Portafolios: «La sábana santa fue pintada con la orina de Jesús», según María Valtorta

ACN

* Mientras tanto, la ciencia no encuentra pigmentos, ni tintas, ni manchas en sus fibras.

LA SÁBANA SANTA es objeto de polémica entre quienes creen y dudan de su autenticidad. Sin embargo, fanáticos y detractores concuerdan en que, en la Sidone de Turín, se plasma la efigie de un hombre real, torturado, flagelado y crucificado. Cuyas heridas y fisionomía concuerdan con la narración de los Evangelios y con la iconografía tradicional de Jesucristo.

De igual manera, amigos y enemigos coinciden en su incapacidad para explicar cómo se produjo la imagen sobre la tela. Pues no se han encontrado pigmentos, ni pinturas, ni tintes o manchas en sus fibras Además, la imagen se aprecia con mayor claridad, también con volumen y profundidad, cuando se la mira como «negativo fotográfico», es decir, en blanco y negro. Citando al Centro Español de Sindonología:

«El consenso científico es que la imagen es resultado de algo que provocó la oxidación, la deshidratación y la conjugación de la estructura de los polisacáridos de las microfibras del lino. Estos cambios pueden reproducirse en el laboratorio con ciertos procesos químicos y físicos; se puede obtener un cambio semejante en el lino con ácido sulfúrico o con calor. Sin embargo, no se conocen métodos químicos o físicos que puedan explicar la totalidad de la imagen. Tampoco puede explicar adecuadamente la imagen ninguna combinación de circunstancias físicas, químicas, biológicas o médicas. Como consecuencia de esto, el problema de cómo se produjo la imagen o de lo qué la produjo, sigue siendo, ahora como antes, un misterio» [énfasis añadido].

Pese a lo anterior, María Valtorta —novelista italiana, a quien el Vaticano ha negado repetidamente el estatus de vidente— afirma en su ópera magna «el Evangelio como me ha sido revelado», navegando apretadamente entre la blasfemia y la comedia de figurón, que la imagen estampada en la Sábana Santa es producto de la orina de Jesucristo. Y quiere hacernos creer que es el propio Jesús quien se lo ha revelado:

«[20 de febrero de 1944] Viste la corona de hematomas que rodeaba mis riñones. Tus científicos, para demostrar tu incredulidad ante esa prueba de mi sufrimiento que es el Sudario, explican cómo la sangre, el sudor cadavérico y la urea de un cuerpo agotado, mezclados con los aromas, pudieron producir esa pintura natural de mi cuerpo muerto y torturado.

Sería mejor creer sin necesitar tantas pruebas para creer. Mejor decir: «Esto es obra de Dios» y bendecir a Dios que te ha concedido pruebas irrefutables de mi Crucifixión y torturas anteriores.

Pero como ahora ya no sabes creer con la sencillez de un niño, sino que necesitas pruebas científicas —pobre fe la tuya, que sin el apoyo y el estímulo de la ciencia no puede sostenerse ni caminar—, debes saber que los feroces hematomas en mis riñones fueron el agente químico más poderoso en el milagro del Sudario. Mis riñones, casi aplastados por los azotes, ya no podían funcionar. Como los de quienes se quemaron en una hoguera, no pudieron filtrarse, y la urea se acumuló y se extendió por mi sangre, por todo mi cuerpo, causando el sufrimiento de la intoxicación urémica y el reactivo que, rezumando de mi cadáver, dejó la huella en el lienzo. Pero quienquiera que sea médico entre ustedes, o quienquiera que sufra de uremia, puede comprender el sufrimiento que debieron causarme las toxinas urémicas, tan abundantes que fueron capaces de dejar una huella indeleble» [énfasis añadido]1.

Por el momento, baste este ejemplo para confirmar el porqué no es razonable dar crédito sobrenatural a las afirmaciones de María Valtorta.

Sin duda, a los lectores sensibles, les resultará penoso y un tanto irrisorio constatar cómo el «Jesús» de Valtorta —es decir, la propia Valtorta— se ridiculiza, empleando un lenguaje de tono pedante y condescendiente, mientras plagia, presentando como suya, la teoría «vaporográfica», «vaporológica» o «vaporogénica» de Paul Vignon.

