Nuestra Señora del Perpetuo Socorro: ¿por qué se le llama «del Perpetuo Socorro»?

ACN

La devoción a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro se ha extendido por todo el mundo y, por diversas razones históricas y concretas, se ha convertido en la advocación especial de la Congregación de los Redentoristas .

Como sabemos, ha sido objeto de la difusión de una enorme cantidad de gracias dentro de la Iglesia, y ha sido colmada de favores, protección e indulgencias.

Debemos ocuparnos del título con el que la Virgen quiso ser venerada en esta devoción, y que difiere de varias otras.

Pero antes que nada, quisiera señalar que este título coincide con otros aspectos y otros títulos que evocan la misma idea. Por ejemplo:

  • Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y Nuestra Señora Auxiliadora : quien ayuda, ayuda y quien ayuda, ayuda
  • Nuestra Señora Auxiliadora y Nuestra Señora del Amparo : quien apoya, ayuda; quien ayuda, apoya; quien apoya, de alguna manera, ayuda y ayuda.

En otras palabras, estas invocaciones, diferentes por su origen en distintos lugares y por ser recomendadas a los fieles en distintas ocasiones y circunstancias, celebran de diversas maneras la solicitud con la que Nuestra Señora interviene en los acontecimientos de la vida cotidiana , tanto espirituales como temporales , tanto en los que conciernen al destino de las personas como a las familias , los Estados , la Santa Iglesia , las familias de las almas y los intereses de la causa ultramontana . Y ahora celebran el cuidado, la frecuencia, la bondad y la condescendencia con la que interviene para ayudar a quienes acuden a ella .

Este concepto, sin embargo, común a muchas invocaciones, tiene un elemento específico en la invocación de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Se trata de la palabra « perpetuo ».

  • «Nuestra Señora Auxiliadora» no es «Nuestra Señora del Perpetuo Socorro»,
  • Como tampoco lo es «Nuestra Señora del Perpetuo Socorro».

Por lo tanto, en esta invocación de Nuestra Señora, lo que se glorifica de manera particular no es el hecho de que ayude a los católicos con mucha frecuencia, con mucha generosidad y con mucha ternura, sino el hecho de que esta ayuda es perpetua .

La perpetuidad de esta ayuda es la norma en la que se pone el énfasis en esta invocación .

Pero ¿ por qué la perpetuidad de esta ayuda? 
Porque si la ayuda es algo muy preciado, especialmente cuando proviene de la Reina del Cielo y de la Tierra,
quien todo lo puede porque ha sido llamada « la Suplicante Todopoderosa » —la que todo lo puede por el valor de sus súplicas—,
entonces lo más hermoso de ella es su carácter perpetuo .

Imaginemos a una persona mendiga, miserable, leprosa. Pero esta persona recibe, por ejemplo, gracias de una reina. Digamos que es un inglés desdichado, pero la reina Isabel II se apiada de él y de vez en cuando le ofrece ayuda . Podemos conmovernos ante la condescendencia con la que la reina se dirige al más humilde y desdichado de sus súbditos y, desde lo alto de su trono, ocasionalmente le envía algo. Podemos extasiarnos ante su condescendencia, podemos regocijarnos por la felicidad de este súbdito cuando recibe esta gracia inesperada e inmerecida, y entonces podemos cantar las alabanzas de la Reina.

Sin embargo, todavía hay un problema: si esa ayuda voluntaria, esa ayuda dada tan liberalmente, se da a una persona que no la merece de esa manera, ¿no cesará esta ayuda? 

¿No llegará un momento en que la persona abusará de ella?

¿Cuando haya hecho tanto que ya no recibirá ayuda?

¿No llegará un momento en que la Reina, ocupada con otras cosas, se olvidará de esa persona miserable?

¿No llegará un momento en que, cansada de dar tanto, dirá: “Le he dado tanto a este hombre y nunca ha ordenado su vida; ahora dejaré de dar”?

¿No llegará un momento en que la Reina dirá: “Después de todo, tengo muchos que me piden. Ya le he dado mucho”.

En otras palabras, el cese de la ayuda es la sombra que permanece dentro de la ayuda misma .

¿No se da el caso de que la Reina, al tener que enviar ayuda, sepa que está en una canoa en los mares entre Escocia y el Polo Norte, y decida no hacerlo porque está lejos, el pobre hombre está haciendo demasiadas cosas mal e incluso ha recorrido esas distancias? «No será posible», dirá la Reina, «enviar un helicóptero de la Marina Real a recoger a este hombre, a sacarlo de donde está, a ponerlo a salvo».

¿Y si, por ejemplo, este hombre hubiera hecho algo contra la propia Reina? ¿Y si hubiera tenido la desgracia de atacarla, de calumniar a su benefactora real? ¿No podría la Reina decir que se había extralimitado y que ya no tenía nada que ver con una persona tan desagradecida?

En resumen, podríamos considerar mil circunstancias en las que este apoyo podría cesar y en las que la Reina perdería interés en este desdichado hombre .

Ahora bien, precisamente, Nuestra Señora no es así con nosotros . Y la perpetuidad de su ayuda indica expresamente lo contrario. 

Por mucho mal que hagamos,
por mucho que la maltratemos,
por increíble que sea nuestra ingratitud,
por grave que sea el riesgo,
por extraordinario e improbable que sea el milagro que tengamos que pedir,
siempre que no sea un mal en sí mismo,
Nuestra Señora es la Madre del Perpetuo Socorro .

En otras palabras,
es la Madre quien se gloría de asistirnos siempre,
de ayudarnos siempre,
de acogernos siempre,
de modo que no hay manera de que,
rezándole a Ella,
no seamos asistidos y ayudados .

Por supuesto, en algunas circunstancias, Nuestra Señora se reserva el derecho de no concedernos lo que pedimos. Pero no conceder es solo una figura retórica, ya que puede retrasar el momento de concedernos lo que pedimos , pero esto para luego darnos el ciento por uno . Dichosos aquellos por quienes Nuestra Señora se demora. Ella viene con las manos llenas de dones multiplicados .

También puede suceder que Nuestra Señora no nos conceda la gracia que pedimos, sino que acabe concediendo otras mucho más preciosas.

Por PLINIO CORREA DE OLIVEIRA.

Comparte:
ByACN
Follow:
La nueva forma de informar lo que acontece en la Iglesia Católica en México y el mundo.