La Iglesia celebra hoy a San Juan Bosco (1815 – 1888):
- Juan Bosco nació en 1815 en un pueblo del Piamonte.
- Sus padres eran agricultores pobres, pero su madre, viuda y con tres hijos, era una mujer piadosa.
- El carácter alegre de Juan ejerció una gran influencia sobre los niños de su edad.
- Los atraía con su amabilidad y combinaba con ellos el juego y la oración.
- Dotado de una memoria extraordinaria, se deleitaba repitiéndoles los sermones que había escuchado en la iglesia.
- Estas fueron las primeras señales de su vocación apostólica.
- Su corazón, apoyado por el de su madre y un bondadoso sacerdote anciano, anhelaba el sacerdocio.
- La pobreza, al obligarlo a realizar trabajos manuales, parecía impedirle estudiar.
- Pero, por la gracia de Dios, su valentía y su agudo intelecto superaron todos los obstáculos.
En 1835, fue admitido en el seminario mayor. «Jean», le dijo su madre, «recuerda que lo que honra a un clérigo no es su hábito, sino su virtud. Cuando viniste al mundo, te consagré a la Virgen; al comenzar tus estudios, te recomendé que fueras su hijo; que fueras suyo más que nunca y que la amaras a quienes te rodeaban».
En el seminario, así como en el pueblo y en la escuela, Juan Bosco prefiguró su misión como apóstol de la juventud, dando ejemplo de trabajo alegre y virtud a sus compañeros. Ordenado sacerdote en 1841, llegó a Turín. Conmovido por el sufrimiento físico y espiritual de los jóvenes abandonados, reunía a algunos vagabundos los domingos, instruyéndolos, guiándolos en la moralidad y dirigiéndolos en la oración, a la vez que les proporcionaba un sano esparcimiento. Pero este trabajo dominical no era suficiente para sostener la vida cristiana, ni siquiera el bienestar físico, de estos pobres niños.
Juan Bosco, a pesar de estar completamente sin un céntimo, se propuso abrir un albergue para los más necesitados. Compró una casa por 30.000 francos, pagaderos en dos semanas. «¡Qué!», dijo su madre, que se había convertido en su asistente, «¡pero no tienes ni un céntimo!». «¡Vamos!», respondió el hijo, «si tuvieras dinero, ¿me lo darías? Bueno, madre, ¿crees que la Providencia, que es infinitamente rica, es menos buena que tú?».
Éste es el tesoro divino de fe, de esperanza y de caridad, del que Juan Bosco, a pesar de todas las dificultades humanas, no dejó nunca de beber, para fundar sus dos Sociedades Salesianas de Religiosos y Religiosas, la primera de las cuales supera los 8.000 miembros, y la segunda los 6.000, con obras de caridad multiplicadas hoy en todo el mundo.
Por ABBÉ L. JAUD.
VIDAS DE LOS SANTOS.

