La Biblia no establece dilema, oposición o controversia entre acción y oración. Existe una razón principal por la que la oración y la acción se complementan, sin exclusión alguna: “el SEÑOR anda en medio del campamento” (Cf. Dt 23,14). La trascendencia no impide a DIOS mostrarse inmediatamente próximo, hasta el punto de mantener el campamento en orden, porque el SANTO anda en medio de ellos, y no sólo asiste a Moisés y a los sacerdotes en el Santuario -Tienda del Encuentro-, sino que sale también con las tropas de Israel y está en la vida cotidiana. En la acción el israelita, se encuentra con su DIOS. En realidad la manifestación cercana y familiar del SEÑOR viene del origen, cuando DIOS bajaba al atardecer al encuentro del hombre (Cf. Gen 3,8), después de haber concluido sus trabajos. La Biblia propone el diálogo inmediato con DIOS con toda naturalidad, sin la necesidad de éxtasis que arrebaten a estados de conciencia ajenos al mundo circundante. Otra cosa distinta son los tiempos especiales de oración, que algunos protagonistas de los episodios bíblicos testifican. No es para el común de los mortales las dos tandas de cuarenta días vividas por Moisés en el Sinaí, sin comer ni beber, para recibir las tablas de piedra de las diez Palabras (Cf. Ex 34,28). Oración y acción mueven al Pueblo de DIOS durante siglos, y extienden el Reino de DIOS. Con la oración del Padrenuestro enseñada por JESÚS se disipan las dudas que pudieran darse sobre la acción frente a la oración o a la inversa.
- Oraciones del Nuevo Testamento
- La acción por el Reino de DIOS
- Como el grano de mostaza
- Abraham en Hebrón
- Teofanía
- Petición
- Atenciones varias
- Hospitalidad familiar
- La promesa
- Algo sobre la Iglesia
- De camino
- Escuchando al SEÑOR
- DIOS conoce los tiempos
- La virtud
- Una sola cosa
- El evangelizador es un intercesor
- La Iglesia se alimenta de la Palabra
- El Evangelio revela el Plan de DIOS
- CRISTO es la riqueza de la Gloria
- La gran enseñanza
Oraciones del Nuevo Testamento
El patrón o modelo de toda oración es el Padrenuestro enseñado por JESÚS (Cf. Mt 6,9-13), y con preferencia la versión recogida por san Mateo. DIOS está presente y mediante la oración o diálogo con ÉL empezamos a ser conscientes de que ÉL está, y “en ÉL vivimos, nos movemos y existimos” (Cf. Hch 17,28). Algunas palabras especialmente de los evangelios pueden convertirse en jaculatorias o frases breves, para repetirlas con frecuencia, favoreciendo la atención y la consciencia de lo que se está diciendo. Ante DIOS no podemos presentarnos de igual a igual: ÉL es el tres veces SANTO y conviene seguir la recomendación de Santiago en su carta: “humillaos ante el SEÑOR y ÉL os levantará” (Cf. St 4,10). Las palabras del publicano en el Templo, según la parábola, son elocuentes: “SEÑOR, ten compasión de mí, que soy un pecador” (Cf. Lc 18,13). Está en la misma línea del “Hijo pródigo”, que dice: “PADRE he pecado contra el Cielo y contra ti…” (Cf. Lc 15,21). La ceguera de Bartimeo remite de forma especial a la ceguera espiritual, que afecta en mayor o menor medida a todos y cada uno de los que peregrinamos por este mundo, por eso su llamada al SEÑOR se hace universal: “JESÚS, Hijo de David, ten compasión de mí” (Cf. Lc 18,38-39). DIOS no rechaza al pecador arrepentido, pues ÉL manifiesta ser compasivo. DIOS es misericordioso porque nos absuelve tras el paso previo de haber cargado compasivamente con nuestro problema o pecado. La respuesta amorosa y misericordiosa de DIOS no se hace esperar si apelamos a su compasión. DIOS muestra en los evangelios de forma especial el rostro de REDENTOR. ÉL nos redime, porque se compadece del abismo en el que podemos vivir, o de la oscuridad que nos envuelve. El pecado desaparece por el arrepentimiento, porque DIOS absuelve siempre al pecador arrepentido. La primera bienaventuranza en el evangelio de san Mateo, dice: “bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Cf. Mt 5,3). El pobre espiritual es el pecador arrepentido, el hombre que reconoce sus carencias, quien se sabe insignificante ante el SEÑOR; quien reconoce la precariedad de sus fuerzas para seguir el camino del Reino de DIOS. Con el don de “la pobreza de espíritu” adquiere valor cualquier oración o acción realizada en el Nombre del SEÑOR.
