Perfeccionamiento

Levítico 19,1-2.17-18 | Salmo 102 | 1Corintios 3,16-23 | Mateo 5,38-48

Pablo Garrido Sánchez
Pablo Garrido Sánchez

El evangelio de este domingo concluye con el objetivo principal que DIOS ha previsto para el hombre: la perfección o la santidad, “sed perfectos como vuestro PADRE celestial es perfecto” (Cf. Mt 5,48). DIOS no termina su obra en nosotros por habernos creado, pues nos dejó al arbitrio de nuestras decisiones (Cf. Eclo 15,14).; y al mismo tiempo toma partido por cada uno de sus hijos por medio de su Divina Providencia: “el PADRE sabe todo sobre nuestras necesidades (Cf. Mt 6,32). El Sermón de la Montaña dispone el código de perfección evangélica, o las metas que el seguidor de JESÚS de Nazaret tiene por delante. Indudablemente hay que tomar decisiones, elegir caminos, discernir situaciones, pero algo más profundo aún subyace en toda la doctrina expuesta en dicho Sermón de la Montaña. DIOS mismo quiere ser el protagonista de nuestro perfeccionamiento, porque las metas expuestas son imposibles de alcanzar por las solas fuerzas humanas. Alguien se propone lograr la perfección ética y espiritual, pero debe hacerlo con una gran prudencia, pues puede salir al paso el gran inconveniente del orgullo espiritual cuando se han dado con éxito algunos pasos en esa línea. La perfección de algo se aprecia cuando llega a su término o conclusión. En condiciones normales, miramos hacia el futuro aspirando al perfeccionamiento de nuestras capacidades, pero con una gran imprecisión, pues desconocemos cuáles van a ser los resultados finales. Algunos casos concretos nos pueden servir de ejemplo. No es poca cosa a una edad temprana descubrir que se tienen cualidades para la medicina o la economía, pero se abren muchas incógnitas e incertidumbres sobre el resultado final que revelará, entonces, si se ha sido un buen medico o economista. Alguien reconoce cualidades para elegir el camino matrimonial o el de una consagración religiosa; y no se sabrá hasta que pasen los años suficientes, si la elección concluyó en una realización personal satisfactoria. DIOS sabe dónde se encuentra nuestro perfeccionamiento. San Pedro nos dice: “poned el mayor empeño en añadir a vuestra Fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la tenacidad, a la tenacidad la piedad, a la piedad el amor fraterno, al amor fraterno la caridad. Estas cosas no os dejará inactivos para el conocimiento perfecto de vuestro SEÑOR JESUCRISTO” (Cf. 2Pe 1,5-8). Nuestra santidad o perfección está en JESUCRISTO. Podemos elegir el camino profesional o la vocación que entendamos nos conviene, pero en toda elección seguiremos el camino de JESUCRISTO para realizar el proyecto de perfección o santidad. Afianzando la Fe con todo tipo de virtudes somos conducidos por el ESPÍRITU SANTO al único modelo de Hombre que DIOS contempla: su único HIJO JESUCRISTO. De distintas formas san Pablo refiere en sus cartas la perfección personal por la unión con JESUCRISTO. En la carta a los Efesios nos dice el Apóstol: “a cada uno se nos ha dado el favor divino según los dones de CRISTO. ÉL dio a uno el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelizadores, a otros pastores y maestros…, para edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la Fe y del conocimiento pleno del HIJO de DIOS, al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de CRISTO” (Cf. Ef 4,10-13). Partiendo de la Fe el ESPÍRITU SANTO dispone de virtudes y carismas suficientes para moldear la existencia del cristiano y transformarla en el resultado final previsto por DIOS desde siempre. Nada se realiza sin nuestro consentimiento o libre albedrío, pero tampoco se consigue nada sin la acción de la Gracia que nos debe acompañar en cada paso del camino. En este texto de la carta a los Efesios vemos como el destino particular de cada uno está íntimamente asociado a la comunidad o a la Iglesia que es el Cuerpo de CRISTO. Entendemos, por tanto, que el crecimiento y vocación personal, tienen que darse también dentro del conjunto de relaciones cristianas, que pasan por la familia, la sociedad y la Iglesia en su nivel y vivencia parroquial. Los grandes objetivos cristianos y personales están rodeados de circunstancias muy próximas, de elementos objetivos concretos e identificables y de personas con nombres y apellidos. El camino de crecimiento en CRISTO tiene una historia personal con luces y sombras que se resolverá bien cuando el cristiano camina humilde con su DIOS.

