdadera fe que nos dice que los que mueren en Cristo, están en la presencia de Dios, pues Cristo nos ha dicho: “Yo soy la Resurrección y la Vida” (cf. Jn 11,25).
  5. Cristianamente y con mucha fe, hagamos oración por nuestros seres queridos que han sido llamados por Dios, para que lleguen a encontrarse felices por toda la eternidad en el cielo, en compañía de los ángeles y de los santos. Y que un día, manteniéndonos cada uno en la gracia de Dios, lleguemos a estar todos juntos en el cielo, en la eterna comunión de amor con Dios.

Algunas acciones sugeridas para estos días:

Oración constante por nuestros seres queridos difuntos.

Avivar nuestra fe en nuestro Señor Jesucristo, Dios todopoderoso, Señor de la vida.

Alabemos siempre a Cristo, Dios y hombre verdadero, resurrección y vida de toda la humanidad (cf. Jn 11.25)

Si podemos, aunque si no es domingo no es obligatoria, participemos en la santa Misa para pedir por nuestros difuntos.

Igualmente pidamos la poderosa intercesión de la Virgen Madre de Dios, en favor de nuestros difuntos; si es posible recemos al menos una parte del santo Rosario.


No favorezcamos celebraciones que además de estar vacías de fe, ni siquiera pertenecen a la cultura mexicana (como es el halloween). La cultura mexicana, en cambio, es de fe cristiana católica, y considera la muerte como un paso a la vida eterna.

Nota: Recordemos que hay algunos que rinden un culto a la llamada “santa muerte”; recordemos que la muerte no es una persona, es un hecho. El culto a la “santa muerte” es algo inventado, no real, pues hace unos años antes, averigüemos y comprobaremos que no existía. 

El culto a la “santa muerte” es un acto de idolatría, pecado muy grave condenado por Dios, pues es considerar la muerte como si fuera Dios, cuando en realidad ni siquiera existe como persona. Es el diablo el que quiere que no rindas culto a Dios, sino a algo que no sea Dios: ese es el pecado de la idolatría tan ampliamente condenado en la Biblia.

Dios es un Dios de vivos (cf. Mt 22,32) y que quiere que el hombre viva en la eternidad, feliz y en comunión con Él para siempre.

El santo Evangelio de este día 1º de noviembre

 + Del santo Evangelio según san Mateo: 5,1-12

         En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, y les dijo:

         “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos

los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

         Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será  grande en los cielos”.

Palabra del Señor.        R. Gloria a ti, Señor Jesús.

COMENTARIO: 

