«Pedimos pan y recibimos una piedra»: Carta de la FSSPX a León XIV

ACN

El Superior General
de Su Santidad
el Papa León XIV

Écône, 3 de julio de 2026

«¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O un pez, en vez de un pez, le dará una serpiente?

¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, que sois malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!» (Lucas 11:11-13)

Santísimo Padre,

Nos ha llegado la notificación de la decisión adoptada por la Santa Sede con respecto a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, firmada por Su Eminencia el Cardenal Fernández, y ahora es de dominio público.

Nos parece que esta decisión vuelve a poner de manifiesto la trágica situación en la que se encuentra la Iglesia universal.

Lo que la Sociedad de San Pío X ha hecho y seguirá haciendo no es otra cosa que una iniciativa extraordinaria para ayudar a las almas en medio de la confusión doctrinal y moral en la que está sumida la Iglesia.

De ninguna manera pretendemos sustituir a la Iglesia, ni tenemos otra ambición, que la de permanecer fieles a ella.

En conciencia, no consideramos que pudiéramos eludir el deber moral que tenemos para con las almas, como ya le hemos explicado, tanto en privado como en público, a Su Santidad.

Habíamos pedido pan,
es decir,
un poco de comprensión
por un caso sincero de conciencia,
un gesto de paternidad
no tanto hacia la Fraternidad de San Pío X,
como hacia las almas,
prometiendo convertirlas
en verdaderos hijos de la Iglesia Romana;
Lamentablemente, recibimos una piedra.

Habíamos pedido un pez,
es decir,
la posibilidad de obtener temporalmente
los medios necesarios
para seguir formando buenos sacerdotes,
para que pudieran continuar su misión
de dar a conocer a Nuestro Señor a las almas; Lamentablemente, recibimos una serpiente.

Habíamos pedido un huevo,
prometiendo devolverlo lo antes posible.
En efecto,
la santa Tradición
que conservamos en nuestras almas
pertenece a la Iglesia, nuestra Madre,
y no a la Fraternidad de San Pío X;
y estamos seguros
de que algún día un Papa querrá usarla
para el bien de la Iglesia universal.
Lamentablemente, recibimos un escorpión.

Habíamos pedido ser instruidos y confirmados en la fe de todos los tiempos; en cambio, fuimos declarados cismáticos por segunda vez.

A pesar de las sanciones que se nos han impuesto, la Sociedad de San Pío X renueva sinceramente la promesa que ya le había hecho a Su Santidad. Permítame, en este sentido, reiterar libremente lo que ya he expresado:

La Sociedad les promete dedicar todas sus energías a preservar la Tradición y ponerla al servicio de la Iglesia.

Al hacerlo, la Fraternidad de San Pío X no se limita a mantener las antiguas prácticas, sino que fomenta y preserva las vocaciones sacerdotales, las vocaciones religiosas, las familias numerosas y profundamente cristianas; en resumen, todo aquello que manifiesta la vitalidad de la Iglesia, de la gracia y de la fe católica.

Nuestra intención
no es ofrecer a la Iglesia un museo de antigüedades,
sino la Tradición completa y fecunda,
fuente de vida espiritual,
encarnada y vivida en las almas. 

Estoy seguro de que algún día usted mismo o uno de sus sucesores podrá y querrá utilizar este servicio, cuya prestación, en y para la Iglesia, constituye nuestra única razón de ser. (Carta personal dirigida a Su Santidad el 21 de noviembre de 2025)

Pero, sobre todo,
la Fraternidad de San Pío X
les promete hoy
no recibir estas nuevas sanciones
—que son objetivamente injustas e inválidas—
con amargura ni rebeldía.

Las recientes condenas,
al igual que las del pasado,
atentan contra la esencia misma
de nuestro ser:
nuestro apego a nuestra Madre,
la Iglesia Católica Romana.

Sin embargo,
incluso en esta prueba,
todo debe obrar
en pro del bien de las almas
y de la Iglesia misma.

Por ello,
estas condenas nos impulsan
a amar aún más a la Santa Iglesia
y a atender sus necesidades
con todas nuestras fuerzas,
más que nunca.

Por esta razón, la Sociedad de San Pío X ofrece voluntariamente el sufrimiento causado por estas nuevas sanciones, por el bien de la Iglesia universal y de Su Santidad.

Estamos seguros de que algún día usted mismo o alguno de sus sucesores querrá adoptar el programa de San Pío X: «Restaurar todas las cosas en Cristo», Instaurare omnia in Christo .

En aquel día, el Santo Padre descubrirá en la Fraternidad de San Pío X no una multitud de serpientes y escorpiones, sino un pequeño ejército de hijos leales, dispuestos a hacer todo lo posible para apoyarlo en la restauración de todas las cosas en Nuestro Señor y para reclamar ante toda la humanidad los derechos inalienables de Cristo Rey sobre todas las almas y todas las naciones.

Ese día, el Santo Padre descubrirá con gran alegría y profundo consuelo almas auténticamente católicas, cuyo vínculo con la Iglesia nunca se ha basado en las arenas movedizas de un diálogo ambiguo, sino en la roca de la fe de Pedro.

Pedimos a la Santísima Virgen María que acelere la llegada de ese día, y deseamos especialmente que Su Santidad experimente esta alegría y consuelo lo antes posible.

Mientras tanto,
si puedes,
a pesar de tu reciente decisión,
bendícenos como a tus hijos.
Para nosotros,
nada ha cambiado ni cambiará jamás.

Confiando en la divina Providencia, de la que nada escapa y que lee hasta lo más profundo del corazón de cada hombre, permanezco, Santísimo Padre, tu hijo más devoto en el Señor.

Don Davide Pagliarani

VIERNES 3 DE JULIO DE 2026.

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