Leyes originales

Los capítulos iniciales del libro del Génesis ofrecen también los primeros mandatos que DIOS da al hombre, que los recibe por el hecho de ser creado o de salir de sus manos. El hombre del Génesis no recibe las indicaciones a través de un mediador o manifestación externa al hecho mismo de su creación personal. Las palabras del Génesis son fundantes, y establecen los pilares a partir de los cuales se tiene que seguir construyendo. Conviene leer despacio estos versículos del Génesis para ver con más claridad los pasos que DIOS ha dado en relación con los hombres para nuestro mejoramiento y perfección. El hombre es creado el sexto día después de concluir la creación de los animales terrestres. Entonces DIOS establece una diferencia esencial entre el hombre y todo lo anteriormente creado: “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Cf. Gen 1,26). El rango de dignidad del hombre con respecto al resto de los seres vivos creados es radical; es decir, la raíz misma del ser humano tiene una naturaleza que no es de grado superior con respecto al resto, sino esencialmente diferente. En los tiempos que corren es imprescindible realizar este tipo de consideraciones, pues sabemos que se está en la tarea de animalizar al hombre y humanizar a los animales con el objetivo de crear la opinión de la degradación humana con el fin de eliminarlo con más facilidad. Si el hombre no supera el valor de cualquier otro animal se lo puede utilizar de ese mismo modo cuando sea preciso y en cualquier sentido. La Biblia desde estos primeros versículos deja establecido, que el hombre entra en la esfera de lo divino de forma especial, pues DIOS lo hace interlocutor válido a su imagen y semejanza. “Creó, pues, DIOS al hombre a imagen suya a imagen de DIOS lo creó, macho y hembra  los creó” (v. 27). La diferenciación de los sexos es una cuestión genética y biológica, pero antes se afirma como dato revelado. La imagen y semejanza de DIOS por parte del hombre se establece básicamente por el hecho de ser hombre y mujer, pero no al estilo del andrógino, que se considera hombre y mujer en el mismo individuo. La diferenciación entre hombre y mujer tiene en la Biblia un carácter primordial orientado a la relación. El hombre se puede relacionar adecuadamente cuando queda establecida la bipolaridad hombre y mujer. DIOS puede relacionarse con su Creación de forma adecuada si encuentra en la Creación esta dualidad de hombre y mujer. El hombre y la mujer concretan básicamente la imagen y semejanza de DIOS. Podemos calibrar la importancia que el transexualismo está llevando a cabo: otro modo de atentar contra la base del hombre como imagen de DIOS. El transexualismo actual no tiene nada que ver con la patología psiquiátrica de la disforia de género. “Una vez creados, el hombre y la mujer, los bendijo DIOS diciendo, creced y multiplicaos y llenad la tierra y sometedla; mandad sobre los peces del mar y las aves del cielo y en todo animal que serpea sobre la tierra” (v.82). Todo parte de una bendición inicial de DIOS: “los bendijo DIOS y les dijo: creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; y dominad sobre todo el resto de vivientes”. Si algo  distingue a DIOS es su Poder. DIOS puede manifestarse y crear. DIOS puede amar y su AMOR es poderoso. DIOS posee toda la inteligencia y ésta es poderosa. DIOS manifiesta su Sabiduría y ésta se muestra poderosa. Volvamos sobre el versículo anterior y vemos que DIOS bendice al hombre con un poder semejante al suyo: el hombre y la mujer pueden generar nuevas vidas humanas no como el resto de los animales, pues toda la progenie estará dotada de imagen y semejanza divina. El hombre y la mujer tienen que crecer, ya que están sometidos a la ley del desarrollo y crecimiento; y esta característica ofrece posibilidades de las que los mismos Ángeles carecen. Se verá más adelante, que la ley del crecimiento permite al hombre la conversión tras el pecado. El Ángel pecó y su acto cristalizó para siempre su existencia en ese estado de pecado, pasando de ser luz a convertirse en Lucifer: la naturaleza de su luz quedó irremediablemente alterada y opuesta a DIOS. Esa alteración alcanza su naturaleza moral y espiritual. DIOS establece mediante su bendición, que el hombre llene la tierra y la ponga a su servicio: llenad la tierra y sometedla. Es propio de DIOS llenarlo todo y manifestarse con Poder, pero ahora parece que cede el protagonismo al hombre en este mundo. El hombre debe entender que no es DIOS, sino alguien que ha sido creado por DIOS a su imagen y semejanza. La alteración de este principio fundamental nos ha traído gravísimas consecuencias, que padecemos en cada generación y particularmente. Pero de nuevo consideramos el plan inicial de DIOS: La inteligencia humana debe conocer las leyes que rigen la creación para disponerlas a su servicio bien ordenado. Inicialmente el poder dado al hombre procede de una bendición de DIOS, por lo que el ejercicio del mismo estaba llamado a desarrollar a la humanidad de forma providencial. El pecado rompió las leyes bendecidas por DIOS que asistían a la naturaleza humana.