La acción por el Reino de DIOS
JESÚS habla del Reino de DIOS y dice que está cerca (Cf. Mc 1,15; Lc 10,9-11). El Reino de los Cielos que pedimos en el Padrenuestro está en medio de nosotros, porque JESÚS, el DIOS-con-nosotros, actúa en medio de su Pueblo. Así conjuntados el Amor a DIOS y el amor al prójimo surge el milagro del Reino de DIOS entre nosotros, creando ámbitos para la Paz mesiánica y una nueva fraternidad. Deben ser recordadas las Obras de Misericordia, que ejemplifican el número inagotable que el ESPÍRITU SANTO puede promover a través de las personas ungidas por los diversos carismas. Además de los ministerios debidamente institucionalizados, están las distintas funciones y carismas, que el ESPÍRITU SANTO hace surgir para bien de la Iglesia y la sociedad misma. Cuando san Camilo de Lelis pone en marcha un instituto religioso para atender a los más necesitados y enfermos, inmediatamente repercute en la sociedad. Los carismas dedicados a la enseñanza en otros tiempos, en los que había unas elevadas tasas de analfabetismo, dio como resultado la aparición de muchas congregaciones religiosas que vinieron a paliar el problema. Lo mismo se puede decir de la atención a los huérfanos, ancianos o transeúntes. Allí donde no llegaba la acción social gubernamental, la iniciativa religiosa cumplía, y lo sigue haciendo, esas necesidades en el Nombre del SEÑOR. Cada bautizado dispone de un radio de acción, familiar, laboral o social, en el que se va a dar la acción solidaria, compasiva y fraterna: “lo que hicisteis a uno de estos, mis hermanos, a MÍ me lo hicisteis” (Cf. Mt 25,40). No ofrece dudas: el prójimo es imagen del VERBO encarnado y con ÉL constituimos el Reino de DIOS.
Como el grano de mostaza
La Fe de Abraham es considerada como la Fe fundante que hace propicia la Revelación. La Fe de Abraham tiene un dinamismo especial y pone en marcha el reloj de la Historia de la Salvación. El libro del Génesis cuenta episodios anteriores a la aparición de Abraham, pero la cosa toma una cierta entidad con este patriarca, con el que el SEÑOR formalizará la Alianza que hará nueva el MESÍAS en su manifestación. YAHVEH inicia con Abraham, Isaac y Jacob una nueva línea de revelación que llega hasta el tiempo de la Encarnación y manifestación del HIJO: “auxilia a Israel su siervo, acordándose de la Misericordia, como lo había prometido a Abraham y su descendencia por siempre” (Cf. Lc 1,54-55). Los judíos se sienten hijos de Abraham (Cf. Jn 8,39), pero les falta la rectitud de intención y la Fe del patriarca. JESÚS insiste a los judíos incrédulos: “si fuerais hijos de Abraham haríais las obras de Abraham…” (Cf. Jn 8,39). San Pablo reconocerá en la Fe de Abraham el punto de partida de una historia que llega hasta nosotros. Abraham agradó a DIOS fundamentalmente por su Fe que le fue considerada como justicia ante DIOS (Cf. Gen 15,6). Abraham debía creer sin titubeos que verdaderamente su descendencia se multiplicaría como las incontables estrellas del firmamento, o la arena de las playas del mar (Cf. Gen 15,5;22,17). La Fe necesita un corazón grande que crea en las promesas de DIOS cuyos planes, pensamientos y caminos, nos desbordan. Abraham se vuelve un contemplativo en la acción y DIOS se la va manifestando y ratifica sus promesas.
