Saberes y sabores: el muro de la honradez, la justicia y la honestidad

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La honradez se lleva a cabo cuando una persona obra y actúa con rectitud, justicia
y honestidad. Esta se manifiesta cuando se respeta y se valora al ser humano,
porque se es consciente de su dignidad. Para este año que empieza sería bueno
tener como meta convertirse en una persona honrada que se rija por los valores
morales y que respete las normas sociales, es decir, que sea congruente con sus
principios, pensamientos y acciones.


Hay que asumir una conducta irreprochable, justa recta e íntegra. Como
consecuencia, seguro estoy de que esta actitud será fundamental para que las
relaciones sean más humanas. Sé que al no robar, no mentir, no engañar ni
traicionar me estaría acercando al claro ejemplo del ciudadano que se requiere
hoy en la actualidad.


Existen personas intrigosas en todos los ámbitos de la sociedad, ellas están todo
el tiempo en contra del que es honrado, incluso, levantan falsos comentarios sobre
ellos. Algunos otros son iracundos y desenvainan la espada, afilan el arco para ir
en contra del justo, pero la sorpresa es mayor, porque su misma maldad les
atravesará el corazón, entonces todas sus intrigas y falsedades se romperán ante
el muro de la honradez, la justicia y la honestidad.


Estoy convencido de que ser honrado es mejor que ser malvado o mal
intencionado. La justicia y la honestidad tienen como herencia la paz y sus arcas
se saciarán. Podrá el honrado caminar seguro, con paso firme, en su camino no
tropezará, y si por alguna injusticia llegase a tropezar, ¡no caerá! Así que, en este
año, quiero edificar el muro de la honradez, la justicia y la honestidad.


Hasta el día de hoy nunca he visto a un justo abandonado ni a su familia
mendingando el pan. En este año quiero apartarme del mal y hacer el bien. He
visto a malvados que prosperan como árboles frondosos y, al cabo de un tiempo,
ya no se sabe de ellos o terminan mal.


El muro del cual quiero hablar, que es útil para construir en este año, es el muro
de contención para edificar un gran edificio; sirve para evitar que una masa de
intrigas, injusticias y maldad derriben tu integridad como hombre de bien. Este
muro se puede hacer de diferentes maneras, por ejemplo, al hablar y vivir en la
verdad, esto va a ser determinante, porque si se carece de este material, será
imposible que todo el edificio se sostenga. Se requiere de otros materiales y, en
este sentido, los materiales van a ser la diferencia.


Los hombres tenemos hambre y sed de que se nos reconozca, es decir, que nos
den honores para alcanzar glorias personales, pero cuando desde los cimientos de “los muros de contención” se cede ante dicha inclinación, se prevén las grietas del egoísmo, la soberbia y toda clase de vanidad, como decía santa Teresa de Jesús, “la humildad es andar en la verdad”, refiriéndose a que en la construcción del “muro de la honradez”, la justicia y la honestidad, hay que someterse a la autoridad superior.


Por todo lo anterior, prefiero seguir edificando ese muro de contención. La
honradez, la justicia y la honestidad son sus respectivos “ingredientes”; esto aplica
para todo ciudadano que se desenvuelve en cualquier ámbito, sin descartar a los
menores. ¡Feliz inicio de año!

Por RUAN ÁNGEL BADILLO LAGOS.

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