En ejercicio del derecho de rectificación, el exabogado de las víctimas del caso “Lute” Ricardo Coronado ha remitido a Infovaticana una comunicación en la que aclara ciertos extremos del artículo publicado el 27 de octubre de 2025 bajo el título «La Iglesia dejó a las víctimas del pederasta Lute sin abogado, tras inhabilitarlo con métodos opacos».
Atendiendo al derecho de rectificación o aclaración de la información publicada que le involucra directamente, reproducimos la carta recibida íntegramente:
Lima, 27 de octubre de 2025
Sres. Infovaticana
Madrid-España
(Vía email)
Muy señores míos:
He seguido con atención —y general aquiescencia— la serie de artículos dedicados a desvelar lo que ustedes generosamente llaman opacidad —yo lo llamaría oscuridad— del caso “Lute” y la intervención del entonces obispo Robert Prevost. Como resulta obvio, mi participación como anterior abogado de las víctimas me ha incluido de lleno en él.
No obstante, el día de hoy se ha publicado un artículo titulado: “La Iglesia dejó a las víctimas del pederasta Lute sin abogado, tras inhabilitarlo con métodos opacos”. En él hay una afirmación que no es precisa y posiblemente dé lugar a mayores suspicacias. Se dice:
“…el testimonio de una persona adulta, identificada con las iniciales M.V.T., que relató un encuentro personal con Coronado en Lima de carácter íntimo, aunque sin consumación «plena», cuyo carácter sexual niega Coronado, así como unas conversaciones obscenas por Facebook.”
Un detalle importante que era hasta la fecha desconocido para mí, es que esta persona, según el National Catholic Reporter en su artículo del 29 de septiembre pasado Exclusive: Pope Leo critic now says her lawyer might have had a secret agenda | National Catholic Reporter, fue atendida por el mismo Prevost:
“Prevost led that investigation into Coronado-Arrascue’s alleged offense during the future pope’s tenure as head of the Peruvian bishops’ commission for listening to abuse victims, a source directly involved with the investigation told NCR.”
Traducido:
“Prevost dirigió esa investigación sobre la presunta ofensa de Coronado-Arrascue durante el mandato del futuro papa como jefe de la comisión de obispos peruanos para escuchar a las víctimas de abusos, según dijo a NCR una fuente directamente involucrada en la investigación.”
Estos dos párrafos merecen los siguientes matices:
Esta persona, que es ya cercana a los cincuenta años, no puede ser considerada víctima en absoluto. En todo caso, yo he sido la víctima tanto de ella como de quien le asesoró inoculándole un resentimiento que trató de atenuar en el caso de Lute, a quien el obispo Prevost, sin dudas, encubrió.
Prevost dirigió la investigación contra mí, el abogado que investigaba su propia negligencia; y es el mismo Prevost quien pide me inhabiliten.
El tal carácter íntimo que ustedes señalan en su artículo me parece absolutamente alucinante. De las tres veces que he visto a esta persona, dos fueron en público porque iba a las misas que yo celebraba y me acosaba a la salida de la Iglesia.
La única vez que deseé dialogar con M.V.T., esta persona deseaba propasarse so pretexto de ser experta en terapias que yo sí necesitaba.
La apostilla: “sin consumación plena” francamente solo cabe en la cabeza de una persona que no tiene contacto con la realidad. Puedo afirmar, con toda verdad, que yo nunca toqué de ningún modo a esa persona, fuera de dar la mano, o lo que sea parte de un saludo en público.
Respecto a los mensajes del Facebook debo decir que están totalmente editados: las versiones que usó el obispo Circuncisión de Cajamarca y que presumiblemente fueron usadas en Roma para satisfacer los intereses de Prevost, carecen de las formalidades suficientes para ser considerados prueba en juicio: las partes que supuestamente esta persona escribía son ilegibles mientras que los comentarios supuestamente míos, llenos de vulgaridad, son perfectamente legibles. Los mensajes que se usan en el proceso carecen de todo tipo de metadatos. No se sabe quién es el emisario, ni el día ni el tiempo en que fueron enviados. Han sido por supuesto rechazados por el juez en el tribunal de Perú y serían rechazados en cualquier sistema de derecho civil; ¡pero parecen ser la base de una pena en el desacreditado sistema canónico!
Por ese motivo les pido que publiquen esta correspondencia para que no quede de ningún modo consentido que yo tuve una relación de carácter permanente íntimo, sexual o romántico con ninguna persona. Mucho menos un concubinato o haya vivido en pecado público.
Hago propicia la ocasión para señalar el posible actual y permanente pecado público del entonces obispo Prevost y llamarlo a la conversión. Mi fuerte sospecha y temor es que a quien tenemos hoy por “papa” haya usado a los siguientes obispos e instituciones del siguiente modo:
- Al obispo de Cajamarca, Circuncisión Martínez Chuquizana, quien desde el comienzo de mi reincorporación a la diócesis me hostigó activamente e inició una investigación usando el canon 277 como si fuera un canon penal.
- Al obispo Víctor Emiliano Villegas Suclupe de Chota, quien no tiene ni tenía autoridad sobre mí, para amedrentarme y humillarme en mi pueblo de origen.
- Muy posiblemente también al obispo James Golka de Colorado Springs, que me penalizó con un decreto sin tener autoridad sobre mí y así oscurecer mi abundante y positiva contribución en esa diócesis.
- La conferencia episcopal peruana, por quien era en ese momento el superior, “Prefecto para el Dicasterio de los Obispos”, a quien las conferencias estaban sujetas, para atacarme ilegalmente.
- Al Dicasterio para el Clero, del cual Prevost era miembro durante el “proceso” seguido contra mí. El cual aceptó que el obispo Golka modificara su decreto sin trasladarlo a mi defensa, luego abusó del derecho como se informa más abajo.
De todo esto, el único y real beneficiario es solo y únicamente Robert Prevost, y los damnificados somos Ana María Quispe, las demás víctimas y yo.
De ser así, el pecado público de Prevost se hace cada vez más grande debido a sus calumnias y sobre todo por mentir y usar su poder tan alevosamente en juicio para acceder a un puesto inmoralmente. (Cfr. 2476 Catecismo de la Iglesia Católica).
Finalmente, no puedo aceptar una dimisión “instruida” por el Dicasterio para el Clero sin las formalidades de un juicio, ni las garantías propias de un sistema jurídico civilizado: sin respeto al derecho de defensa, sin conocimiento de las imputaciones y denunciantes, sin respeto por el principio de tipicidad y legalidad. Nada de esto se ha observado y, lo que es peor, me piden un acto de fe fiducial para aceptar lo que no consta: que Bergoglio firmó el decreto de marras. ¿Debo conceder que este manifiesto viciado proceso es válido?
Muchas gracias por su atención.
MARTES 28 DE OCTUBRE DE 2025.