Abraham en Hebrón
“Apareciósele YAHVEH a Abraham, estando él sentado a la puerta de su tienda en lo más caluroso del día” (Cf. Gen 18,1) Abraham pisa una tierra de la que no es propietario, sin embargo mantiene una buena vecindad con los clanes allí asentados. Precisamente en Hebrón comprará Abraham la tumba donde enterrará a su mujer Sara en primer lugar (Cf. Gen 23,4ss), y de esta manera quedará significada una cierta posesión de la tierra, al haber adquirido la sepultura en propiedad. La aparición del SEÑOR cuando Abraham está bajo la encina de Mambré repite de otra forma los contenidos fundamentales del capítulo anterior. DIOS habla a Abraham con una espontaneidad similar a la que encontramos entre DIOS y Moisés. En las horas del mediodía, cuando los rayos del sol caen perpendiculares, instintivamente cesa la actividad, se busca la sombra bajo la encina que está a la puerta de la tienda. Como en el caso de Pedro en Joppe (Cf. Hch 10,9), es la hora de la oración de mediodía. Es probable que la intención de Abraham fuese la de recuperar fuerzas para continuar. El SEÑOR se hace presente a Abraham en cualquier momento del día o de la noche, pero en este caso YAHVEH aparece cuando el sol está en el punto más alto y sus rayos caen con toda intensidad. YAHVEH en este caso es también “el sol que nace de lo alto” (Cf. Lc 1,78).
Teofanía
“Levantó los ojos Abraham y vio que había tres individuos parados a su vera. Como los vio acudió desde la puerta de su tienda para recibirlos y se postró en tierra” (v.2). El movimiento de este versículo describe las secuencias dadas en la adoración. Más que el astro sol, YAHVEH se hace presente al lado mismo de Abraham, que los percibe porque eleva la mirada interior hacia lo alto. Tres personajes que un poco más adelante revelan su identidad. Estamos lejos de una experiencia religiosa con carácter trinitario, pero pueden estar operando las virtudes teologales, Fe, Esperanza y Caridad, afianzando un monoteísmo del que Abraham no se separa. Una moción interior inédita obliga al patriarca a postrarse en tierra, que es la postura externa propia de los adoradores. Esta actitud del lenguaje gestual contrasta con la trascendencia de DIOS. De forma inequívoca, DIOS se ha hecho presente. Abraham ve al SEÑOR y acude con diligencia. Abraham con diligencia se levanta y se pone al servicio del SEÑOR.
Petición
“SEÑOR mío, si te he caído en gracia, ¡ea! No pases de largo cuando estás cerca de tu servidor” (v.3). Con dieciocho siglos de distancia un pasaje similar lo vivirán Andrés y Juan, discípulos de Juan Bautista cuando preguntan a JESÚS: MAESTRO, ¿dónde vives? (Cf. Jn 1,38). Ellos siguen a JESÚS que pasaba… (Cf. Jn 1,36-37). DIOS está, se manifiesta y espera una respuesta de acogida. Abraham está a la altura del acontecimiento, y pide al SEÑOR que no se vaya, ya que ha tenido a bien pasar a su lado. Se anticipa también a lo revelado en el Apocalipsis: “estoy a la puerta y llamo, si alguien me abre, entraré y cenaremos juntos…” (Cf. Ap 3,20). Con toda diligencia, Abraham ofrece toda su hospitalidad al SEÑOR. El texto recoge un toque de estrecha familiaridad y simplicidad de corazón por parte de Abraham, que con toda espontaneidad utiliza la exclamación ¡ea!. No sugiere tanta sorpresa, cuanto un modo de decir: no perdamos la oportunidad de estar juntos. Abraham aparece como amigo de DIOS, y se ratificará unos versículos más adelante.
