Esta semana en Würzburg marca un hito para la Iglesia católica en Alemania.
La asamblea plenaria de primavera de la Conferencia Episcopal Alemana elegirá a un nuevo presidente para suceder a Georg Bätzing, quien ha anunciado que no se presentará a un segundo mandato tras seis años al frente del episcopado.
Pero tras esta renovación institucional se cierne una confrontación más profunda: el futuro del Camino Sinodal y el concepto mismo de autoridad dentro de la Iglesia.
Varios nombres circulan entre los favoritos.
- Udo Markus Bentz, arzobispo de Paderborn, parece ser una figura capaz de unir a las diversas facciones.
- Stephan Ackermann, obispo de Tréveris, lleva mucho tiempo involucrado en procesos de reforma.
- Franz-Josef Overbeck, obispo de Essen, es una de las voces más firmes dentro del campo sinodal.
- El nombre de Heiner Wilmer, obispo de Hildesheim, también se menciona como una posible opción.
La elección tendrá implicaciones que se extenderán más allá de la presidencia, ya que la Conferencia está actualmente plagada de divisiones.
El contexto está marcado por los debates en torno a las resoluciones del Camino Sinodal sobre:
- la bendición de las uniones entre personas del mismo sexo,
- la disciplina del celibato sacerdotal,
- el acceso de las mujeres al diaconado y al sacerdocio,
- y el papel de los laicos en el gobierno de la Iglesia.
Varios obispos han expresado reservas, mientras que otros esperan una rápida implementación de las directrices adoptadas.
El punto más delicado se refiere a la propuesta de creación de una «Conferencia Sinodal» nacional con poder de decisión. Según los estatutos en debate, este órgano reuniría a obispos y representantes del Comité Central de Católicos Alemanes, con una importante presencia de miembros no obispos. El objetivo declarado es establecer una corresponsabilidad estructurada y permanente entre pastores y fieles. Sin embargo, el sistema propuesto también incluye mecanismos mediante los cuales los obispos tendrían que justificar su postura si se negaran a implementar ciertas decisiones adoptadas a nivel nacional. En la práctica, un obispo que no tuviera intención de introducir en su diócesis las innovaciones deseadas por la mayoría podría verse obligado a justificarse ante el órgano sinodal. Varios observadores creen que dicho sistema equivaldría a un control indirecto, ya que la autoridad episcopal estaría enmarcada por una estructura que funciona de forma similar a una asamblea deliberativa.
Este desarrollo plantea cuestiones doctrinales y eclesiológicas. El Concilio Vaticano II, en particular en la constitución Lumen Gentium, reitera que los obispos, en comunión con el Sucesor de Pedro, ejercen su propia autoridad dentro de sus diócesis. Los críticos del proyecto temen un cambio de rumbo hacia un modelo más parlamentario que jerárquico, mientras que sus defensores lo ven como una respuesta a las expectativas de participación y transparencia expresadas por muchos fieles. Las relaciones con Roma constituyen otra fuente de tensión. Varias iniciativas derivadas del Camino Sinodal han suscitado reservas por parte de la Santa Sede. En este contexto, el futuro presidente de la Conferencia Episcopal no solo deberá intentar superar las divisiones internas, sino también mantener un diálogo con las autoridades romanas sobre temas delicados.
Las elecciones que se celebrarán en Wurzburgo no serán, por lo tanto, un simple cambio de liderazgo. Podrían determinar el ritmo y la dirección de las reformas en Alemania, así como la forma en que se preservará o redefinirá la autoridad de los obispos ante una estructura sinodal destinada a desempeñar un papel más importante. Para la Iglesia en Alemania, esta semana se presenta como un momento crucial, donde está en juego el equilibrio entre la innovación institucional y la fidelidad a la concepción católica del gobierno eclesiástico.
CAMILE LESCARD.
BERLÍN, ALEMANIA.
LUNES 23 DE FEBRERO DE 2026.
TCH.

