Saberes y sabores.- Decide: virtudes o vicios.

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Las ciencias humanas vistas como aquellas encargadas del estudio del ser humano, la sociedad y la cultura nos aportan un conjunto de saberes que tiene como objeto e investigación al hombre.

A los buscadores de la verdad, los hombres del pensamiento y de ciencia, quiero decirles que vuestros senderos no son nunca extraños a los nuestros, porque también pretendemos dedicarnos a la investigación sin descartar la fatiga que demanda, ya lo dijo uno de los grandes: “Buscamos con el afán de encontrar y encontramos con el deseo de buscar aún más” (San Agustín).

Por tanto, el hombre puede vivir en sociedad de cara a la virtud, de acuerdo al contexto donde se desenvuelve y, cuando su conducta es virtuosa, alcanza el bien personal, y esta lo capacita para alcanzar el bien de los demás. Pero también puede vivir de cara al vicio y de hecho lo viene haciendo en el desempeño de su labor, cuando este le da la espalda a los valores sin que éstos se concreten en virtudes, y, lamento que cuando ello sucede, el hombre entra en un proceso de deterioro y decrecimiento, convirtiéndose en sujeto de las peores atrocidades de los diversos ámbitos de la vida donde tiene que desplegar el ejercicio de su libertad.

Una persona virtuosa es una persona honrada, honesta, desprendida, justa, solidaria, leal, entre otras cualidades. Así va aportando su “virtuosidad” o la gama de virtudes que pose a cualquier ente, cosa o ser que tiene frente a ella, bien sean instituciones o en su desempeño de actividad social en la que participe, haciendo de todas ellas, entidades virtuosas.

Entre tanto, no puedo dejar de decir que: una persona viciosa se torna egoísta, corrupta, mentirosa, aduladora, demagoga, desleal, desordenada, perversa, mala, deshonesta, pervertida, injusta…; constituyendo con ello su propia ruina y la de los demás. Este hombre vicioso aporta también su propia indigencia viciosa a cualquier ente, institución y actividad social en la que se desenvuelve, haciendo de éstas, entidades viciosas, caóticas y críticas. ¿No es éste acaso el panorama desolador que vivimos hoy? ¿No es ésta acaso la crisis que experimentamos por doquier? ¿No es mejor hablar de que estamos en una profunda crisis económica, política y social?  ¿No será acaso por falta de virtud más que hablar de crisis…?

“La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien. Permite a la persona no sólo hacer actos buenos, sino dar lo mejor de sí mismo” (CIC). El hombre perfecto no es el que se esfuerza por llegar a ser tal, sino el que busca a su creador y se decide seguir en el camino de las virtudes.  En el corazón del hombre se halla la raíz de la virtud o del vicio según sea el caso, estas actitudes firmes, disposiciones, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad van regulando nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestras conductas según la razón.

 

La virtud no se desarrolla espontáneamente, ni por deseo o arte, se requiere para su concreción, esfuerzo y constancia, así como de la repetición de una serie de hábitos operativos buenos para formarla. Quiero resaltar que las personas no nacen ni viciosas ni virtuosas. Ellas, en su ámbito de proceder, con el ejercicio de su libertad, deciden y van forjando su propio hacer día a día. No olvidemos que en este ámbito “el hombre es lo que hace” o “el hombre se hace de lo que hace”.

Cuanto se necesita siempre, pero sobre todo hoy de este tipo de personas, no dudo que las hay y gracias a ellas han sosteniendo nuestra sociedad, nuestra cultura, nuestras familias e instituciones. ¡Esforcémonos por ser virtuosos cada día!

 

RUAN ÁNGEL BADILLO LAGOS

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