¿Quién es Jesús para mí, para tí?

Bienvenidos a esta reflexión desde la Palabra de Dios en el Domingo XXI del tiempo Ordinario

Mons. Cristobal Ascencio García
Mons. Cristobal Ascencio García

En el Evangelio de hoy, hemos escuchado que Jesús encontrándose en Cesarea de Filipo, una ciudad construida por Filipo, hijo de Herodes el grande, lugar donde habría judíos, aunque la mayoría de sus habitantes eran paganos; allí, Jesús hace la pregunta sobre su identidad: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”. Jesús no pasó desapercibido entre la gente de su tiempo, todos hablaban de Él, unos a favor, otros en contra. Los discípulos responden los rumores que hay sobre Él y su identidad; para algunos es Juan el Bautista que ha resucitado, es la opinión de Herodes Antipas; para otros es Elías, ya que Elías iba a inaugurar los tiempos mesiánicos; para otros, es un profeta al estilo del gran Jeremías, este profeta tenía una gran importancia; otros más, hablan de alguno de los profetas, sin decir cuál. Son los rumores de la gente.

Ahora, Jesús pregunta directamente: Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro responde: Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Es la perfecta fórmula mesiánica. Pedro como sus compañeros entendían al Mesías desde una comprensión nacionalista, era la forma entendida por todos, un ser enviado por Dios que vendría a liberarlos del yugo de los romanos y que les daría la supremacía sobre todas las naciones. Jesús le aclara a Pedro, después de aquella confesión, que detrás de la misma está Dios; es una confesión que sobrepasa sus capacidades, se necesita iluminación divina para expresar eso.

Esa pregunta, Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?”, no está dirigida sólo a sus primeros seguidores, sino que es la cuestión fundamental a la que tenemos que responder todos los que nos consideramos cristianos. Nuestra primera reacción puede conducirnos a buscar una respuesta doctrinal y confesar de manera rutinaria lo que hemos aprendido en el catecismo, sobre la identidad de Jesús. No se trata de que demos una opinión doctrinal, se trata de nuestra actitud hacia Él, y esa actitud no se refleja sólo con palabras, sino en el seguimiento concreto.

La pregunta de Jesús pide una opción radical, o es Jesús una persona histórica como muchos otros, o es la Persona que da una orientación

decisiva a nuestra vida. No se trata sobre ¿quién es Jesús?, sino que es una cuestión sobre nosotros mismos, ¿quién soy yo? ¿en qué creo? ¿cómo creo?. Nuestra fe no se reduce a las fórmulas que pronunciamos, sino que se centra en el ¿cómo vivimos? ¿en qué me comprometo?.

Hermanos, Jesús nos sigue interpelando: Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?”; no se trata de expresar conceptos teológicos o aprendidos, implica nuestra actitud hacia Jesús; no se trata de tener una fe ocasional o que sólo la reduzcamos a la Misa dominical, que sólo expresamos en ritos externos, se trata de una actitud de vida. Si realmente confesamos que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y lo hacemos desde lo más profundo de nuestro ser, nuestra vida adquiere otro sentido, a saber:

  1. En el dolor, por muy fuerte que sea, desde el punto de vista humano, no nos desesperará, sabremos que adquiere un significado desde la fe.
  2. En el trabajo, veremos desde la fe, que deja de ser una maldición y se convierte en colaboración al plan de Dios y en fuente de bendición.
  3. En la muerte, nos daremos cuenta que ya no existen los muertos para el que cree; más que de muerte, hablaremos de principio de vida, de abrazo eterno.

Hermanos, sigámonos preguntando: ¿Quién es Jesús para mí, para tí? Una pregunta que no debemos contestar con palabras o fórmulas elaboradas por teólogos o especialistas, porque no es pregunta sobre conocimientos religiosos, es una pregunta que se responde con una actitud de vida. Desde allí, preguntémonos: ¿Acaso Jesús es para mí compañero de camino, con quien hago mi camino día a día sin encontrarme nunca solo? ¿Acaso es el que me aseguró su presencia, cuando en la vida tuve que tomar decisiones que no eran menos arriesgadas que tirarse al vacío sin paracaídas? ¿Acaso es el que me aseguró que a donde quiera que yo fuera, desarraigado de familia y amigos, allí estaría Él conmigo? El reconocimiento honesto-experiencial acerca de quién es Jesús, nos permitirá también clarificar ¿quiénes somos? y la revelación de su misión nos ayuda a profundizar en nuestra tarea. Así pues, si la misión del Hijo es ofrecer el don de la fraternidad, que genera vida y alivio permanente, la tarea de Pedro y de todos nosotros discípulos de Jesús, será prolongar el don de la fraternidad construyendo el Reino de los cielos, haciendo realidad el proyecto de vida y de justicia de parte de Dios. Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. ¡Feliz domingo para todos!

Comparte:
Obispo de la Diócesis de Apatzingan