Otra iglesia profanada en Francia: ¿cuánto tiempo más continuará este odio anticristiano?

ACN
  • Estatuas rotas,
  • Muebles volcados,
  • Objetos religiosos tirados al suelo.
  • Una nueva herida infligida al patrimonio cristiano francés, en un silencio que se ha vuelto casi habitual.

Lunes de Pentecostés.

  • Mientras los cristianos celebraban el don del Espíritu Santo y el nacimiento de la Iglesia, una escena muy distinta aguardaba a los residentes de Mérens, en la comuna de Pont-du-Casse, Lot-et-Garonne.
  • La iglesia de Saint-Pierre-ès-Liens fue encontrada vandalizada.
  • Bancos volcados, objetos religiosos tirados al suelo, estatuas dañadas, macetas volcadas y una ventana rota daban testimonio de la presencia del o los autores del vandalismo.

Una vez más, no se trató solo de un edificio atacado.

  • Una iglesia no es ni un ayuntamiento ni una oficina administrativa.
  • Es la casa de Dios, un lugar dedicado a la oración, la contemplación y la celebración de los sacramentos.
  • Cuando se derriban estatuas, cuando se profanan deliberadamente representaciones religiosas, no se trata simplemente de un daño material.
  • Es un ataque simbólico contra lo que generaciones de fieles han amado, apreciado y transmitido; ¡es una verdadera profanación!

Quizás lo más preocupante sea la aparente normalización de estos actos.

  • Casi todas las semanas, iglesias son blanco de ataques en algún lugar de Francia.
  • Aquí, decapitan una estatua de la Virgen María; allá, saquean un sagrario; en otros lugares, provocan incendios o destruyen un crucifijo.
  • Estos incidentes ocurren con alarmante regularidad, pero rara vez generan la indignación nacional que provocarían actos similares contra otros lugares de culto. Esta normalización es peligrosa.
  • Porque detrás de cada acto de vandalismo se esconde una realidad más profunda: la erosión gradual de lo sagrado en una sociedad que ya no reconoce el valor espiritual de su propio patrimonio.
  • A menudo se afirma que las iglesias son ahora meros monumentos patrimoniales.
  • Sin embargo, incluso reducidas a esta dimensión cultural, deberían merecer un respeto básico.
  • Pero este respeto también está desapareciendo.

La iglesia de Saint-Pierre-ès-Liens pertenece a esa Francia rural cuyos campanarios siguen marcando el paisaje y la memoria colectiva.

  • Durante siglos, estos edificios han sido testigos de los momentos más importantes en la vida de sus habitantes: bautizos, bodas, funerales, fiestas patronales y celebraciones litúrgicas.
  • Profanarlos es herir mucho más que a una comunidad parroquial; es atacar una parte del alma francesa.
  • Ante estos repetidos ataques, las condenas en principio ya no son suficientes.
  • Hay que perseguir sin descanso a los culpables y castigarlos con todo el peso de la ley.
  • La protección de los lugares de culto no puede ser una preocupación secundaria cuando tantos edificios permanecen abiertos a diario para acoger a fieles y visitantes.

Más allá de la investigación que deberá esclarecer las circunstancias exactas de este suceso, persiste una pregunta que muchos católicos se hacen hoy: ¿cuántas iglesias más deben ser profanadas antes de que la nación comprenda plenamente la gravedad de estos actos?

Porque cuando se rompe una estatua de Cristo o de la Virgen María, cuando se vandaliza deliberadamente un lugar consagrado, no se ataca simplemente la piedra, la madera o el vidrio.

Se ataca una memoria, una fe y una civilización que algunos parecen empeñados en pisotear.

Por FABIEN FERTAL.

MARTES 26 DE MAYO DE 2026.

SUD OUEST/TCH.

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