* El tiempo es nuestro tesoro, el “dinero” para comprar la eternidad. (Surco 882)
¡ Qué pena vivir, practicando como ocupación la de matar el tiempo, que es un tesoro de Dios !
No caben las excusas, para justificar esa actuación.
Ninguno diga: dispongo sólo de un talento, no puedo lograr nada. También con un solo talento puedes obrar de modo meritorio.
¡ Qué tristeza no sacar partido, auténtico rendimiento de todas las facultades, pocas o muchas, que Dios concede al hombre para que se dedique a servir a las almas y a la sociedad !
Cuando el cristiano mata su tiempo en la tierra, se coloca en peligro de matar su Cielo: cuando por egoísmo se retrae, se esconde, se despreocupa.
El que ama a Dios, no sólo entrega lo que tiene, lo que es, al servicio de Cristo: se da él mismo. No ve -con mirada rastrera- su yo en la salud, en el nombre, en la carrera. (Amigos de Dios, 46)

Por SAN JOSEMARÍA.

