¿Puede alguien decir que cree en Dios y, sin embargo, vivir como si nunca hubiera escuchado su palabra? ¿Decir que lo ama pero nunca lo obedece? Jesús cuenta que un padre pidió a sus dos hijos que fueran a trabajar a la viña. El primero respondió, “ya voy, señor”, pero no fue. El segundo dijo que no iría, aunque después se arrepintió y fue.
Jesús pregunta, ¿cuál hizo la voluntad del padre? La respuesta es evidente, el segundo. La parábola te pone frente a una pregunta seria, ¿qué clase de hijo eres tú? Tal vez conoces el evangelio, sabes lo que enseña la iglesia, y reconoces que Dios tiene razón, pero si al final haces lo contrario de lo que sabes que es bueno, tu fe corre el riesgo de quedarse en palabras.
Puedes decir, “Señor, señor”, sentir amor por Dios e incluso hablar de Él, pero la fe no llega a tus decisiones y a tu conducta. También puede ocurrir que alguien cuestione las exigencias de la iglesia o no se considere muy religioso, y sin embargo, viva con honradez, cuide a los suyos y haga el bien a los necesitados. Su manera de vivir puede interpelarte, no porque la fe sea innecesaria, sino porque el evangelio que tú has recibido debe dar fruto en tu vida.
La fe no es solo un conjunto de ideas ni un sentimiento piadoso, es confiar en Dios y tomar en serio lo que Él te pide. Amar a Dios significa también obedecerlo, incluso cuando su palabra corrige tus deseos o te pide renunciar al orgullo, a la mentira, al rencor o a la indiferencia.
Quizá te descubres diciendo que sé a Dios, pero vives inmoralmente y no quieres dejar el pecado. Aplazas el perdón, la oración, la reconciliación o el servicio. No te conformes con reconocer lo que debes hacer. Pregúntate qué paso concreto te está pidiendo hoy el Señor.
Esta semana elige una enseñanza del evangelio y ponla en práctica. Y si has hecho daño, alguien busca la manera de reparar ese mal. Así tu respuesta no será solo de palabra.
“Señor, Tú sabes que muchas veces te digo que sí y luego no hago tu voluntad. Ten paciencia conmigo. Dame docilidad para escucharte y fuerza para obedecerte. Haz que mi vida sea coherente con la fe que profeso y que te ame también con mis obras. Haz que mi fe se haga obediencia”.
Feliz domingo. Dios te bendiga.