El bien y el mal

En el segundo relato de la creación recogido en los primeros capítulos del Génesis, se establece el origen del mal en el hombre. DIOS le dice al hombre que no coma del árbol de la ciencia del bien y del mal que está en el centro del jardín (Cf. Gen 2,17). La advertencia es clara: “el día que comas del árbol de la ciencia del bien y del mal, morirás sin remedio” (v.17). El hombre tenía dos caminos: caminar en permanente diálogo con su CREADOR o hacerse autónomo y prescindir de la guía, sabiduría y protección divina. El bien y el mal no se presentan como un conocimiento abstracto, sino que pertenece al campo de la experiencia. Misteriosamente en el jardín del Edén no sólo estaba toda la belleza y todo lo bueno, sino que había un árbol de conocimiento raro sobre el que DIOS había prevenido con una prohibición: “si comes de este árbol morirás sin remedio”. El hecho es que así sucedió: la muerte entró y con velocidad de vértigo los acontecimientos se fueron produciendo. Hombre y mujer por primera vez se vieron desnudos y sintieron vergüenza el uno del otro, trataron de tapar sus vergüenzas y no fueron capaces; se disponen a huir de la presencia de DIOS y tampoco lo logran, el miedo se apodera de ellos. Cambia de forma radical el medio para vivir, pues deja de ser el Edén y ahora se tienen que enfrentar a una tierra hostil. La maternidad y la relación conyugal se vuelven problemáticas. Todas las leyes que en un inicio eran favorables perdieron su vigencia y se iniciará un penoso camino de restauración con avances y retrocesos. El fondo de las luchas morales y espirituales a lo largo de los siglos se establecen entre autonomía y heteronomía. DIOS hizo al hombre para el diálogo y el encuentro con ÉL. DIOS quiere que el hombre desande su camino y vuelva a fiarse de su CREADOR. El hombre busca caminos propios y autónomos y parece que DIOS sobra en ese proyecto particular. Actualmente el transhumanismo es una de las manifestaciones más altas de la aspiración del hombre a ser como DIOS. No son iguales el transhumanismo y el transexualismo. De esto último ya empezamos a tener leyes en distintos países. El transhumanismo pretende fundir la biotecnología con la genética, las neurociencias y la nanotecnología, para trascender al ser humano como lo conocemos en el presente. Nunca las ciencias y las decisiones de unos pocos han tenido al alcance de la mano el axioma satánico: seréis como dioses. Todo lo anterior parte de la decisión tomada por la autonomía moral, considerando que DIOS no tiene nada que decir sobre la vida del hombre particular y de la humanidad en su conjunto. El individuo moderno piensa que lo bueno o lo malo lo decide él mismo o la mayoría cualificada, que puede estar en un parlamento o un referéndum general donde se haga una consulta por una cuestión determinada. Por ejemplo: dada la inversión de la pirámide generacional, se hace referéndum y la mayoría de los participantes piensa que es preciso eutanizar a todos los mayores de setenta y cinco años, porque son una carga social, sanitaria y no producen nada. ¿Tiene razón esa mayoría democrática de votantes en esa decisión de matar dulcemente a sus ancianos? Las legislaciones actuales sobre eutanasia tiene también como objetivo la inducción posible para que sea el propio sujeto el que la solicite con todo convencimiento. Como vemos, nos urge rearmar moralmente a la sociedad con principios evangélicos, pues el hombre sin DIOS carece de verdadero horizonte.