Atenciones varias
“!Ea!, que os traigan un poco de agua y lavaos los pies; y recostaos bajo este árbol; que yo traeré un bocado de pan y repondréis fuerzas. Luego pasaréis adelante, que para eso habéis pasado a la vera de este servidor vuestro. Dijeron ellos: hazlo como has dicho” (v.4-5). Abraham practica con los excepcionales visitantes las atenciones de la hospitalidad, resaltando en todo momento su actitud. Agua para quitar de los pies el polvo del camino y el pan que es el alimento básico para reponer las fuerzas, mientras se van preparando los platos fuertes de la comida que vendrá a renglón seguido. Mientras tanto, los ilustres visitantes pueden descansar recostándose bajo la encina que da sombra a la tienda de Abraham. En estos versículos puede considerarse la hospitalidad practicada con el prójimo como elemento constitutivo de la adoración al SEÑOR. La adoración es una expresión privilegiada de la Caridad, que se ha de vivir en la relación con el prójimo.
Hospitalidad familiar
“Abraham se dirigió presuroso a la tienda y le dijo a Sara: aprisa prepara tres arrobas de harina, amásala y haz unas tortas. Abraham por su parte fue a la vacada, y apartó un becerro tierno y hermoso, que entregó al mozo, el cual se apresuró a aderezarlo. Luego tomó cuajada y leche junto con el becerro que había aderezado y se lo presentó manteniéndose de pie debajo del árbol” (v.6-8). Una arroba de harina son once kilos y medio, por lo que tres arrobas suponen treinta y cuatro y medio kilos de harina. Un ternero de seis meses tiene la carne blanda en sus diversas partes, de forma especial cuando fue amamantado durante todos esos meses por la madre. Por tanto la comida para los visitantes era abundante en exceso, salvo que hagamos partícipes a los que convivían con Abraham y Sara. La presencia de los divinos visitantes estaría repercutiendo en todos los relacionados con Abraham. Vemos en este texto que todavía no están recogidas las normas sobre alimentos dadas en el Levítico, donde se prohíbe mezclar alimentos lácteos con carne. Estas normas no sólo son mantenidas por los judíos de nuestro tiempo, sino que también las siguen algunas confesiones evangélicas. Lo descrito muestra la abundancia de la Gracia, que siempre acompaña a las manifestaciones de DIOS. Abraham se mantiene en pie bajo el Árbol mientras comen los divinos visitantes, describiendo una actitud de siervo fiel, que está dispuesto para recibir los encargos y órdenes. Estos versículos leídos en clave de adoración revelan el intenso movimiento que lleva a la acción. Lo mismo que visto este texto desde la vertiente activa, encontramos que no es posible la actividad sin un encuentro personal con el SEÑOR.
La promesa
“Así que hubieron comido, dijéronle: ¿dónde está tu mujer Saray? En la tienda, contestó. Dijo entonces aquel, volveré sin falta pasado el tiempo de un embarazo y para entonces tu mujer habrá tenido un hijo” (v.9-10). Con ochenta y seis años, Abraham tuvo un hijo de Agar la esclava egipcia de Sara que se la dio por mujer para obtener así descendencia según lo permitía el Código de Hanmurabi. La criada daría a luz sobre las rodillas de su ama, y la criatura nacida sería considerada hijo de ésta. Tenía Ismael trece años cuando tiene lugar la teofanía de Mambré, y DIOS tenía planes distintos para Abraham y Sara. El capítulo diecisiete terminó con la circuncisión de Abraham, Ismael y de todos los varones pertenecientes al clan de Abraham. Aunque la circuncisión de los varones no es exclusiva de la religión judía, sin embargo era un requisito para la pertenencia al Pueblo elegido. El autor bíblico situó la teofanía de Mambré a continuación de la renovación de las promesas. Por encima de aciertos y errores, la Fe del patriarca Abraham será el cobijo de innumerables creyentes deudores de pactos y fidelidad.
