Orar siempre y sin desfallecer

Pbro. Crispín Hernández Mateos
Pbro. Crispín Hernández Mateos

Las lecturas de este domingo nos invitan a trabajar juntos y organizados, a dejarnos corregir y educar por la Sagrada Escritura y a pedir la justicia a Dios con mucha confianza y esperanza, sabiendo que la constancia nos lleva obtener los bienes verdaderos que Él proporciona. Veamos.

«Aarón y Jur le sostenían los brazos a Moisés, uno a cada lado»

Trabajar juntos, sumando fuerzas, es una actitud que nos enseña hoy el libro del Éxodo y nos invita a ejercerla con amor, buscando siempre el bien del pueblo. Además, trabajando unidos llegamos más lejos y nos hacemos más fuertes. Por eso, es indispensable crear sinergias, es decir, crear alianzas, hacer pactos y diseñar estrategias que nos permitan enfrentar los desafíos pastorales y sociales, desde la fe y la comunión. La lectura de hoy nos enseña, que para poder vencer  al enemigo, Aarón y Jur se organizaron para sostener los brazos de Moisés y así «resistieron en alto sus brazos hasta la puesta del sol». Esto nos descubre que la fuerza de uno más la fuerza de otro, suma la fuerza de tres. ¡Estemos unidos siempre en el amor! (cf. 1ª Co 1,10)

«Toda Escritura es útil para enseñar, exhortar, corregir y educar en la justicia»

La sagrada Escritura está inspirada por Dios y nos guía por el camino verdadero para encontrarnos con Él. Si deseamos conocer cuál es su Plan de salvación,  tenemos que escuchar su Palabra, meditarla, reflexionarla y ponerla en práctica. Por ello, la Escritura nos enseña, nos orienta, nos corrige y nos exhorta; ella es como un faro, como una lámpara, como una guía para nuestro sendero. Dejemos que su Palabra haga eco en nuestro corazón y que, como el Espíritu santo en los discípulos de Emaús, arda en él para darnos la vida verdadera. Que esta Palabra, nos eduque en las cosas santas, buenas y verdaderas, y sea la roca, donde construyamos nuestra casa (cf. Mt 7,24).

«Dios les hará justicia sin tardar»

Jesús les enseña a sus discípulos la necesidad de «orar siempre y sin desfallecer», es decir, con constancia, fidelidad y perseverancia. Perseverar significa mantenerse firmes, resistir y aguantar los embates del enemigo. Para ello, debemos confiar siempre y totalmente en Dios, tener la seguridad que Él siempre estará con nosotros, que nunca nos abandonará ni nos dejará solos. Pedir justicia a Dios es traducir esta acción en una solicitud de misericordia para el enemigo, el agresor o el asesino, aunque en el corazón estemos esperando un pago igual al que nosotros recibimos por parte de ellos. Cuando alguien obre mal contra nosotros, pongamos nuestra vida y el juicio contra ellos, en las manos de Dios. No se nos olvide, que la misericordia de Dios triunfa el juicio (cf. St 2,13). ¡No condenemos y no seremos condenados! (cf. Lc 6,37).

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