DIOS es el SANTO

En cuanto es posible nuestro modo de expresarnos se acerca a DIOS, pero siempre nos quedaremos a una distancia infinitamente superior a la proximidad o cercanía que hayamos logrado; y no por eso vamos a desistir de buscarlo tratando de entenderlo. Sucede que atribuimos a DIOS cualidades que al estar en grado máximo se pueden identificar con el mismo DIOS, como ocurre hablando de la santidad de DIOS. En realidad, DIOS es el SANTO, el único SANTO; y por tanto fuente de toda santidad. La santidad encierra toda la perfección y trascendencia. DIOS no se confunde con ninguna de sus criaturas por elevadas que estas sean. Ningún Ángel por alto que se encuentre en la escala de los mismos se iguala a DIOS; y mucho menos el hombre. Hemos sido creados a imagen y semejanza de DIOS; por tanto, también participamos de la santidad de DIOS al estar rehabilitados por su Gracia, pero a una gran distancia del Ángel fiel al Plan de DIOS y resueltamente fuera de toda comparación con DIOS mismo. Sin embargo el Levítico, el tercer libro de la Biblia, señala: “sed santos, porque YO, YAHVEH, SOY SANTO” (Cf. Lv 19,2). De nuevo DIOS quiere restablecer en el mundo por el creado la santidad originaria, pues con ese motivo dispuso un recinto sagrado por el que el hombre podía desenvolver sus cualidades personales y crecer en la relación con DIOS; pero el Plan de DIOS fracasó por la negligencia del hombre, que se vio expulsado del Edén originario. El auxilio que DIOS viene a prestar no es exactamente un regreso al orden inicial del Paraíso, sino un camino de ascenso moral y espiritual hacia la manifestación del MESÍAS, que llegará en la Plenitud de los tiempos (Cf. Mc 1,15). La Ley, de la que el libro del Levítico es un exponente cualificado, actúa como guía de la santidad precisa para alcanzar con éxito el grado de madurez espiritual y moral, que dispongan los corazones para el encuentro con JESÚS el MESÍAS. Siglos de preparación, intentando establecer como eje fundamental el monoteísmo en el Pueblo elegido. El cumplimiento de la Ley e incluso del Decálogo tiene un eje vertebrador que es DIOS mismo. Así se dispone en este mandato, que está implícito en el resto de los preceptos y de forma especial en los tres iniciales. La adoración debida al único DIOS, el temor santo a su NOMBRE o la guarda del sábado como fiesta sagrada, están destinados a resaltar la Santidad de DIOS; o mejor, a YAHVEH que es el SANTO. El hombre sujeto al crecimiento moral y espiritual, que añade a esta condición el estado deficiente provocado por el pecado, se ve restaurado por DIOS cuando entra en la esfera de su Santidad. Las Diez Palabras del Decálogo señalan las vías seguras por donde puede transitar el hombre religioso y restaurar su imagen y semejanza divina seriamente dañada.

El intermediario

“Habló YAHVEH a Moisés, diciendo: sed santos, porque YO, YAHVEH, SOY SANTO” (Cf. 19,1-2). En el capítulo diecinueve del libro del Éxodo había quedado patente que la manifestación de la santidad de DIOS en su esplendor y Poder no era soportada directamente por el Pueblo allí congregado, e instaron a Moisés para que fuese él quien realizase la labor de intermediario o profeta. DIOS habla a los hombres y quiere que su revelación sea puesta por escrito en el lenguaje que nos sea reconocible. La Escritura o revelación escrita tiene un carácter de permanencia en el tiempo, salvando la inestabilidad de una revelación interior, que sigue el curso de la trasmisión oral. Esta vía puede enriquecer la revelación o entorpecerla. La Escritura que fija la revelación dada confiere seguridad y hace posible el establecimiento de un canon de libros revelados y escritos por distintos autores sagrados, porque en la Biblia ninguno de los escritores agotó la revelación de DIOS. El intermediario de DIOS no es un funcionario que ocupa un puesto técnico, sino un estrecho colaborador de DIOS en su Plan; y DIOS busca en cada tiempo y época a intermediarios semejantes a Moisés para que la Palabra llegue a su Pueblo.

