En la universidad Duke, una de las mejores universidades de Estados Unidos, realizaron una estadística donde el informe final; fue que una de las causas principales de las enfermedades no es ni el ataque al corazón, ni el cigarrillo, ni el sida, ni el cáncer, sino la falta del perdón. Sí, la falta de perdón.
En efecto, la falta de perdón enferma a las personas, las deprime, las vuelve neuróticas, psicóticas, etc.… hay muchas enfermedades mentales y emocionales que son la causa de no haber perdonado ni haber recibido perdón. Negarse a perdonar es estar atado y resistir la gracia de Dios.
El perdón tiene un efecto positivo en el cerebro. Reduce los estados del estrés provocados por el rencor, la ira para dar forma a una mente más relajada y capaz de afrontar las dificultades que aparezcan. En ocasiones cuesta dar El Paso y que no falta quien, en su pleno derecho, opta por no perdonar a quien una vez le causó daño.
Cuando tu perdonas y recibes el perdón de otros, tu vida comienza a cambiar drásticamente. Cuando nos atrevemos a perdonar todas aquellas malas acciones o todas aquellas palabras hirientes o actitudes negativas que nos hicieron cargar una roca pesada en nuestro cuello por muchos años, simplemente nos liberamos y comenzamos a vivir de nuevo.
Debemos recordar que perdonar no depende del otro, sino de uno mismo. No depende del pasado, sino del “Aquí y el ahora”. El perdonar depende exclusivamente de nuestra decisión al darnos cuenta de que somos débiles, somos de carne y hueso; con cualidades, sí, pero también con defectos.
Por lo tanto, procura iniciar cada día con una actitud diferente y transformadora, regalándote unos minutos para poder perdonarte y perdonar a otros.
No olvides que eres un ser lleno de luz, de poder y de vida.
Perdonar es una actitud de valientes. Recuerda que siempre se puede comenzar de nuevo.
El perdón te hace libre, le da paz a tu corazón, te sana y te hace feliz. Es unos de los mejores regalos que puedes darte a ti mismo, es perdonar.

