* Día nueve — 15 de julio
«¡Madre de la Iglesia!… Haz que renazcamos continuamente con toda la belleza del testimonio dado en la Cruz y la Resurrección de tu Hijo.»
Juan Pablo II
¡María, Protectora del Carmelo y Madre nuestra!
Sabemos que nunca abandonas a tus fieles.
Haz que siempre te seamos fieles.
Protege nuestros corazones, límpialos de toda impureza pecaminosa y adórnalos con las fragantes flores de la virtud.
Jesucristo more en nosotros para siempre,
para que en la hora de nuestra muerte,
Satanás se aleje de nosotros,
viendo a Jesús en nuestros corazones.
Y cuando nuestras almas se separen de nuestros cuerpos,
concédenos el consuelo de ver tu santo rostro
y llévanos a la morada de la eterna felicidad.
¡ Madre del Santo Escapulario !
Prometiste que quienes lleven devotamente tu Escapulario no serán condenados.
Recuérdanos constantemente
que en la última hora de nuestra vida terrena,
podemos besar tu signo de salvación y participar de la gloria eterna.
Amén.
Oración a Nuestra Señora del Escapulario (al final de la novena)
¡Virgen Madre de Dios!
¡ Reina del Santo Escapulario y Madre nuestra !
Nos llamas constantemente a Ti.
¡ Señora y Reina Nuestra
Así como una vez, mediante el don del Santo Escapulario,
salvaste a tu amada Orden Carmelita de la desintegración y la decadencia, y nos diste a todos una señal de tu especial cuidado,
así hoy acompañas a la humanidad que se aleja de Dios
como señal de reconciliación y salvación para el mundo.
Sé la salvación de toda la tierra, de la Iglesia y de nuestra nación.
¡ Renueva las señales y repite los milagros !
Enjuga las lágrimas de los que sufren,
protege la inocencia de los niños,
defiende la santa fe en los corazones de los jóvenes;
obtén para nuestras familias la paz, el amor mutuo y el espíritu de sacrificio.
Bendice a toda nuestra patria, que tanto amaste, desde el trono de tu gracia.
Que sea un consuelo para tu Corazón.
Concédenos el don de la perseverancia en la fe de nuestros padres,
para que podamos alabarte ahora y en la eternidad.
Amén.
Padre Nuestro… Ave María… Gloria al Padre…