Una moral para la santidad

Los versículos siguientes del texto del Levítico (v.3-16), repiten los preceptos del Decálogo: piedad filial y respeto a los padres, guardar el sábado, prohibición del culto a los ídolos, solidaridad con el pobre y el forastero, no mentir ni jurar en falso, no defraudar al prójimo, no retener el salario del jornalero, no maldecir al mudo ni poner obstáculo al ciego. DIOS está por encima de todas nuestras acciones por buenas que estas sean en lo externo. La Santidad de DIOS nos reviste por cada intento que realizamos por asemejarnos a ÉL cumpliendo los preceptos indicados. DIOS ve nuestros buenos e incipientes intentos de hacer el bien, y también sabe de las motivaciones profundas, de las cuales normalmente tenemos poca noticia y DIOS lo permite así por su gran Misericordia. DIOS nos pide que hagamos aquello que está en nuestra mano, sabiendo que sólo ÉL posee la perfección y la Santidad.

Amor al prójimo

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Cf. Lv 19,18b) Después de exponer algunas aplicaciones generales de los preceptos del Decálogo, el autor sagrado cierra con la conclusión del amor al prójimo como síntesis de todo el comportamiento anterior. La primera lectura de hoy recoge también los versículos diecisiete y dieciocho, que ofrecen una semblanza de nuestra condición moral un tanto  enferma: “no odies de corazón a tu hermano. No te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos de tu Pueblo” (v.17-18) La aplicación de la ley de la venganza todavía sigue presente en muchas partes, y su motor es el odio acumulado. La escalada producida por el binomio odio y venganza no encuentra término. La única forma de terminar con la venganza es el establecimiento del amor al prójimo. El amor al prójimo de forma incondicional pertenece al Nuevo Testamento, aunque lo vemos señalado en estos versículos del Levítico. Al prójimo amigo se le corresponde afablemente sin mayor esfuerzo; pero al prójimo enemigo no es fácil dirigirse con un buen ánimo espontáneo. Parece que es necesaria una ayuda especial de la Gracia para perdonar al enemigo. Ese perdón es heroico y por eso aquel que muestra una conducta en esa línea mantenida en el tiempo se le proclama santo en la Iglesia, para la veneración -intercesión e imitación- de todos los fieles. La doctrina del Levítico se adelanta a la de san Pablo, en la carta a los Efesiós, cuando nos emplaza el Apóstol a seguir el camino de los hijos de DIOS que se santifican en el Amor (Cf. Ef 1,4).

Justificados en CRISTO

Las palabras de JESÚS siguen revelándose en los versículos de la lectura del Evangelio. El Sermón de la Montaña hace al discípulo de JESÚS conocedor de la voluntad y pensamiento de su MAESTRO. En definitiva, el discípulo de JESÚS es enviado al mundo con la misión de ser sal y luz, manteniendo las vías abiertas para que los hombres entren en el Reino de DIOS. El discípulo está revestido de la Justicia del MAESTRO: “a los que predestinó los llamo; a los que llamó los justificó; y a los que justificó los glorificó” (Cf. Rm 8,30) Desde el principio hasta el final el protagonismo lo tiene la acción de la Gracia; es decir, el mismo DIOS que conduce la vida de los hijos que ponen en ÉL su confianza. No es necesario que el discípulo describa una línea recta ascendente en todo el proceso, porque la vida presentará sus zonas grises con diferente intensidad, pero todo concluirá bien si el discípulo mantiene la confianza en el SEÑOR: “si morimos con ÉL viviremos con ÉL; si sufrimos con ÉL reinaremos con ÉL; si lo negamos también ÉL nos negará; si somos infieles ÉL permanece fiel, porque no puede negarse a SÍ mismo” (Cf. 2Tm 2,11-13). El camino del discípulo está surcado de pruebas, porque no está sustraído al dolor y el sufrimiento. La verdadera desgracia radica en la negación al SEÑOR, pues se haría inútil su Divina Misericordia. En la infidelidad, el SEÑOR permanece fiel; y así aparece en la Historia de la Salvación vivida por el Pueblo elegido.

