Mensajes permanentes

Isaías 66,10-14c Salmo 65 Gálatas 6,14-18 Lucas10,1-12.17-20

La razón de ser de la Iglesia es la evangelización. De muchas formas se viene diciendo la máxima anterior a lo largo de los siglos por parte de los que ostentan una palabra autorizada dentro de la institución eclesial. Aunque el anuncio fundamental de la Iglesia se expresa con brevedad y de forma directa, sin embargo el Evangelio se ramifica en numerosas vertientes que empiezan por responder a los interrogantes básicos de cualquier persona y tiempo elegido.  Particularmente queremos encontrar algo tan básico como la respuesta cabal al sentido de la propia existencia. No son suficientes los datos que aparecen en el carné de identidad para saber quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos; o, a qué se debe que existan las cosas y las personas, el porqué de la finitud especialmente de las personas; y, por tanto, los interrogantes abiertos por el hecho de la muerte, el dolor, el sufrimiento y la enfermedad. La pregunta por el sentido de esta vida abre interrogantes sobre la existencia más allá de este mundo, porque la vida presente se percibe muy breve, mientras que las aspiraciones de permanencia chocan con ese hecho, por otra parte incontrovertible. “Nadie puede añadir dos codos a la medida de su propia existencia…” (Cf. Mt 6,27). El que vive quiere vivir, y en el fondo no por un tiempo determinado, sino para siempre. Los que se quitan la vida en este mundo lo hacen porque no les gustan las circunstancias en las que se está desenvolviendo su existencia. Se puede decir o expresar que “el suicida es alguien que no quiere vivir con las circunstancias que lo rodean y desea otro estado de existencia. Desde la perspectiva evangélica el que se suicida interfiere gravemente en el designio que DIOS tiene sobre su existencia. La propia vida es un don de la que nadie es el dueño absoluto para determinar cuándo empieza y el momento de su final por este mundo. La pregunta por el sentido de esta vida y todas sus derivadas, se abre o predispone a la consideración sobre el más allá y la bienaventuranza eterna. San Pablo dice a los de Tesalónica: “no quiero que ignoréis la suerte de los que han muerto…” (Cf. 1Tes 4,13).

Otros mensajes

La Evangelización tiene además una vertiente interna destinada a todos los bautizados, pues sabemos que no todos los bautizados, ni mucho menos, están evangelizados. JESÚS lo dijo así: “id, y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos …  enseñándoles todo lo que YO os he mandado” (Cf.  Mt 28,19-20). Es esencial el Sacramento del Bautismo como inmersión en la TRINIDAD, pero antes y después la formación cristiana, o conocimiento de lo dicho por JESÚS, es una tarea permanente. Tienen que ser expuestas, reconocidas y renovadas las verdades que afectan a la Fe, la Esperanza y la Caridad. Nos orienta con solvencia el libro del Deuteronomio cuando insiste en el recuerdo de las verdades fundamentales dadas en la Ley para mantener la posesión de la Tierra Prometida. Es necesario recordar algunas verdades que son fuente inagotable de conocimiento y fortaleza para la lucha. Lo que se medita y recuerda no se puede callar y el autor sagrado manda hablar de estas cosas. Una especial obligación tienen los padres con sus hijos. Los hijos tienen que oír las principales verdades sobre DIOS de parte de sus propios padres. La Divina Misericordia tiene que ser creíble para el niño, y son los propios padres los que la hacen verdaderamente creíble. La experiencia religiosa fuerte está en la familia que acoge al niño y lo va educando. Se calcula que el setenta por ciento de la población italiana y española se declara católica y entre un doce y veinte por ciento participa en la Misa dominical; pero todavía las cosas son más graves si consideramos la edad y formación de las personas propiamente practicantes. En Francia un cincuenta por ciento de la población se declara católica y un cinco por ciento del cincuenta, practicante. Como en otros tiempos va quedando “un resto” por definición minoritario con el que el SEÑOR se arregla en tiempos difíciles. No sólo la razón de ser de la Iglesia es la evangelización, sino que se muestra también su necesidad más perentoria. El Evangelio contiene lo fundamental que el hombre de hoy está pidiendo. La evangelización no es la información general sobre la doctrina cristiana, sino la apertura a un encuentro con el SEÑOR. El hombre de hoy necesita escuchar un mensaje de verdadera fraternidad y comunión, en medio de la gran red que junta individuos para atomizarlos, yuxtaponiéndolos unos a otros. La verdad sobre la familia debe provenir del criterio dado por DIOS. Muchas personas necesitan liberación espiritual y sólo JESÚS tiene el Poder para liberar. El hombre de hoy tiene que volver a escuchar las verdades sobre JESUCRISTO, y de forma especial el propio bautizado para valorar el privilegio de haber recibido un día el Sacramento del Bautismo. El bautizado debe reconocer de nuevo el conjunto de dones y gracias disponibles para desenvolverse en este mundo. No es igual disponer de la Paz que JESÚS nos da, a no vivir en ella. No es igual reconocer los beneficios del arrepentimiento y el perdón de JESÚS, que vivir aplastado por sentimientos de culpa o resentimiento frente a otros. No es igual saberse hijo amado de DIOS a padecer un permanente sentimiento de infravaloración o inutilidad. El bautizado tiene que volver a escuchar algo sobre las Bienaventuranzas y el Sermón de la Montaña, del que deriva un cuerpo moral o ético para orientar el comportamiento según lo que el SEÑOR quiere. La perfección expuesta y propuesta en el Sermón de la Montaña puede desanimar, pero hay que reconocer inmediatamente que sólo con la ayuda del SEÑOR se puede realizar. Lo que es imposible para los hombres no lo es para DIOS. Por otra parte, el SEÑOR está dispuesto a perdonarnos todas las veces que sea necesario cuando vivimos en el intento de cumplir por Amor y fidelidad la Divina Voluntad. Dicen algunos exorcistas que nada desanima más a Satanás que un pecador, que se arrepiente y es levantado por la Gracia del SEÑOR.

