¿Has pensado alguna vez que ser un buen cristiano consiste simplemente en no hacer cosas malas? No matar, no robar, no engañar, cumplir, portarte bien, y quizás hasta te sientes tranquilo porque comparado con otros, pues no estás tan mal.
Pero hoy Jesús te dice algo que puede inquietarte, “No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud”, es decir, no basta con cumplir por fuera, Dios quiere tu corazón, tú puedes no matar a nadie, pero vivir con resentimiento, puedes no cometer adulterio, pero alimentar miradas morbosas que cosifican a las personas, puedes no mentir formalmente, pero usar medias verdades, puedes venir al altar, pero no haberte reconciliado con quien te ha ofendido…
Y Jesús te dice algo muy fuerte, ‘Si vas a presentar tu ofrenda y recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda y ve primero a reconciliarte’. Eso significa que para Dios la reconciliación vale más que el rito piadoso, la eucaristía no es un refugio para evadir conflictos, de ella debes salir fortalecido para amar mejor.
Cristo no rebaja la exigencia moral, la eleva, pero no para aplastarte con rigorismos, sino para liberarte de una fe superficial, Él quiere una justicia mayor, no la del cumplimiento frío, sino la del amor verdadero, por eso te pide que cortes con aquello que te hace caer, que seas radical contigo mismo, que tu sí sea así, que tu palabra tenga peso, que tu fidelidad sea real.
En el fondo lo que Jesús te está diciendo hoy es esto, no vivas una fe de mínimos, vive una fe de plenitud, no te preguntes qué es lo mínimo que tengo que hacer para no pecar, pregúntate cómo puedo amar mejor.
Hoy el Señor te invita a revisar tu corazón, hay rencor que no has soltado, hay una relación que debes sanar, hay una incoherencia que sabes debes corregir, no salgas de esta misa igual que como entraste, si hay alguien con quien debes reconciliarte, hazlo, si hay algo que debes cortar de raíz, adelante, si hay un paso que debes dar hacia la verdad, dalo, porque el cristianismo no es una moral de prohibiciones, es la vida nueva de un corazón transformado y eso, si te lo propones, con la gracia de Dios hoy puedes empezar.
Feliz domingo, ¡Dios te bendiga!