Penas proporcionales

“Habéis oído que se dijo: ojo por ojo y diente por diente; pues YO os digo, no resistáis al mal. Al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra. El que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto y el que te obligue a caminar una milla vete con él dos” (Cf. Mt 5,38-41). El discípulo de JESÚS se dispone en la línea de erradicar cualquier atisbo de odio y venganza en su corazón. Esta nueva condición de pensar y sentir es posible sólo cuando se tiene la certeza de vivir la experiencia del Reino de DIOS en este mundo. No sólo es necesario vislumbrar la Vida Eterna con todos sus beneficios, sino que el desalojo interior de toda venganza y rencor pasan por la presencia del ESPÍRITU SANTO con intensidad notable. El texto nos detalla algunas situaciones en las que se describe a un tipo de persona, que considera que no le llevan nada, porque no tiene nada que perder, pues todo lo valioso lo posee en el SEÑOR. De nuevo nos encontramos ante una meta moral y espiritual a la que la mayoría estamos llamados a dirigirnos, poniendo los esfuerzos en el intento muy probablemente. Cuentan de aquel padre del desierto, que un día le entraron a robar en su austera celda, y el ladrón dejó un objeto de cierto valor, con lo que el santo ermitaño salió corriendo detrás del ladrón para llevárselo, pues no se había percatado. Estas conductas que resaltan el desprendimiento de las cosas de este mundo no son la norma de la convivencia social, pues de ser así el caos rompería cualquier orden de convivencia. El padre de familia tiene la obligación de defender la integridad de los suyos frente a un potencial agresor, y tiene la obligación de hacerlo de manera proporcional, difícilmente de establecer por otra parte. Allí entre los coetáneos de JESÚS podía darse el caso que un soldado romano obligase a un judío a llevar la carga una milla. Aquella humillación el discípulo debía aprovecharla para cultivar la virtud y caminar dos millas con el romano.

Limosna o justicia

“A quien te pida, da; y al que desea que le prestes algo, no le vuelvas la espalda” (v.42). Todos los que se acercaron a JESÚS pidiendo salud recibieron curación. Los evangelios no registran un solo caso en el que alguien identificado fuese rechazado por el SEÑOR. La excepción puede establecerse en su localidad de origen, Nazaret, “donde no pudo hacer milagros por falta de Fe, y sólo realizó algunas curaciones” (Cf. Mc 6,5). El Sermón de la Montaña pone un acento especial en el desprendimiento y confianza, al mismo tiempo que en la Providencia Divina. El discípulo de JESÚS se entiende como administrador de los bienes materiales de los que dispone; y en ese sentido ha de estar abierto a las distintas necesidades reales de las personas de su alrededor. El libro de los Hechos señala que en el grupo de los creyentes además de tener un mismo sentir, nadie pasaba necesidad (Cf. Hch 2,44-45).

El amor a los enemigos

“Habéis oído que se dijo a los antiguos: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo; pues YO os digo, amad a vuestros enemigos y orad por los que os persigan; para que seáis hijos de vuestro PADRE celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (v.43-45) JESÚS es el ejemplo del Amor a los enemigos: cuando estaba a punto de morir pide el perdón del PADRE para sus asesinos, y dice “perdónalos PADRE, porque no saben lo que hacen” (Cf. Lc 23,34) El Amor al enemigo abre a éste el campo posible para la conversión, que es el objetivo principal para con los pecadores: “no quiero la muerte del pecador, si no que se arrepienta de su conducta y viva” (Cf. Ez 33,11). Un gran acto de caridad es orar por los enemigos o perseguidores, porque en la oración pedimos un Amor que no es nuestro y es de DIOS. Este Amor puede hacer el milagro de la transformación del enemigo. En el tiempo de la paciencia de DIOS el sol sale para buenos y malos, y la lluvia baja a justos e injustos (v.45). El pecador se confunde y considera este tiempo de la paciencia de DIOS con su ausencia o inexistencia; pero DIOS se limita a dejar señales de su Presencia y reiteradamente es despreciado. La Palabra en este caso nos señala el comportamiento de DIOS que hace el bien sin acepción de personas.