Algo sobre la Iglesia
Este capítulo diez de san Lucas dio comienzo con el envío de los setenta y dos discípulos, con el objeto de anticipar la llegada de JESÚS a esos lugares y aldea; y concluye el capítulo con la llegada de JESÚS a la casa de Marta y María, dando a entender la presencia de los discípulos. Aquí no se dice dónde está situada la casa de Marta, pero leyendo los otros evangelios decimos que las dos hermanas tienen por hermano a Lázaro y viven en la Betania que está cerca de Jerusalén, a unos tres kilómetros. Se habla de otra Betania en el desierto de Judea donde Juan bautizó por algún tiempo, pero ahora esta Betania no nos interesa. Los setenta y dos discípulos reciben instrucciones para ir a las casas y dependiendo de la acogida, aceptar entonces la hospitalidad. Antes de predicar o actuar como taumaturgos o exorcistas para otros habría que tener en cuenta a los propios de cada casa de acogida; lo mismo que JESÚS cuando fue a casa de Pedro por primera vez y la suegra estaba enferma en la cama con fiebre; y lo primero que hizo JESÚS fue curar a la mujer mayor, que de forma inmediata se puso a servirlos (Cf. Mc 1,30-31). La casa de Marta y María nos va a servir para ver las dos grandes vertientes de la Iglesia que se mueve hacia la interioridad y la misión que tiene por objeto la extensión del Reino de DIOS.
De camino
“Yendo ellos de camino, entró en un pueblo, y una mujer llamada Marta, los recibió en su casa” (Cf. Lc 10,38). No sabemos si a JESÚS lo acompañan los Doce más setenta y dos o parte de ese grupo amplio de discípulos. Todavía es posible especular con otras dos cifras: ciento veinte y quinientos. Algunos piensan que JESÚS era acompañado por un número de discípulos superior a doce correspondiente al número de apóstoles. Los ciento veinte es el número de discípulos mencionado en oración alrededor de la VIRGEN MARÍA en los días previos a Pentecostés (Cf. Hch 1,14). San Pablo dice que JESÚS se apareció resucitado a quinientos hermanos que estaban reunidos de los cuales después de unos años vivían la mayoría (Cf. 1Cor 15,5-6). Hemos de considerar la sobriedad de medios con la que se vivía en otros tiempos. Hoy viajamos con muchas comodidades para cubrir todas las necesidades posibles, evitando riesgos. Un cobertizo con la paja que comían los animales podía ser suficiente para acomodarse y dormir; y si la estación coincide con el verano, no sería extraño dormir al raso. Si la casa de Lázaro, Marta y María disponía de terrenos adyacentes a la vivienda se podría dar cabida a un número abundante de personas. “Yendo de camino, JESÚS entró en un pueblo”, y entendemos que el evangelista quiere resaltar que JESÚS está en el camino. La casa de Marta y María, en este caso, está en el camino que JESÚS y los suyos van recorriendo para anunciar el Reino de DIOS; por tanto, no se trata de una visita para tener unos días de descanso en casa de unos amigos. En la casa de Marta y María JESÚS tiene algo importante que decir con respecto al Mensaje.
