¿Alguna vez has tenido que tomar una decisión difícil sin tener todas las respuestas? ¿Has sentido esa angustia de no entender lo que está pasando, pero aún así tener que avanzar? En esos momentos tu corazón late más rápido, la mente se llena de preguntas y lo más fácil es actuar por impulso… Pues así estaba José, justo antes del nacimiento de Jesús.
El evangelio de este cuarto domingo de adviento nos muestra a José profundamente humano, un hombre bueno, fiel, que descubre que María está esperando un hijo y no comprende nada. José no sabe aún que el origen de ese niño es del Espíritu Santo y, sin embargo, no reacciona con ira, ni con enojo, ni con juicio. Su corazón es tan justo, tan lleno de Dios, que prefiere perder su propia felicidad antes que herir a María.
Y es justo ahí que interviene Dios en un sueño, ese lenguaje suave que toca la parte más profunda de nuestra alma. José escucha: “No temas, el hijo que lleva María viene del Espíritu Santo”. Una sola palabra divina basta para calmar todas sus tormentas interiores y José, sin tener garantías, cree, obedece y ama.
A veces tú también vives situaciones que no entiendes, decisiones complicadas, miedos que te despiertan de madrugada, cambios que no buscabas. Muchas veces, ante lo que te descoloca, reaccionas como cualquiera, te cierras, te enojas, juzgas, te escapas o te llenas de ansiedad.
Pero mira José, no gritó, no humilló, no actuó desde el impulso, él escuchó, él confió, él obedeció. ¿Qué pasaría si tú hicieras lo mismo? Si en vez de reaccionar desde el miedo, reaccionaras desde la fe. Si en vez de oír, dejaras que Dios te hable. Si en vez centrarlo todo en tus planes, dejaras que Dios hiciera algo nuevo en tu vida.
Cuando eliges reaccionar con calma, con apertura interior y confianza, como San José, dejas de sentirte amenazado y empiezas a actuar con sabiduría. Puedes ver mejor, decidir mejor, escuchar mejor. José no fue un héroe por su sentimiento, sino por su capacidad de abrirle espacio a Dios en su vida.
Con el ejemplo de San José, hoy el Señor te invita con firmeza a dejar de vivir reaccionando impulsivamente y comenzar a vivir respondiendo con serenidad. Esto implica renunciar a la impulsividad que hiere, dejar el juicio fácil sobre los demás, abandonar el miedo que te paraliza, abrir tu corazón para que Dios te hable en lo profundo.
Dios te dice hoy lo mismo que dijo a José, no tengas miedo. No tengas miedo de amar más, de confiar más, de obedecer más, de dejar que Dios tome el centro de tu vida.
Te propongo dos compromisos muy sencillos para esta última semana de adviento.
Primero, cada mañana di como San José, Señor, “Haz en mí tu voluntad, aunque no entienda”. Segundo, cuando sientas preocupación o enojo, haz una pausa de veinte segundos, respira profundo, lento, invoca al Espíritu Santo y decide desde la fe, no desde la emoción.
Termino invitándote a contemplar una imagen que resume este domingo. San José, silencioso, confiado, obediente, sostiene en sus manos la historia de la salvación porque se dejó sostener primero por Dios. Que tú también puedas sostener a tu familia, tus decisiones y tu vida desde esa misma confianza. “Señor San José, mi padre y protector fiel, enséñame a creer, a obedecer y amar como tú”.
¡Feliz domingo! Dios te bendiga.