La restauración

Después del tiempo de exilio en Babilonia se produce el retorno a la Tierra Prometida y se entiende como una acción especial de la Divina Providencia. Para el Pueblo elegido y cada uno de sus integrantes queda patente que “DIOS hiere y venda la herida, hunde hasta el abismo y levanta, y no hay quien escape de su mano…” (Cf. Dt 32,39; Jb 5,18-19). La tercera parte del libro de Isaías afirma que “los planes de DIOS superan a los de los hombres, los pensamientos de DIOS son más altos que los pensamientos de los hombres; y sus caminos no son nuestros caminos” (Cf.  Is 55,8-9). Ahora llegó el momento de restaurar la ciudad de Jerusalén como lugar especial elegido por el SEÑOR. Pronto se hablará de la urgente necesidad de levantar el Templo que el invasor redujo a ruinas. Después de setenta años las cosas empiezan a cambiar bajo la mirada providente del SEÑOR. Lo que está en ruinas, DIOS quiere levantarlo como la ciudad donde ÉL se complace (Cf. Slm 147,11). Jerusalén es la Ciudad de David, que en su día arrebató a los jebuseos (Cf. 2Sm 5,6-9). Jerusalén queda como el símbolo del lugar santo, en el que DIOS quiere residir con los suyos. Jerusalén es el símbolo de la unidad, la convocación de todas las naciones, la paz, la alegría, la bendición de DIOS que trae la comunión y entendimiento para todos los hombres. Parecía lógico que aquellos Magos de oriente buscasen al REY o MESÍAS en Jerusalén; pero alguna grave anomalía se había producido para tener que desviarse hasta la humilde localidad de Belén; bien es verdad, que a poca distancia de Jerusalén. Los versículos de Isaías correspondientes al capítulo sesenta y seis, que trae la primera lectura de este domingo, hemos de leerlos en la misma clave evangelizadora que propone el evangelio de san Lucas. La evangelización es una profunda obra de restauración de nosotros mismos y el mundo que está a nuestro alrededor.

Llegó el tiempo de la Misericordia

“Alegraos, Jerusalén, y regocijaos por ella todos los que la amáis, llenaos de alegría todos los que por ella hacíais duelo” (v.10). La Escritura refleja el comportamiento de los hombres con respecto a la Divina Voluntad. DIOS se revela a los autores sagrados y revela su propia identidad. La Escritura adelanta máximas de Sabiduría para ajustar nuestra conducta a la mejor forma de vivir y obtener de esa manera la bendición de DIOS. Lo esencial de todas las prescripciones legales está en la exigencia monoteísta. Las conductas personales alcanzan su máxima gravedad cuando entran en el trato o comercio con los ídolos de los pueblos paganos. A este punto se llega directamente desde el culto a los ídolos, o desviando una conducta que acaba en idolatría. La Palabra de DIOS, a lo largo de la Historia de la Salvación, plantea algo así como una tercera vía: por encima de la conducta desviada de los que debían ser fieles, DIOS se compromete a retornarlos al buen camino por dos razones fundamentales, que se relacionan con la pertenencia al Pueblo elegido y por el compromiso adquirido por DIOS mismo propiamente. En la Revelación se repite de distintas formas lo manifestado en el profeta Ezequiel: “por tu culpa mi Nombre ha sido blasfemado entre las naciones…, pero YO te reuniré, y traeré a esta tierra, y lo haré por honor a mi propio nombre…”  (Cf. Ez 36,22-25). El camino de la restauración del Pueblo elegido disperso sigue la senda de la Divina Misericordia, que encuentra su contenido adecuado en el Evangelio. Mientras tanto el Pueblo elegido se mueve en la marcha ascendente del cumplimiento en el que se verá un Cielo Nuevo y una Tierra Nueva (v.22). Jerusalén, la Ciudad de David, es elegida por el SEÑOR lugar especial para su manifestación, hasta el punto de convertirla en el modelo espiritual que se debe mirar porque baja del Cielo ataviada como una Novia para su ESPOSO (Cf. Ap 21,2). La Jerusalén del futuro es sinónimo de alegría, paz, santidad, luz y bienaventuranza. La Jerusalén terrena que ha de ser restaurada va a participar de las características mesiánicas de la Jerusalén futura. El creyente puede alegrarse porque DIOS va a manifestar que respalda y protege a su Pueblo, y lo hace favoreciendo su reconstrucción. El israelita ve a Jerusalén levantada de nuevo y acredita que DIOS está de parte de su Pueblo, al que había ocultado su Rostro. El tiempo de la corrección y la prueba ha pasado.