Recompensa futura

“Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener?, ¿no hacen eso también los publicanos? (v.46). Para amar al enemigo o saludar al adversario, va a ser necesario un acto de negación del propio orgullo en el que se encuentra envuelto el ego propio. Recordamos que JESÚS establece como regla número uno para seguirlo la de “negarse a uno mismo” (Cf. Lc 9,23). Es más duro y difícil anular la soberbia personal, que afrontar una dificultad; y es mucho más difícil aplastar el orgullo que disponerse a recibir la enseñanza del MAESTRO como seguidores suyos. Amar a los enemigos resulta de nuevo un acto heroico, fuera del alcance de las estrictas fuerzas humanas. Se habla y con razón de la gracia del martirio, por la que el cristiano puede perdonar al torturador o al verdugo que le va a arrancar la vida. Este es un momento cumbre en la vida del cristiano, que está a punto de entrar en la otra vida que tiene una única carta de presentación: la sangre redentora de JESUCRISTO. Todo cristiano es mártir o testigo, que se muestra de forma súbita o realiza un largo proceso en el tiempo para su transformación.

La perfección

“Vosotros sed perfectos como perfecto es vuestro PADRE celestial” (v.48). No podemos engañarnos: esta vida es un gran campo de pruebas, en el que repetimos un número muy elevado de rutinas para bien o para mal. JESÚS nos enseñó el Padrenuestro para rezarlo miles de veces en todos nuestros años, de forma que alguno se aproxime a la perfección del Padrenuestro que salió de sus labios. Debemos realizar miles de ejercicios marcados por la Misericordia efectiva, para que en algún momento se desprenda la llama de la verdadera Caridad que consuma la maleza del orgullo y la vanidad. Algunos tenemos la gran suerte de haber participado miles de veces en la celebración de la Santa Misa, sabiendo que sólo existe una MISA, la que JESÚS realizó en el Cenáculo, pero gracias a todos los miles de acercamientos al gran CENÁCULO, una segunda condición eucarística se va conformando en preparación de una Vida Eterna, que de otro modo no será posible: “el que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida Eterna, y YO lo resucitaré en el Último Día” (Cf. Jn 6,54).

San Pablo, primera carta a los Corintios 3,16-23

San Pablo en esta carta tiene que afrontar el mal producido por las divisiones internas: “decís yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, ¿no procedéis así al modo humano?” (v.5). Cada uno de los que interviene en la evangelización es servidor del único que concede el crecimiento espiritual: “”yo planté, Apolo regó, pero fue DIOS quien dio el crecimiento” (v.6) “Nosotros somos colaboradores de DIOS y vosotros campo de DIOS” (v.9). Había que echar buenos cimientos, y el único cimiento es CRISTO (v.10b). Cada cual debe construir sobre el cimiento dado. Se puede construir con oro, plata, piedras preciosas; madera, heno o paja (v.12). Un Día la obra quedará al descubierto. La obra construida quedará al descubierto por el fuego, y habrá construcciones que resistan, otras quedarán abrasadas, aunque él personalmente quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego (v.11-15). Dos grandes temas engarzados por el único fundamento que es CRISTO: la división dentro de la comunidad y el resultado del juicio particular el Día del fuego. Un tipo de material noble: oro, plata o piedras preciosas. Otro tipo de material sobre el fundamento: madera, heno o paja. Estos últimos materiales son combustibles y el fuego puede con ellos, pero el sujeto se libra con alguna que otra quemadura. ¿Alude el Apóstol a un tipo de purificación después de la muerte necesaria antes de la Bienaventuranza definitiva? Advierte san Pablo algo que repetirá en el capítulo seis: ¿no sabéis que sois santuario de DIOS, y el ESPÍRITU de DIOS habita en vosotros? (v.16) Un santuario en el que mora el ESPÍRITU SANTO, que es fuego y espera a manifestarse en el juicio particular el día del fuego. Naturalmente, cuando alguien se muere no provoca incendio alguno a su alrededor, pero espiritualmente la cosa tiene otras características, que pasan  inadvertidas para los que nos quedamos a este lado del acontecimiento. San Pablo está dando cuenta de lo que sucede al otro lado, en el plano estrictamente espiritual. De esta forma quiere incidir en la importancia del cimiento dispuesto para la edificación, pues la catástrofe absoluta sería carecer del cimiento adecuado, para el que se emplearon a fondo, tanto él mismo como Apolo. Por tanto los de Corinto tienen que ser cautos y no perder el tiempo en divisiones inútiles, que pudieran perjudicarles en el resultado final de su Vida en CRISTO. 

