Papa León XIV envía mensaje a arzobispo de Puebla al celebrar 50 años de vida sacerdotal

En el Seminario mayor Palafoxiano de la arquidiócesis de Puebla, el 15 de junio de 2026, miles de fieles, más de 41 obispos provenientes de distintas diócesis del país, el nuncio apostólico en México, Joseph Spiteri, el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Ramón Castro Castro, junto con autoridades civiles como el gobernador del Estado de Puebla, se congregaron para celebrar con profunda solemnidad y gratitud el 50 aniversario de la ordenación sacerdotal de Víctor Sánchez Espinosa, arzobispo de Puebla.

La celebración, que llenó el recinto del seminario y sus alrededores en un ambiente de fe, aplausos prolongados y emoción contenida, tuvo también un claro tono de transición pastoral. Víctor Sánchez Espinosa, quien el 21 de mayo de 2025 cumplió 75 años de edad y presentó su renuncia al gobierno pastoral de la arquidiócesis, vive este jubileo como un acto de acción de gracias.

Los hitos de una vocación se fraguaron en el mismo Palafoxiano que conmemoró el aniversario. Nacido el 21 de mayo de 1950 en Santa Cruz, municipio de Teotlalco en la mixteca poblana, Sánchez Espinosa ingresó al Seminario menor en 1963 y completó su formación filosófica y teológica en el Seminario mayor Palafoxiano. Fue ordenado sacerdote el 6 de junio de 1976, solemnidad de Pentecostés, por manos del entonces arzobispo de Puebla, Ernesto Corripio Ahumada. En 1979 obtuvo la especialidad en Sagrada Liturgia en el Pontificio Instituto San Anselmo de Roma. Destacó como maestro y director espiritual del seminario, impulsor y durante muchos años dirigente de la Sociedad Mexicana de Liturgistas de la que fue secretario durante veinticinco años y presidente en dos trienios. Fue secretario de la Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica durante doce años y, ya como obispo, continuó velando por la dignidad y aprobación de los libros litúrgicos propios de la Iglesia en México.

El 26 de marzo de 2004, san Juan Pablo II lo nombró obispo auxiliar de la arquidiócesis Primada de México; su ordenación episcopal se celebró en la Basílica de Guadalupe. En 2007 fue elegido secretario del CELAM y presidente del Observatorio Pastoral Latinoamericano. El 8 de mayo de 2009, Benedicto XVI lo designó como el octavo arzobispo metropolitano de Puebla de los Ángeles, diócesis que ha pastoreado con cercanía, solicitud por la comunión eclesial y un profundo amor a la liturgia celebrada con dignidad.

Durante la Eucaristía se dio lectura al mensaje de felicitación enviado por el Papa León XIV con fecha 28 de mayo de 2026. En él, el Pontífice expresa su complacencia por la “diligente y fecunda actividad apostólica” del arzobispo, ejercida con generosa entrega y por la “probada solicitud con la que ha acompañado al pueblo de Dios mediante la palabra y el ejemplo, como fiel dispensador de los misterios de la redención y celoso heraldo del evangelio”. Destaca también “la valiosa labor desarrollada en el CELAM” e imparte de corazón la bendición apostólica al prelado, a su clero, a los fieles y a sus seres queridos, como prenda de abundantes dones celestiales.

La homilía estuvo a cargo del nuncio Joseph Spiteri, quien ofreció una profunda y exigente reflexión sobre la vocación profética a partir de la primera lectura del profeta Jeremías. Recordó las palabras “Antes de formarte en el seno materno, te conozco” y la imagen del Señor que extiende su brazo, toca la boca del profeta y le dice: “Desde hoy pongo mis palabras en tu boca”. Subrayó que el sacerdocio ministerial es un don de Dios que configura al sacerdote a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, para servir plenamente a la comunidad de fe en la celebración de los misterios sagrados y el anuncio de la Palabra.

Destacó con especial fuerza el diálogo de Jesús resucitado con Simón Pedro, “¿Me amas tú más que estos?… Señor, tú sabes bien que yo te amo… Apacienta mis ovejas”, como el que ha animado el ministerio episcopal de Sánchez Espinosa, privilegiando siempre la cercanía en los pueblos y ciudades del vasto territorio de la arquidiócesis angelopolitana.

Con palabras del propio Santo Padre León XIV, invitó a una “paz desarmada y desarmante”, especialmente en las palabras y gestos que evitan fomentar la división y la polarización. Llamó a los sacerdotes a ser también hombres de acción y de compasión, capaces de conmoverse ante las necesidades del prójimo y de buscar soluciones concretas para su comunidad. Recordó que la vocación es un tesoro que llevamos en vasijas de barro y que la belleza de reconocer el don recibido consiste en mirarlo con los ojos de Dios, con ternura, para compartirlo con sencillez y decisión por el bien de todos. Encomendó al arzobispo y a toda la Iglesia poblana a la ternura y protección maternal de Nuestra Señora de Guadalupe y de Nuestra Madre de Ocotlán, patrona de la arquidiócesis y de la provincia eclesiástica angelopolitana.

