Para comprender hasta qué punto el don de la fortaleza hace que el alma sea intrépida y valiente, podemos usar el ejemplo de los apóstoles.
- Eran cobardes y temerosos, y abandonaron al Maestro.
- El único que acompañó a Cristo a la cruz fue Juan; los demás se escondieron por miedo a ser capturados.
- Pedro, temeroso de una mujer sencilla del pueblo, llegó incluso a negar a Jesús tres veces.
Pues bien, después de Pentecostés, los apóstoles, que antes habían sido cobardes, se volvieron sumamente valientes.
- Inmediatamente demostraron una fuerza sobrehumana.
- Ignoraron la prohibición de predicar el nombre de Jesús, impuesta por los líderes de la sinagoga, porque «debemos obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5:29).
Los apóstoles serán golpeados e insultados, pero se sentirán «felices y gozosos por haber sufrido alguna deshonra por el nombre de Jesús» (Hechos 5:41).
Todos los apóstoles (excepto Juan, de quien no se sabe con certeza si murió mártir o de vejez) dieron testimonio de Cristo mediante el martirio.
Pedro morirá con increíble fortaleza, crucificado cabeza abajo, redimiendo abundantemente su debilidad.
Todos los santos intentaron imitarlos.

Por CORRADO GNERRE.
MARTES 2 DE JUNIO DE 2026.
MIL.