El hombre es santuario de DIOS

“Si alguno destruye el santuario de DIOS, DIOS le destruirá a él, porque el santuario de DIOS es sagrado y vosotros sois ese santuario” (v.17) El santuario es el recinto que acoge al SANTO. Siguiendo este versículo, el hombre es santo, porque el SANTO habita en él. La dignidad del hombre excede cualquier cálculo humano, porque DIOS mismo lo dignifica. Destruir lo sagrado en el hombre acaba por degradar al mismo hombre, que es inseparablemente del DIOS que lo asiste. A la luz de este versículo se entienden mejor muchas de las cosas que están pasando en nuestra sociedad en otro tiempo algo más creyente y sacralizada.

La Sabiduría que procede de DIOS

“Nadie se engañe. Si alguno entre vosotros se cree sabio según este mundo, hágase necio para llegar a ser sabio, pues la sabiduría de este mundo es necedad a los ojos de DIOS” (v.18-19). Las ciencias humanas son muy parciales, cada una por su lado, a la hora de valorar al hombre; incluso las consideraciones antropológicas, que en principio son globales, descuidan la dimensión religiosa y cristiana. Si alguien quiere adentrarse en la dimensión sacra del hombre cristiano tendrá que buscar la experiencia religiosa de los santos o un buen tratado de antropología cristiana que trate la acción de la Gracia en el bautizado. San Pablo propone el camino recto de la humildad dentro de la Fe. La confianza incondicional del creyente en su SEÑOR le irá dando a lo largo del tiempo un conocimiento muy superior a cualquier otra disciplina; y el Apóstol quiere resaltar la gran distancia existente entre los cálculos humanos de cualquier época a la experiencia religiosa de los sencillos. En esta misma carta, san Pablo había dicho: “no he venido a vosotros con palabras de humana sabiduría, para que vuestra Fe se fundamente  en el Poder de DIOS” (Cf. 1Cor 2,1-5)

La Gloria es de DIOS

En más de una ocasión san Pablo recurre a la ironía con los de Corinto: “no se gloríe nadie en los hombres, pues todo es vuestro, ya sean Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, todo es vuestro, y vosotros de CRISTO y CRISTO de DIOS” (v.21-23). Los de Corinto se sentían especiales y san Pablo no los defrauda, como a los niños que juegan a ser príncipes y princesas. Cuando san Pablo escribe los versículos correspondientes de esta carta es muy probable que aquellas comunidades carismáticas todavía estuvieran viviendo la luna de miel de los que experimentan con Poder la efusión del ESPÍRITU SANTO y se produce una gran abundancia de fenómenos carismáticos. No se puede ahogar ese fervor inicial, y la solidez del Apóstol se mide, entonces, en el modo de encauzar ese torrente de gracias para que perdure en el tiempo y se llegue a construir el sólido edificio referido en versículos anteriores. Todo el mundo se apunta a las consolaciones espirituales, y casi nadie está dispuesto a las pruebas inevitables que vendrán; y sin embargo es en ellas donde se consolidará el creyente. Todos los bienes espirituales se los da san Pablo a los de Corinto, Apolo, Cefas, el presente, el futuro, los dones, los carismas. Ellos pueden pedir gracias sin límite si están en CRISTO, y ÉL les irá dando  lo que más les conviene y necesitan. Ellos son de CRISTO, y CRISTO de DIOS. Hacen muy bien en pedir, si están dispuestos a unirse a su SEÑOR en su vida y destino; por tanto, no se podrá protestar cuando se encuentren también asociados al destino del Siervo de YAHVEH con el fin de acceder definitivamente a la Gloria.

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