* Si –por tener fija la mirada en Dios– sabes mantenerte sereno ante las preocupaciones, si aprendes a olvidar las pequeñeces, los rencores y las envidias, te ahorrarás la pérdida de muchas energías, que te hacen falta para trabajar con eficacia, en servicio de los hombres (Surco, 856).
Lucha…
- contra las asperezas de tu carácter,
- contra tus egoísmos,
- contra tu comodidad,
- contra tus antipatías…
Además de que hemos de ser corredentores, el premio que recibirás –piénsalo bien– guardará relación directísima con la siembra que hayas hecho (Surco, 863).
Tarea del cristiano: ahogar el mal en abundancia de bien.
No se trata de campañas negativas, ni de ser antinada.
Al contrario:
- vivir de afirmación,
- llenos de optimismo,
- con juventud, alegría y paz;
- ver con comprensión a todos: a los que siguen a Cristo y a los que le abandonan o no le conocen.
–Pero comprensión no significa abstencionismo, ni indiferencia, sino actividad. (Surco, 864)
Paradoja: desde que me decidí a seguir el consejo del Salmo: «arroja sobre el Señor tus preocupaciones, y Él te sostendrá», cada día tengo menos preocupaciones en la cabeza…
Y a la vez, con el trabajo oportuno, se resuelve todo, ¡con más claridad! (Surco, 873)

Por SAN JOSEMARÍA.