Escuchando al SEÑOR
“Tenía Marta una hermana llamada María, que sentada a los pies del SEÑOR escuchaba su Palabra” (v.39). A partir de este momento las dos hermanas se convierten en dos modelos de conducta en torno al SEÑOR, que estarán viviendo una relación siempre variable. Marta ejemplifica la acción concreta, visible y mensurable; y María surge como el modelo de la escucha al SEÑOR. Con toda solemnidad el Shemá comienza: “escucha Israel, el SEÑOR YAHVEH es el único SEÑOR. Amarás al SEÑOR tu DIOS con todo tu corazón…” (Cf. Dt 6,4ss). Se entiende que al corazón llega lo que se escucha con verdadera receptividad amorosa. La escucha con el corazón se da cuando todo lo que nos constituye está al servicio de la escucha en cuestión. Como un estribillo el libro del Deuteronomio, que es clave en toda la Escritura, insiste en el hecho de la escucha atenta y devota al SEÑOR, que habla de muchas formas, pero especialmente por medio de la Ley y los Profetas. Ahora, llegada la plenitud de los tiempos mesiánicos, DIOS nos habla a través de su HIJO, JESUCRISTO. Resalta en los cánticos del Siervo de YAHVEH el tercero, en el que el propio Siervo toma la palabra y dice: “el SEÑOR cada mañana me despierta el oído, para que escuche como los discípulos…” (Cf. Is 52,5ss). La estampa de María a los pies de JESÚS escuchando su Palabra es la imagen acabada del discípulo que aprecia las enseñanzas del MAESTRO. El lenguaje gestual de María, la hermana de Marta, habla de las condiciones idóneas para escuchar al SEÑOR. María en este caso sugiere, humildad, sentándose a los pies del SEÑOR; receptividad para escuchar con el corazón al MAESTRO; y verdadera necesidad de aprender la Nueva Sabiduría, y lo hace como alguien que sentado en el suelo pide limosna. María, la hermana de Marta, se está convirtiendo en sierva del SEÑOR, escuchando al MAESTRO sus enseñanzas.
DIOS conoce los tiempos
“Mientras tanto, Marta estaba atareada en múltiples quehaceres. Acercándose, pues, dijo: ¿no te importa, SEÑOR, que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude” (v.40). Antes de dirigirse Marta a JESÚS, el evangelista nos informa sobre las múltiples ocupaciones que la están manteniendo al margen de la enseñanza que María está recibiendo. Pareciera que el evangelista busca justificación y comprensión para la actitud de Marta, que dará muestras de no cohibirse ante nadie, pues el modo de dirigirse a JESÚS tiene un carácter imperativo. Marta quiere que sea el propio JESÚS quien amoneste a su hermana, ya que ÉL ejerce autoridad sobre ella, y le dice a JESÚS: ¿no te importa a ti, que mi hermana me deje sola con el servicio? Podría seguir diciendo: después de toda la cantidad de acompañantes que te siguen en esta misión y tenemos que atender. Marta también muestra su amor por el MAESTRO intentando servirle lo mejor posible. Por otra parte da a entender que ha adquirido la confianza suficiente de recriminar a JESÚS por no hacerse cargo de su atareada situación. Marta se comporta como si también fuera hermana mayor del propio JESÚS, al que le parece oportuno abroncar. Ninguna mujer se ha atrevido a tanto según los evangelios. La escena es premonitora de futuros conflictos eclesiales, especialmente dentro de las comunidades, y al SEÑOR se le hará culpable de la mala gestión de los propios tiempos y tareas. El SEÑOR sabe del buen hacer de Marta, y valora su trabajo, pero es preciso que Marta encuentre su equilibrio en la actividad. El ego personal se crece en el vértigo de la acción que puede llegar a desnaturalizar la propia acción por el SEÑOR para convertirse pura satisfacción del propio ego reconocido entre halagos y aplausos de cualquier procedencia.
