Pensemos en escuchar al otro

Mons. Cristobal Ascencio García
Mons. Cristobal Ascencio García

Bienvenidos a esta reflexión desde la Palabra de Dios en el II Domingo de Cuaresma.

Hoy el Evangelio nos presenta a Jesús en la montaña, donde se transfigura ante tres de sus Apóstoles: Pedro, Santiago y Juan; estos seguidores de Jesús que se oponían al proyecto del Señor, ya que Pedro lo quiere disuadir de subir a Jerusalén, Santiago y Juan buscaban los primeros lugares. No podemos olvidar que Jesús va rumbo a Jerusalén, al lugar donde sufrirá la pasión y muerte, desea reafirmarlos en su identidad, desea fortalecer aquella fe que pronto será probada.

Jesús se presenta transfigurado y acompañado de Moisés y Elías; sólo a Jesús le resplandece el rostro y sus vestiduras, sólo Jesús irradia luz. Pedro reacciona con aquella espontaneidad que lo caracteriza y lo hace de manera equivocada: “Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres haremos tres tiendas: una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Pedro sigue sin entender, primero lo pone al mismo nivel de Moisés y de Elías, por otra parte, se sigue resistiendo a subir a Jerusalén, sabe que el camino no será fácil, de allí, que lo quiera retener en la gloria del Tabor, lejos de la pasión y la muerte en cruz. Dios mismo lo corrige desde la nube: “Este es mi Hijo amado”; le está indicando que Jesús no se debe confundir con nadie. No puede equipararse con ningún ser humano, es mucho más que el más santo de los humanos. Además, Dios mismo da la indicación: escuchadle”. A Jesús se debe escuchar, se debe dar el paso de la ley y los profetas a escuchar la Palabra que Jesús proclama.

Creo que los tres Apóstoles pensaban que habían sido dispensados de la noche de la pasión y muerte, cuando en el monte contemplan a Cristo transfigurado en la gloria, por eso: “Qué bien estamos aquí, vamos a hacer tres tiendas. Se equivocan pensando llegar a la Pascua sin pasar el obstáculo del calvario. Pero la visión Pascual anticipada dura lo que un relámpago, inmediatamente recomienza la noche, de pronto al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Jesús un hombre como los demás, es más, un condenado a muerte que se encamina hacia el patíbulo infamante. La luz se ha apagado y sin embargo en ellos ha permanecido encendida una Palabra: “Este es mi Hijo amado, escuchadlo”. Y ellos como nosotros, como todos los creyentes, llevan dentro además de aquel rayo de luz, sobre todo llevan aquella Palabra. Con el Salmo 119 podemos decir: “Lámpara para mis pasos es tu Palabra Señor”. La lámpara no elimina la noche, pero sí permite caminar.

Aquellos Apóstoles, lo habían escuchado de muchas maneras: lo vieron hacer milagros, multiplicar los panes, curar enfermos, predicar en cada ocasión que se le presentaba. Quizá se acostumbraron a su voz y aquellas palabras no se anidaron en sus corazones, ya que, el camino al calvario los siguió atemorizando, en algún momento lo dejarían solo.

Hermanos, puede resultar sencillo pensar que, al acudir a Misa todos los domingos o días festivos, con eso es suficiente en la escucha de Jesús. Pero analicemos nuestra vida, para ver si no nos hemos acostumbrado a escuchar su Palabra y no hacer caso, o peor aún,

que no tengamos la capacidad de escuchar, que estemos de cuerpo presente y con los oídos cerrados. Existen muchos ruidos internos y externos que nos impiden tener la capacidad de escucha. Debemos distinguir la Palabra de Jesús de entre tantas voces humanas. Así, después de haber escuchado el imperativo que surge de la nube: Escúchenlo”, debe quedarnos claro que debemos desarrollar el arte de escuchar para no confundirnos. Reflexionemos en lo siguiente:

1°. Escuchar a Jesús. En nuestros días existen muchas voces, dígase voces de predicadores, de pastores, de políticos, algunos de ellos dicen proclamar el mensaje de Jesús o presentan un camino de salvación diverso. Como cristianos, debemos tener la capacidad para saber distinguir la Palabra de Jesús de aquellos predicadores que se anuncian a ellos mismos. Están por empezar las campañas políticas y todos anunciarán y prometerán la “gloria del Tabor”, olvidándose de que vivimos en el calvario. Los invito para que analicemos: ¿Cómo escuchamos a los candidatos de los diferentes partidos políticos y a sus propuestas de campaña? Veamos si sus propuestas incluyen o no los valores humanos y cristianos o proponen más bien ideologías opuestas a esos valores. No olvidemos que los nuevos y falsos mesías, prometerán la gloria sin pisar el camino del Calvario, son ilusiones que buscarán alagar los oídos. Será momento para vernos a nosotros mismos y saber si realmente escuchamos a Jesús o lo cambiamos por doctrinas que son como paja que se lleva el viento. No olvidemos que, como discípulos del Señor, estamos llamados a escuchar la voz del Padre que nos manda escuchar la voz de Jesús, quien nos enseña y nos conduce del error a la verdad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida.

2°. Pensemos en escuchar al otro. Todos estamos llenos de prejuicios y nos cuesta acercarnos al otro para escucharlo con el corazón; antes de que llegue su mensaje a nuestros oídos, ya hemos hecho un juicio, y así no podemos escuchar el mensaje que quiere darnos. Todo lo vemos desde nuestros problemas y prejuicios. Por eso, me dirijo a ustedes esposos: ¿Cómo se escuchan? Antes de escuchar el murmullo de Dios, esfuércense por practicar el arte de escucharse ustedes mismos.

Papás: ¿Cómo escuchan a sus hijos? No basta buscarles lo necesario para vivir, deben poner oído, saber escucharlos. Saben ¿qué piensan sus hijos? ¿qué sienten? ¿cuáles son sus aspiraciones en la vida?

Hijos: ¿Cómo escuchan a sus padres? Estamos en un mundo donde se nos hace creer que la verdad es lo que yo pienso y así muchos hijos consideran que sus padres están anticuados y dejan de escucharlos. Es importante escuchar a sus papás que los aman y tienen la experiencia que dan la vida y el amor.

3°. ¿Cómo estamos desarrollando el arte de escuchar? Fomentemos la capacidad de escucha humana, porque de lo contrario, Jesús nos seguirá hablando y no escucharemos sus palabras que dan sentido a nuestra vida. La voz de la nube nos deja un imperativo: Escúchenlo”. ¿Dónde escucho la voz de Jesús? ¿Cómo la escucho? ¿Su palabra es significativa para mí?.

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. ¡Feliz domingo para todos!

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Obispo de la Diócesis de Apatzingan