* Santificar el propio trabajo no es una quimera, sino misión de todo cristiano…: tuya y mía.
– Así lo descubrió aquel ajustador, que comentaba: «me vuelve loco de contento esa certeza de que yo, manejando el torno y cantando, cantando mucho –por dentro y por fuera–, puedo hacerme santo…: ¡qué bondad la de nuestro Dios!» (Surco, 517)
En esta hora de Dios, la de tu paso por este mundo, decídete de verdad a realizar algo que merece la pena: el tiempo urge, y ¡es tan noble, tan heroica, tan gloriosa la misión del hombre –de la mujer– sobre la tierra, cuando enciende en el fuego de Cristo los corazones mustios y podridos!
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- * Santificar el propio trabajo no es una quimera, sino misión de todo cristiano…: tuya y mía.
- – Así lo descubrió aquel ajustador, que comentaba: «me vuelve loco de contento esa certeza de que yo, manejando el torno y cantando, cantando mucho –por dentro y por fuera–, puedo hacerme santo…: ¡qué bondad la de nuestro Dios!» (Surco, 517)
–Vale la pena llevar a los demás la paz y la felicidad de una recia y jubilosa cruzada. (Surco, 613)
- Unas veces dejas que salte tu mal carácter, que aflora, en más de una ocasión, con una dureza disparatada.
- Otras, no te ocupas en aderezar tu corazón y tu cabeza, con el fin de que sean aposento regalado para la Santísima Trinidad...
- Y siempre, acabas por quedarte un tanto lejos de Jesús, a quien conoces poco…
–Así, jamás tendrás vida interior. (Surco, 651)
Remedio para todo: ¡santidad personal!
–Por eso, los santos han estado llenos de paz, de fortaleza, de alegría, de seguridad… (Surco, 653)

Por SAN JOSEMARÍA.

