Rezar en familia vale mucho la pena

Bienvenidos a esta reflexión desde la Palabra de Dios en el II Domingo del tiempo Ordinario.

Habiéndonos dejado una huella en nuestro corazón el tiempo de la Navidad, hemos dado inicio al tiempo ordinario; en este tiempo se usa el color verde en la liturgia, a excepción que se celebre la memoria de algún mártir será rojo, o si se celebra una fiesta o la memoria de algún santo, será color blanco.

En el Evangelio que escuchamos hoy, lo central es el testimonio de Juan sobre Jesús: “Éste es el cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo…yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios. Juan cumple con su misión de ser el precursor e indicar quién es el verdadero Mesías. Aunque son parientes y nacidos con pocos meses de diferencia, Juan afirma que no lo conocía; no se trata de desconocimiento personal, sino de no haberlo reconocido aún como el Mesías. Fue precisamente cuando vio descender al Espíritu Santo, como una paloma, que lo reconoció.

Recordemos que el testimonio indica la verdad sobre algo o alguien. Los verbos clave en este pasaje, son “ver” y “dar testimonio”; Juan ve y por eso puede testificar, pero se trata de una mirada profunda, contemplativa, que va más allá de lo visible. Al confesar que Jesús es el Hijo de Dios, no hace una simple afirmación doctrinal, sino que reconoce un misterio revelado. De igual modo, nosotros estamos llamados a ser testigos, pero nadie puede testimoniar a Cristo, sin haberlo encontrado y experimentado en su vida.

Hermanos, al inicio de este año civil, al estar iniciando este tiempo ordinario, es importante que veamos nuestra vida cristiana, nuestras prácticas religiosas. Muchas veces, nos quejamos de la apatía que vemos en nosotros mismos como cristianos; criticamos que nos hemos dejado envolver por la cultura del materialismo, el individualismo, pero nos olvidamos de la experiencia que se tiene que tener con el Dios vivo. El bautismo debería ser el momento de inicio de esa experiencia; pero la mayoría de las veces, ni papás ni padrinos comprenden el verdadero significado del bautismo. Es momento de valorar el bautismo como sacramento de iniciación a la vida cristiana y su significado que tiene en nuestras vidas.

Valoremos el testimonio del Bautista: “Yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”. Testifica quién es Jesús, no habla de doctrinas, de normas, Él da testimonio, testifica con su vida; indica al que deben de seguir. Por el bautismo entramos a formar parte de la Iglesia que se encuentra zarandeada por los vientos de la cultura actual; en esta Iglesia hemos recibido una enseñanza que debe llevarnos a tener un encuentro con Jesús y sólo después de un encuentro profundo podremos ser sus testigos. El mundo actual necesita testimonios vivientes, que mostremos como cristianos que se puede vivir de acuerdo a lo que Jesús enseñó.

Hermanos, como cristianos contamos con una bella doctrina; hermosas directrices, que nos conducen a ser mejores; pero nuestro cristianismo no ha de ser sólo de conocimientos, sino sobre todo de vivencias. Jesús a sus discípulos los llamó para que estuvieran con Él y cuando tuvieran la experiencia pudieran compartirla con los demás.

Somos conscientes de que el mundo en que nos encontramos nos lleva en una dirección muy distinta a la vivencia espiritual. Pero este mundo materializado y arreligioso, necesita de testimonios vivos, que indiquen el camino a seguir, como lo hizo Juan el Bautista. Como Iglesia, no debemos quedarnos con enseñar sólo doctrinas, debemos dar el paso a mostrar un estilo de vida. Como cristianos debemos buscar el encuentro con Jesús para vivir de acuerdo a su enseñanza. Nos encontramos ante grandes desafíos, que podemos enfrentarlos con el testimonio de vida, porque las palabras, las doctrinas, no son suficientes. No es suficiente con aprender la doctrina de memoria, recitar rezos, practicar ritos, Jesús nos sigue invitando a vivir de manera alegre nuestra fe. Seamos testigos vivientes de lo que decimos creer.

Juan el Bautista nos agrega además, que Jesús es el Hombre lleno del Espíritu, Aquel que posee todo el poder de Dios y es capaz de bautizarnos en ese mismo Espíritu, para transformar nuestra debilidad en fortaleza, nuestro miedo en valentía y nuestro desánimo en capacidad creadora de vida y de amor. Ésta es, según el Bautista, la gran misión de Cristo, bautizarnos con Espíritu Santo, enseñarnos a vivir en contacto con el Espíritu, sólo esto nos puede liberar de una manera triste y raquítica de entender y vivir la fe en Dios.

Papás, no olviden que ustedes son ejemplo de sus hijos, no basta mandarlos al catecismo o indicarles que vayan a Misa los domingos; su testimonio marca más la vida de fe de sus hijos; con su vida y sus actos les están enseñando cómo creer. Rezar en familia vale mucho la pena, ya que el acercamiento de ustedes a Dios, marcará a sus hijos para bien. Como cristianos estamos invitados a señalar a Jesús, sobre todo, a dar testimonio de Él. Jesús sigue dando significado a nuestras vidas.

Como Agentes de Pastoral somos los primeros interpelados ante el testimonio que damos; somos los primeros en contar con una experiencia, ya que así, podemos hablar en primera persona y no de oídas. Sólo así podremos seguir difundiendo el Evangelio. Recordemos, Jesús contagiaba salud y vida; las gentes de Galilea lo sentían como alguien que curaba porque estaba habitado por el Espíritu y la fuerza sanadora de Dios. Los cristianos somos continuadores de la obra del Cordero de Dios. La obra del Cordero no está acabada porque el dolor y el sufrimiento de las personas, como efecto de los pecados de otros, siguen estando allí y nos rodean por todas partes. Los cristianos transformados y guiados por el Espíritu de Dios, estamos llamados a ser actores de salud y de la salvación, como lo fue Jesús de Nazaret, que impregnado por el Espíritu de Dios vivió anunciando a todos los pobres, oprimidos y desgraciados, la buena noticia de su liberación. Para ello contamos con la fuerza y la ayuda de este Espíritu de Dios. Pidámosle a Él que nos convierta en testigos humildes, valientes y fieles, que sepamos señalar a Cristo en un mundo que necesita encontrarse con Él, que como Juan, tengamos el coraje de seguir anunciando con palabras y con nuestras vidas, que Jesús es Dios y es la Palabra de amor del Padre para el mundo. Esforcémonos por vivir el mismo proceso que Juan el Bautista: conocer a Jesús, amar a Jesús y dar testimonio de Él. Señalar con nuestro dedo a Aquel que es el Hijo de Dios, sólo quien es humilde busca a Dios y conoce a Jesús, puede anunciarlo a los demás. Esto exige tener experiencia de Aquel que es nuestra vida, nuestra luz. Cultivar nuestro espíritu interior para poder conocer su acción en nuestra vida. ¿Estás dispuesto a permitir que Jesús te sumerja en el Espíritu Santo?

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Feliz domingo para todos.

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Obispo de la Diócesis de Apatzingan
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