Día 4
Antífona al Espíritu Santo
¡Ven, Espíritu Santo! Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Del Evangelio según San Juan (Jn 19:26-27)
Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaban junto a ella, dijo a su madre:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego dijo al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.
La Madre de Cristo es glorificada como Reina de todo.
Ella, que en la Anunciación se llamó a sí misma «la sierva del Señor», permaneció fiel hasta el final a lo que expresa este nombre.
De este modo, confirmó ser una verdadera discípula de Cristo, quien enfatizó con tanta fuerza el carácter de servicio de su misión: el Hijo del Hombre «no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20,28).
Así, María se convirtió también en la primera entre quienes, «sirviendo a Cristo en los demás, conducen a sus hermanos con humildad y paciencia al Rey, a quien servir es reinar», y alcanzó plenamente ese estado de libertad propia de los discípulos de Cristo: ¡servir es reinar! (San Juan Pablo II, Encíclica Redemptoris Mater, 41).
El Señor Jesús en el Santísimo Sacramento fue y es el único objeto de mi amor, pero siempre fui guiado hacia Jesús por mi amadísima Madre, la Santísima Virgen María. Jamás creeré que sea posible amar al Señor Jesús sin amar a la Santísima Madre como un hijo ama a su madre.
María le instruyó:
«Hija mía, si quieres ser como yo, imítame en estas virtudes, mira cuán sencilla fue mi vida, sin nada extraordinario, en completa discreción (de los escritos de la Sierva de Dios Rozalia Celakówna).
Oración
¡Dios, incomprensible en tu santidad!
En Jesucristo, tu Hijo,
nos dejaste un modelo de santidad y nos mostraste el camino hacia ella.
Vinculaste la misión de la salvación humana a María,
haciéndola Madre de Jesús y, a la vez, Madre nuestra.
Ayúdanos a saber y creer que María es nuestro modelo para alcanzar el amor perfecto.
Que nuestras vidas estén impregnadas del anhelo del amor de Jesús y María.
Madre del Divino Amor,
mira a las personas reunidas en este templo y en todo lugar
donde alaban tu gloria y claman desde una tierra llena de sufrimiento.
Mira a todas las almas que desean amar a tu Hijo y a Ti incondicionalmente.
Mira a todas las almas, especialmente a las que aman a tu Hijo;
enséñales a cumplir su voluntad con la mayor fidelidad posible,
protégelas de todo pecado
y ayúdalas a alcanzar el amor perfecto en la humildad, la mansedumbre y la total devoción a Dios.
Amén.
Oración a Jesucristo, Rey del Universo, del Cardenal Adam Stefan Sapieha, de 1927.
Oh Jesús, Señor de nuestros corazones y Rey inmortal de los siglos,
te prometemos solemnemente que permaneceremos fieles ante tu trono y en tu Persona.
Te prometemos que no mancharemos tu inmaculado estandarte,
que no traicionaremos tu bandera ni por incredulidad, ni por sectarismo, ni por apostasía alguna.
Te prometemos perseverar en la santa fe católica hasta la muerte.
Que nuestros hijos escriban en nuestras tumbas
que jamás nos hemos avergonzado de ti, Jesús Rey, ni de tu Evangelio.
Reina en nuestros corazones por tu gracia.
Reina en las familias por las virtudes familiares.
Reina en las escuelas por una educación verdaderamente católica.
}Reina en la sociedad por la justicia y la armonía mutua.
Reina en todas partes, siempre y para siempre.
Que tu estandarte ondee sobre todos nosotros, y que tu Reino abarque toda nuestra tierra.
Amén.
Oh Rey de la paz, trae paz a mi corazón, devuelve el silencio a mi espíritu, para que pueda orar en todo lugar, elevando manos puras (San Rafael Kalinowski).
LUNES 17 DE NOVIEMBRE DE 2025.

