Sólo hay un tesoro que no envejece…

¿Cuántas personas pasan por la vida buscando un tesoro? Unos creen que será el dinero, otros el éxito, el poder, las saludo el reconocimiento. Corren de un lado a otro convencidos de que, cuando por fin lo encuentren, serán plenamente felices. Y, sin embargo, después de conseguir muchas cosas, el corazón se sigue sintiendo vacío.

Hoy Jesús nos cuenta la historia de un hombre que encuentra un tesoro escondido en un campo. También habla de un comerciante que descubre una perla de un valor incomparable. Con estas imágenes, Jesús quiere decirte algo sencillo y muy profundo.

El mayor tesoro que puedes encontrar no es una cosa, es Dios mismo. Fíjate en un detalle. El hombre del Evangelio vende todo, pero no lo hace con tristeza.

Jesús dice que lo hace lleno de alegría. Esa es la diferencia. Cuando descubres a Cristo de verdad, no sientes que Él te quita la libertad.

Descubres que te libera. No piensas que pierdes. Comprendes que, por fin, has encontrado aquello para lo que siempre fue creado tu corazón.

Eso fue exactamente lo que experimentó San Pablo después de conocer a Cristo, cuando pudo decir una de las frases más hermosas de toda la Escritura. Dijo, todo lo considero basura, con tal de ganar a Cristo. No despreciaba las cosas buenas de este mundo.

Simplemente había encontrado un bien infinitamente mayor. Quien ha descubierto un diamante, ya no se deslumbra con un pedazo de vidrio. Quien ha encontrado a Cristo, comprende que nada puede compararse con Él.

Quizá tú también has buscado la felicidad en muchos lugares. Has pensado que un problema resuelto, una cuenta bancaria más grande, una salud perfecta o el reconocimiento de los demás te darían la paz. Pero la experiencia termina enseñándonos que todo eso pasa.

Solo hay un tesoro que no envejece, no decepciona y no puede ser arrebatado, el amor de Jesucristo. Tal vez lo más triste no sea perder el dinero, la salud o el prestigio. Lo más triste sería pasar toda la vida caminando sobre un tesoro sin descubrirlo.

Cristo está más cerca de ti de lo que imaginas. Te espera en la Eucaristía, en su palabra, en la oración, en los pobres y en los acontecimientos sencillos de cada día. El problema no es que Dios se esconda.

Muchas veces somos nosotros quienes buscamos en el lugar equivocado. Hoy Jesús no te pregunta cuánto tienes. Te pregunta qué lugar ocupa Él en tu corazón.

Porque quien encuentra a Cristo ya no necesita llenar su vida de muchas cosas. Ha encontrado el único tesoro capaz de llenar toda su vida. Que esa sea la frase que te acompañe durante toda esta semana. No busques un tesoro para ser feliz. Descubre a Cristo y habrás encontrado un tesoro.

Esta semana dedica 10 minutos diarios a encontrarte con Jesús en silencio, leyendo el Evangelio o haciendo una visita al Santísimo en la iglesia.

Segundo, antes de tomar una decisión importante, pregúntate, ¿esto me acerca más al verdadero tesoro que es Cristo?

“Señor Jesús, tantas veces he buscado la felicidad donde no podía encontrarla. Hoy quiero descubrir que Tú eres el tesoro por el que vale la pena entregarlo todo. Abre mis ojos para reconocerte. Enséñame a preferirte sobre cualquier otro bien y llena mi corazón de la alegría que sólo nace de vivir contigo. Que nunca me aparte de Ti y que cada día te ame con un amor más grande. Amén”.

Feliz domingo. Dios te bendiga.

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