Paul Vignon fue hombre católico, creyente y practicante. Además, fue un biólogo y profesor en la facultad de filosofía del Instituto Católico de París. Que, en 1902, publicó su primer libro «Le Linceul du Christ (El Lienzo de Cristo)», considerado el texto fundacional de la sindonología2. Posteriormente, en 1938, publicaría su obra de madurez, «Le Saint-Suaire de Turin devant la Science, l’Archéologie, l’Histoire, l’iconographie, la Logique (El Santo Sudario de Turín delante de la ciencia, la arqueología, la historia, la iconografía, la lógica)»3.

Libros donde Vignon presentó su «Teoría Vaporogénica», la cual presuponía que los vapores de amoníaco, originados por la urea emitida por el cadáver de Jesucristo, reaccionaron químicamente con el áloe y la mirra usados para su embalsamamiento, formando así la imagen de la Sábana Santa. Teoría que, pese a las buenas intenciones de su autor, resultó naturalmente incorrecta.

Sin duda, María Valtorta conocía la teoría de Vignon. Pues, un año antes de recibir su presunta «revelación» sobre la orina de la Sabana Santa, ella misma confesó haber leído «un libro» sobre el tema.

El 21 de febrero de 1943, ella escribió a su confesor y director espiritual, el padre Romualdo Migliorini:

«No se imagina cuánto disfruté leyendo el libro sobre la Sábana Santa de Turín…» [énfasis añadido]4.

Así que, efectivamente, María Valtorta había leído «un libro» sobre el tema, un año antes del presunto dictado de «Jesús». Un libro que, sin duda, presentaría las teorías científicas de aquella época: las teorías de Vignon, que ella copiaría íntegras, para su propia novela. Pero, afirmando falsamente que eran «dictados» del mismísimo Jesucristo.

Para los miembros de la ECCLESIA VALTORTIANA5, es decir, para sus sus defensores sectarios—aquellos que creen equivocadamente que las narraciones noveladas de Valtorta son de origen sobrenatural y, por lo tanto, equiparables, o aun superiores, a los Evangelios canónicos, y que las doctrinas valtortianas son superiores a los Padres de la Iglesia y los Concilios Ecuménicos— el descubrimiento de este tipo de plagios mundanos y deshonestidades en la obra de la «líder espiritual» de su movimiento, resultará incómodo. Y ojalá así sea.

Kyrie eleison.

13 DE FEBRERO DE 2026.

PORTAFOLIOS.

REFERENCIAS:

1

«Tu l’hai vista la corona di lividi che stava intorno ai miei reni. I vostri scienziati, per dare una prova alla vostra incredulità rispetto a quella prova del mio patire che è la Sindone, spiegano come il sangue, il sudore cadaverico e l’urea di un corpo sopraffaticato abbiano potuto, mescolandosi agli aromi, produrre quella naturale pittura del mio Corpo estinto e torturato.

Meglio sarebbe credere senza aver bisogno di tante prove per credere. Meglio sarebbe dire: “Ciò è opera di Dio” e benedire Iddio che vi ha concesso di avere la prova irrefragabile della mia Crocifissione e delle precedenti torture!

Ma poiché, ora, non sapete più credere con la semplicità dei bambini, ma avete bisogno di prove scientifiche — povera fede, la vostra, che senza il puntello e il pungolo della scienza non sa star ritta e camminare — sappiate che le contusioni feroci delle mie reni sono state l’agente chimico più potente nel miracolo della Sindone. Le mie reni, quasi frante dai flagelli, non hanno più potuto lavorare. Come quelle degli arsi in una vampa, sono state incapaci di filtrare, e l’urea si è accumulata e sparsa nel mio sangue, nel mio corpo, dando le sofferenze della intossicazione uremica e il reagente che trasudando dal mio Cadavere fissò l’impronta sulla tela. Ma chi è medico fra voi, o chi fra voi è malato di uremìa, può capire quali sofferenze dovettero darmi le tossine uremiche, tanto abbondanti da esser capaci di produrre un’impronta indelebile» (EMV 613.7). VALTORTA, Maria, «L’Evangelo come mi è stato rivelato», Centro editoriale Valtortiano, 2001, ISBN 13: 9788879871006.

2

«Le Linceul du Christ», Ed. Masson, 1902. La palabra «sindonología» refiere al estudio científico de la Sábana Santa.

3

«Le Saint-Suaire de Turin devant la Science, l’Archéologie, l’Histoire, liconographie, la Logique», Ed. Masson, 1938.

4

VALTORTA, Maria, «Lettere a Padre Migliorini«, Centro Editoriale Valtortiano, 2011, ISBN 978-88-7987-169-3.

5

La «Iglesia Valtortiana».

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