La virtud
“!Marta, Marta!, te preocupas y agitas por muchas cosas y hay necesidad de pocas…” (v.41). Santa Tersa de Ávila concluye su poesía: “quien a DIOS tiene, nada le falta, sólo DIOS basta”; pero para la mayoría de los mismos cristianos cabría una cierta modificación: tener todas las cosas sin DIOS no bastan. Para equilibrar las distintas fuerzas o energías que mueven nuestra voluntad y el pensamiento, para conseguir un cierto equilibrio es necesaria un don especial, una nueva virtud. Deben asistirnos la prudencia para el pensamiento y la reflexión; y la templanza para la voluntad, para no reaccionar con estridencias. No se trata de moverse en un continuo monocorde, sin un tono o palabra más alta que otra, tal cosa no corresponde a un ser humano normal. DIOS conoce el orden interior de cada uno y sabe cuáles son las propias necesidades de acción y silencio contemplativo. JESÚS advierte en ese versículo de las atroces consecuencias de las permanentes ansiedades y preocupaciones inútiles. La actividad frenética es una droga que conduce a la asfixia espiritual, y las cosas de DIOS se vuelven molestas o intolerables.
Una sola cosa
“Hay necesidad de pocas cosas, o mejor de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada” (v.42). En cierta medida, nuestra vida es un continuo surgir de pequeñas o grandes elecciones. Decidimos lo que queremos, siempre en contextos externos más o menos favorables, pero la elección se produce. Marta y María son hermanas, y su vínculo de sangre no se puede romper; lo mismo que el lema benedictino “ora et labora”, o actúa y contempla, trabaja y ora al SEÑOR. La acción y la contemplación no son enemigas, sino hermanas que mantienen la causa común de velar y trabajar por el Reino de DIOS. Marta tendrá que disminuir los niveles de ansiedad, agobio y activismo para recobrar la Paz interior; y María se verá impulsada a la misión en el momento de la madurez espiritual. Al final de este capítulo diez de san Lucas, JESÚS deja claro, que lo más importante para el discípulo es escuchar al MAESTRO, sean cuales sean las circunstancias, trabajos y ocupaciones. “María ha elegido la mejor parte”, o “la parte buena”, o “la parte principal”. La parte buena tiene que ver directamente con DIOS y es del todo insustituible y principal. Otras cosas pueden estar presentes, o no pasar en momento alguno; pero vivir el encuentro con el MAESTRO no es opcional. A María esta “voluntad de escucha al MAESTRO” no le será quitada. La determinación por escuchar al MAESTRO pertenece al campo específico del Amor de DIOS manifestado en su Hijo Jesucristo. “Quién nos podrá separa del Amor de CRISTO…” (Cf. Rm 8,35ss). María ha tomado la decisión de escuchar al MAESTRO en primer lugar, pero se da a entender que es un don recibido por parte de María y nadie se lo podrá arrebatar. Sólo si ella modifica su opción fundamental el don recibido le puede ser arrebatado, o robado, por el Maligno. Marta tendrá que aprender de María el modo de hacer las cosas, manteniendo una atención preferencial por escuchar al MAESTRO, y para eso hay que emplear algún tiempo y disponerse en pobreza a recibir sus lecciones. El activismo por el Reino de DIOS inutiliza la acción emprendida, no en vano JESÚS ofrece, “venid a MÍ los que estéis cansados y agobiados…” (Cf. Mt 11,28-30). El discípulo que evangeliza necesita de un incremento del don de Fortaleza, pero a todos llega el cansancio extenuante y esfuerzo a veces titánico para llevar la Cruz.
San Pablo, carta a los Colosenses 1,24-28
A unos ciento veinte kilómetros al este de Éfeso estaba situada la ciudad de Colosas. Se considera que fue Epafras, colaborador del Apóstol, quien llevó el Evangelio a las comunidades de este lugar. Como hemos comentado en domingos anteriores, las creencias se habían vuelto alejadas del Evangelio, dejando a un lado el papel central de JESUCRISTO en todo el ordenamiento religioso, espiritual y moral. Al deslizarse por la vía de las entidades angélicas como administradoras autónomas de espacios de la Creación, ello daba lugar a unas relaciones espirituales particulares con las pretendidas potencias angélicas; y se daba la derivada moral, cifrando el comportamiento según un tipo de ascesis que sólo valía para presumir sin añadir valor real alguno a la vida cristiana. El actual bazar de ofertas pseudorreligiosas, que a veces se presentan como novedades, sin embargo son las mismas fórmulas rancias de hace muchos siglos. El problema antes y ahora no está en lo pintoresco de las distintas ofertas, sino en la ruina espiritual que consiguen.
