Ninguna conversión es imposible y ninguna vida está irrevocablemente condenada: León XIV, al coemntar el evangelio de hoy

ACN
El papa León XIV durante el Ángelus, desde la Plaza de la Libertad en Castel Gandolfo - captura de pantalla
León XIV durante el Ángelus, desde la Plaza de la Libertad en Castel Gandolfo

Al comentar la parábola del sembrador para el Ángelus de este domingo 12 de julio de 2026, León XIV ofreció una reflexión teológica sobre la acción de la Palabra de Dios en el corazón humano. El Papa enfatizó que Dios continúa sembrando incansablemente, sin dejarse desanimar por la resistencia, las distracciones o las debilidades humanas, convencido de que su gracia sigue siendo capaz de dar fruto.

La meditación del Santo Padre se fundamenta en una convicción central de la teología cristiana: la gracia siempre precede a la respuesta humana.

«El Padre nunca deja de sembrar, pues sabe que el poder de su amor es más fuerte que nuestra debilidad», afirma, haciéndose eco de la enseñanza de San Pablo.

Este énfasis en la iniciativa divina tiene sus raíces en la gran tradición agustiniana: Dios nunca se cansa de ofrecer la salvación, incluso cuando la tierra parece estéril. Para ilustrar esta esperanza, León XIV invoca la autoridad de San Juan Crisóstomo.

El gran Padre de la Iglesia explica que, a diferencia de un agricultor, Dios puede sembrar incluso en piedras, caminos o espinos, porque ningún corazón está definitivamente cerrado a su acción.

Las «piedras más duras» pueden convertirse en tierra fértil; los espinos pueden desaparecer para permitir que crezca el grano.

Esta imagen nos recuerda que, desde una perspectiva cristiana, ninguna conversión es imposible y ninguna vida está irrevocablemente condenada.

Esta visión trasciende el ámbito puramente espiritual.

Constituye,
además,
una respuesta implícita
a una cultura contemporánea
que tiende a confinar a cada individuo
a su pasado,
sus heridas
o sus fracasos.

Mientras que nuestra época
categoriza fácilmente a las personas
según sus vulnerabilidades
o destinos predeterminados,
el cristianismo sigue afirmando
que toda persona es capaz de crecer

porque está sostenida por la gracia de Dios.

«El Señor nunca deja de creer en nosotros, en lo que somos y en lo que podemos llegar a ser», subraya el Papa.

León XIV también nos recuerda que esta transformación interior nunca es un asunto privado. Cuando la Palabra se recibe con humildad y apertura, produce los frutos del Espíritu Santo descritos por san Pablo: amor, alegría, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Todas estas son virtudes que nuestro mundo necesita, insiste el Santo Padre. En un clima internacional marcado por tensiones, divisiones y violencia, esta lista se presenta casi como un verdadero programa para la reconstrucción de la sociedad.

Finalmente, el Papa hace un llamamiento muy concreto a los fieles. «Comprometámonos, pues, especialmente durante estas fiestas, a dedicar tiempo a escuchar, leer y meditar en la Palabra de Dios», exhorta. Esta invitación contrasta marcadamente con el ritmo frenético del ocio moderno.

DOMINGO 12 DE JULIO DE 2026.

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