* El Vaticano no desmiente informes sobre su absolución
Mientras circula información contradictoria sobre el juicio canónico de Marko Rupnik, la Santa Sede guarda silencio. Ante el sufrimiento de las presuntas víctimas, la angustia de los fieles y las crecientes preguntas, una declaración clara del Vaticano es más necesaria que nunca.
El caso del jesuita Marko Rupnik se está volviendo cada vez más confuso. Durante varios días, han circulado informes contradictorios sin confirmación ni desmentido oficial por parte de la Santa Sede. Esta falta de comunicación está generando interrogantes y reabriendo las heridas de un caso que ha sacudido a la Iglesia durante años.
Todo comenzó con informes publicados por varios medios de comunicación italianos, según los cuales el tribunal canónico que llevaba el caso había concluido que las pruebas eran insuficientes para fundamentar definitivamente las acusaciones de violencia incluidas en una parte del proceso. Según estas fuentes, esto implicaría, por lo tanto, únicamente una absolución del cargo de violencia, y no una exoneración general respecto de todas las acusaciones de abuso sexual, espiritual y psicológico formuladas por una treintena de mujeres. Sin embargo, pocas horas después, fuentes vaticanas citadas por Il Messaggero afirmaron que el juicio no había concluido y que el proceso seguía en curso. Una vez más, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe no ha emitido ninguna confirmación oficial.
Esta situación resulta aún más desconcertante si se tiene en cuenta que fue el propio Papa León XIV quien anunció en noviembre pasado la apertura oficial del juicio canónico tras el nombramiento de los jueces, pidiendo a las víctimas paciencia mientras se hacía justicia. Desde ese anuncio, no se ha publicado ninguna otra información oficial sobre el progreso del caso.
El silencio del Vaticano está causando una profunda incomprensión. Porque más allá de la cuestión legal, hay personas. Mujeres que afirman haber sufrido abusos y que llevan años esperando que se sepa la verdad. Su abogada, Laura Sgrò, acaba de enviar otra carta al cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
Afirma no haber recibido respuesta a sus numerosas solicitudes de información y subraya que sus clientes ni siquiera han sido llamados a declarar en el proceso. Pregunta públicamente: ¿Ha comenzado realmente el juicio? ¿Quiénes son los jueces? ¿En qué fase se encuentra la investigación? ¿Por qué se mantiene a las víctimas en la ignorancia?
Estas cuestiones trascienden el caso Rupnik y ponen en entredicho la credibilidad misma de la justicia canónica. La Associated Press señala además que, en los juicios canónicos, las víctimas prácticamente carecen de derechos procesales: no participan en las audiencias, no tienen acceso al expediente y, por lo general, no se les informa del progreso del proceso, una situación denunciada durante años por diversas comisiones internacionales.
Nadie discute el principio fundamental de la presunción de inocencia, reiterado también por el Papa León XIV. Si Marko Rupnik va a ser absuelto de ciertos cargos, esto debe indicarse claramente. Si las investigaciones sobre otros asuntos continúan, esto también merece ser explicado.
Puede que el verdadero problema hoy en día ya no sea solo el resultado del juicio, sino el silencio que lo rodea.
En una Iglesia que afirma situar a las víctimas en el centro de su labor y restaurar la confianza, permitir que los rumores se propaguen sin ninguna aclaración oficial conlleva el riesgo de agravar el sufrimiento de quienes llevan décadas esperando justicia. Una declaración de la Santa Sede no borrará las heridas, pero al menos contribuiría a reducir la opacidad que ha rodeado este asunto durante demasiado tiempo.
Por QUENTIN FINELLI.
CIUDAD DEL VATICANO.
MIÉRCOLES 22 DE JULIO DE 2026.
TCH.