  1. El santo Evangelio de este 1º de noviembre nos invita a considerar cada una de las bienaventuranzas que Jesús nos anuncia como una gran promesa, la promesa de la vida eterna, de la felicidad eterna para todos aquellos que guarden y practiquen el evangelio de Jesús. Si somos fieles hasta el final a la fe en Cristo, si perseveramos en su seguimiento incluso, como dice Jesús, “…cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía”, entonces nos haremos acreedores a lo que Jesús nos afirma y promete: “Alégrense y salten de contento, porque su premio será  grande en los cielos”. Y ello se realizará cuando estemos todos juntos en el cielo, formando parte de la Iglesia celestial, ya triunfante para toda la eternidad, que es lo que celebramos en esta solemnidad de todos los santos. Reflexionemos pues lo que nos dice Jesús en el santo evangelio de este día.
  2. Este capítulo 5 del Evangelio según San Mateo nos refiere que “…Jesús vio a la muchedumbre…”. Hay que tomar en cuenta que no se trata sólo de un ver físicamente, sino de un ver con compasión divina de salvación, pues los humanos andamos “…como ovejas sin pastor” (Mt 9,36), y, como aparece en el santo Evangelio,  la preocupación de Jesús es predicar la Buena nueva de salvación, el Evangelio (cf. Lc 4,43), pues como dice San Pablo, Dios “…quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tm 2,4).
  3. “…subió al monte y se sentó…”: lo cual evoca que es el nuevo Moisés profetizado, y que así como desde una montaña Moisés dio a conocer la ley de Dios de los diez mandamientos, así ahora Cristo, como nuevo Moisés, da a conocer la perfección de esa ley mosaica en la ley del amor, que trasciende con mucho la perspectiva legalista de los judíos, y que tendrá su culmen en la muerte y resurrección de Cristo.
  4. La enseñanza del “nuevo Moisés” son las bienaventuranzas, llamadas así pues prometen la felicidad a quienes practiquen lo que ellas contienen, y se les ha llamado “la Carta magna del cristianismo”.
  5. Todas las bienaventuranzas terminan señalando el premio a quien las practique, y aunque las expresiones sean variadas en realidad se refieren a lo mismo: a la vida eterna del Reino de los cielos. Brevemente, examinemos cada una de ellas:
  6. 1) “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”: no se trata de la simple pobreza material,  sino del vaciarse de sí mismo y desapegarse de los bienes materiales; aunque también hay que decir que por parte de Dios siempre hay una mayor solicitud por los que de cualquier forma sufren, o tienen carencias, pues a todos nos ama como verdaderos hijos; y también hay que señalar que la pobreza material puede favorecer vivir esta bienaventuranza para quien sabe aprovechar su situación para poner toda su confianza en Dios, mientras que la posesión de abundantes bienes materiales puede obstaculizar la vivencia de esta bienaventuranza, no en cuanto que la riqueza sea mala en sí misma, sino en cuanto que el hombre puede llegar a confiar más en lo material que tiene, que en Dios mismo. Por ello, el que tiene bienes materiales y los pone al servicio de Dios y de los hermanos, puede llegar a vivir plenamente la bienaventuranza.
  7. 2) “Dichosos los que lloran, porque serán consolados”: los que sufren poniendo su esperanza en Dios.
  8. 3) “Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra”: los que no hacen el mal y sufren.
  9. 4) “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados”: todos los que sinceramente buscan la verdad, el bien y la justicia; todo esto poseerán en la vida eterna.
  10.  5)“Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia”: Jesús lo dijo claramente “…con la medida con que midieren se les medirá” (Mt 7,2)
  11. 6)“Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios”: los limpios de pecado y que buscan a Dios sinceramente.
  12. 7)“Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios”: sólo en Cristo se da la verdadera paz, pues ella no es la mera ausencia de conflicto sino el sincero amor fraterno como hijos de Dios.
  13. 8)“Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos”: en la medida que alguien es sincero en su búsqueda del bien, la verdad y la justicia, en esa medida, consciente o inconscientemente, está siendo cristiano, pues “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz” (Jn 18,37).
  14. Tradicionalmente se habla de ocho bienaventuranzas, pero el texto evangélico nos da una novena que, aunque se sale de la forma de presentación de las anteriores,  en última instancia les da  a todas ellas un sentido profundo y concreto en cuanto que las refiere a Cristo; y en ello se evidencia que la figura de Jesús trasciende absolutamente la de Moisés, en cuanto que todas las bienaventuranzas están referidas a Cristo, por lo cual Cristo es infinitamente más que Moisés, es Dios mismo: “Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía”.
  15. Esta bienaventuranza final, Cristo la refiere, no en general a quien sea que la practique, sino concretamente a sus discípulos, pues les dice: “Dichosos serán ustedes…”. Y ello alude también a que sólo con la gracia de Cristo y la gracia de ser su discípulo, el ser humano puede realmente actuar conforme a las bienaventuranzas antes promulgadas.
  16. El centro de la última bienaventuranza está referido a Cristo, y ello mismo da sentido general a todas las anteriores; es decir, las bienaventuranzas se concretizan sólo en el seguimiento de Cristo, de su enseñanza de vida en el Evangelio, de su entrega total en el sacrificio de la cruz, y en el amor “hasta el extremo” manifestado en Cristo (Jn 13,1). No podrían entenderse las bienaventuranza vividas sólo como un moralismo, desvinculadas de Jesús, que es el único camino para ir al Padre.
  17. La parte final de esta última bienaventuranza, misma que da sentido a todas las demás, indica que todas éstas se realizarán en el contexto de la fidelidad a Cristo y su verdad de salvación, concretamente en el contexto de la persecución: “…si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán” (Jn 15,20).
  18. Sin embargo, a pesar de lo recio de la persecución a la fe cristiana a lo largo de los siglos, y de lo cual en México conocemos por el heroísmo de nuestros mártires cristeros, Jesús asegura a sus discípulos un gran consuelo: Alégrense y salten de contento, porque su premio será  grande en los cielos”. Digno de observarse, y que es real, y que es todo un consuelo en medio de la persecución es el énfasis al decir “…salten de contento…”.
  19. Que la Santísima Virgen María, que dijo “…me llamarán bienaventurada todas las generaciones…” (Lc 1,48), pues fue elegida para ser la Madre de Cristo, y sin duda ella, más que nadie, vivió la bienaventuranza de sufrir todo por su Hijo hasta ofrendarlo en la cruz, nos enseñe a vivir a Cristo con felicidad inmensa, tanto en la vida diaria como en la persecución y las penalidades.
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