El evangelizador es un intercesor
Así lo expresa san Pablo: “Ahora me alegro de los sufrimientos que soporto por vosotros; y completo lo que falta a las tribulaciones de CRISTO por su Cuerpo que es la Iglesia” (v.24). La intercesión es un acto de especial solidaridad, pues nos situamos en el plano del Amor Misericordioso de DIOS. Pero en esta afirmación de san Pablo es necesario salvar la plenitud de la Redención llevada a cabo por CRISTO en virtud de su Cruz y Resurrección. Los sufrimientos de cada cristiano tienen valor o validez al participar de los méritos de JESUCRISTO, pues en ÉL todo ha quedado plenamente realizado: “todo está cumplido” (Cf. Jn 19,30). DIOS quiere que forjemos lazos de especial solidaridad, comunión y amor fraterno. Tiene sentido nuestro sufrimiento expiatorio si está unido al de JESUCRISTO, de lo contrario ese sufrimiento es baldío en el orden de la Gracia.
La Iglesia se alimenta de la Palabra
“He llegado a ser ministro de la Iglesia conforme a la visión que DIOS me dio en orden a vosotros para dar cumplimiento a la Palabra de DIOS” (v.25). La Iglesia está en el mundo para transmitir el Evangelio, que anuncia el Amor de DIOS a todos los hombres. El Evangelio predicado saca a la luz el misterio de DIOS escondido durante toda la eternidad y marca el destino de todos y cada uno.
El Evangelio revela el Plan de DIOS
El Evangelio predicado a los sencillos llena de sentido la vida de todo hombre, que se sabe amado por DIOS desde siempre y destinado a una eternidad en su Presencia. No hay retorno a esta vida material, pues el destino del hombre es nacer y morir una sola vez (Cf. Hb 9,27). “Este misterio escondido desde siglos y generaciones, y manifestado ahora a sus santos” (v.26). Los de Colosas debían alejarse de la maraña de creencias dependientes de distintas potencias espirituales regidoras de esferas celestes, pues las cosas, en cierto sentido, eran mucho más sencillas y reales. No se podía invalidar la Cruz de CRISTO con todas aquellas patrañas.
CRISTO es la riqueza de la Gloria
“A los santos, DIOS ha querido dar a conocer la inmensa riqueza de la Gloria que es CRISTO entre vosotros, la Esperanza de la Gloria” (v.27). Todo lo anterior desaparece cuando el lugar de CRISTO lo ocupa otras entidades espirituales. DIOS es TRINIDAD, y en el HIJO JESUCRISTO todas las criaturas tenemos nuestro pleno cumplimiento. La formulación es sencilla, su contenido llena de paz a los hombres, porque toca la realidad que DIOS ha dispuesto para cada uno de sus hijos. Fuera del HIJO está la mentira de las distintas elucubraciones por atrayentes y fascinantes que puedan aparecer.
La gran enseñanza
“Nosotros anunciamos a JESUCRISTO, amonestando e instruyendo a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de presentarlos a todos perfectos en CRISTO” (v.28). Se necesita una unción especial para argumentar en orden a JESUCRISTO frente a las supersticiones y los diversos gnosticismos. Estas últimas creencias seducen con especial fortuna y logran captar la atención de personas ilustradas con ciertas inquietudes espirituales. Desmontar un mundo pseudorreligioso es una gracia especial por parte de DIOS. Alguien se desliga de una secta cuando siente que su vida se arruina y desde ese fondo reacciona con un gran instinto de supervivencia. Es difícil encontrar maestros como san Pablo con capacidad de argumentar con la convicción suficiente y la competencia doctrinal y espiritual.