Al término de la celebración eucarística, Víctor Sánchez Espinosa tomó la palabra con profunda emoción y humildad. “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”, afirmó citando al salmista. Recordó el domingo de Pentecostés de hace cincuenta años, cuando postrado ante el altar junto con sus compañeros invocó con toda la Iglesia la fuerza del Espíritu Santo y fue marcado para siempre con el carácter eterno del sacerdocio de Cristo por imposición de manos del arzobispo Ernesto Corripio Ahumada. Agradeció a Dios por el don de la vida y por el inmerecido regalo de la vocación sacerdotal, por la que ha tenido el privilegio de hacer presente a Cristo y guiar al pueblo santo de Dios.

Expresó gratitud a su familia, donde todos aprendieron a rezar y a alimentarse de los primeros brotes de la fe, a sus formadores en el seminario, a tantos sacerdotes ejemplares que iluminaron su camino con su testimonio fiel, y a los arzobispos que conoció y trató: Octaviano Márquez y Toriz, Ernesto Corripio Ahumada y Rosendo Huesca Pacheco. Recordó con especial cariño a los hermanos sacerdotes que partiero a la Casa del Padre y, de manera muy sentida, a los 65 sacerdotes de la arquidiócesis de Puebla que murieron durante la pandemia de COVID-19.

Dirigiéndose especialmente a las familias poblanas y a los jóvenes, lanzó un llamado claro y esperanzador: “No entreguen su vida a proyectos mezquinos ni a placeres pasajeros que terminan dejando vacío el corazón. No permitan que las nuevas tecnologías, el ruido constante y la superficialidad de nuestro tiempo les roben la capacidad de escuchar la voz de Dios”. Invitó a los jóvenes a no apagar la voz del Señor que sigue llamando y diciendo “Sígueme”, y a entregar la vida a Cristo, “único que puede dar sentido pleno a la existencia humana”. “La Iglesia necesita jóvenes generosos, valientes y enamorados de Dios que edifiquen el Reino de Dios, que es amor, justicia y paz”, enfatizó.

En un mundo marcado por la violencia, la polarización, el relativismo y las ideologías que atacan la dignidad de la persona humana, la familia y el don sagrado de la vida, reafirmó con convicción que “Cristo ha vencido al mundo, ha vencido al mal y por eso no debemos perder la esperanza”. Llamó a todos, sacerdotes, religiosas, laicos, a trabajar unidos, cada uno desde su propio ambiente y pastoral, para reconstruir el tejido social a través del diálogo, la reconciliación, la formación en las virtudes y la comunicación de una auténtica cultura de la paz.

Puso este jubileo sacerdotal en las manos maternales de Nuestra Señora de Guadalupe, “Nuestra Morenita del Tepeyac”, y de Nuestra Madre de Ocotlán, patrona de la arquidiócesis y de la provincia eclesiástica angelopolitana. Agradeció la presencia de la presidencia de la CEM, a quien calificó de “buen amigo y hermano”, Ramón Castro Castro y el secretario de la CEM, Héctor Mario Pérez Villarreal, del nuncio apostólico como representante del Santo Padre en México, y de todos los presentes. “Reciban con cariño mi bendición y que la gracia del Señor permanezca siempre con todos y cada uno de ustedes”, concluyó.

Víctor Sánchez Espinosa deja un legado profundo y duradero en la Iglesia mexicana, su pasión por la liturgia celebrada con dignidad y belleza, su empeño en la formación de futuros pastores, su servicio al CELAM y su incansable dedicación al anuncio del Evangelio con cercanía pastoral en una arquidiócesis extensa y diversa. Este jubileo de oro, celebrado cuando ya ha presentado su renuncia al Santo Padre tras cumplir los 75 años, adquiere un significado especial de transición y de confianza en la Providencia. Sus palabras resonaron como un testamento espiritual de gratitud por el camino recorrido, tejido por la misericordia divina y por su propia fragilidad humana, y de firme esperanza en que el Señor no abandona a su Iglesia y que el mal no tiene la última palabra.

La multitud que abarrotó el Seminario Palafoxiano el 15 de junio de 2026 despidió con aplausos prolongados, cantos de acción de gracias y muestras de afecto a un pastor que durante cincuenta años ha buscado hacer presente a Cristo Buen Pastor en medio de su pueblo. La arquidiócesis de Puebla, mientras espera con oración el nuevo pastor que el Papa León XIV designe, guarda en el corazón las palabras de esperanza, de llamado a la comunión y de encomienda mariana que Sánchez Espinosa sembró en esta jornada memorable de fe, gratitud y comunión eclesial.

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