Lugar de culto

“De modo que os hartéis del seno de sus consuelos, de modo que chupéis y os deleitéis de los pechos de su gloria” (v.11). El niño hasta que es destetado vive gracias a su madre que lo alimenta con leche, le proporciona al mismo tiempo el afecto y la satisfacción necesaria para crear en el recién nacido el suficiente apego a la vida. Para el niño recién nacido no existe mayor satisfacción que mamar la leche del pecho de su madre. Después de haber sido arrancado con cierta violencia del claustro materno, en el que había estado nueve meses, encuentra en los pechos de su madre el principal motivo de apego a este mundo, que hasta pasados unos meses ese mundo empieza y termina en ella principalmente. La experiencia religiosa es la vía por la que DIOS llega al corazón de los hombres. Adoración, ritos, liturgia, oraciones, sacrificios, ofrendas, oraciones comunitarias en fiestas principales, y todo ello en un lugar de referencia calificado de espacio sagrado. Jerusalén tiene que recobrar el carácter de espacio sagrado, y en especial el Templo, que tenía antes de la invasión de Nabuconodosor (597-587 a.C.). El SEÑOR sigue eligiendo a Jerusalén y desea vivir en ella… (Cf. Slm 132,13). El Templo de Jerusalén era visto desde una cierta distancia y resaltaba por la imitación de sus fachadas en mármol blanco y cúpula dorada. La emoción del peregrino que se acerca a la Ciudad Santa queda plasmada en los distintos Salmos procesionales. Acercándose a Jerusalén, el devoto israelita ya empieza a beneficiarse de las abundantes gracias que el SEÑOR dispensa a los que confiadamente acuden a adorarlo.

La Paz es el compendio de todas las bendiciones

“Así dice el SEÑOR: YO tiendo hacia ella como un río la Paz, y como raudal desbordante la gloria de las naciones, seréis alimentados, en brazos seréis llevados y sobre las rodillas seréis acariciados” (v.12). Forman parte estas imágenes de las expresiones maternales, que acompañan las manifestaciones de DIOS con respecto a nosotros. Las palabras de JESÚS van en esta misma línea: “si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los cielos” (Cf. Mt 18,3ss). El carácter maternal de estas imágenes contribuye a insistir que el Amor de DIOS trasciende lo masculino y lo femenino. Nuestras expresiones afectivas representan un reflejo del verdadero Amor de DIOS. La paz era una de las grandes aspiraciones, pues la frecuencia de las guerras dejaba huellas trágicas e irreparables en las personas y familias. La Paz es un don especial que DIOS debe conceder, aunque tal cosa no excusa a nadie de trabajar por crear las condiciones propicias para la misma. La Paz mesiánica que se vivirá en el futuro proveerá de un mayor número de gracias para el bien espiritual.

Compasión y consuelo

“Como uno que su madre lo consuela, así os consolaré YO, y por Jerusalén seréis consolados” (v.13). Nuestra capacidad es muy limitada tanto para el dolor como para el placer, aunque puede darse que algunos pretendan un permanente estado de gratificación sensorial, que en realidad no es posible. No estamos hechos para el dolor continuo ni para el placer sin límites. En determinado momento, se debe recibir el consuelo espiritual, que restablezca el corazón herido o desgastado por el dolor. Sabemos del dolor, el sufrimiento, la angustia o el miedo, pero la franja roja está en la desesperación cuando son traspasados los propios límites y parece que la capacidad para lo anterior se ha agotado. A través de los verdaderos enviados del SEÑOR nos puede llegar el consuelo con el que somos recuperados. De modo más directo, el SEÑOR alcanza nuestro corazón cuando entramos en el recinto personal de una oración verdadera y confiada. De nuevo se menciona a Jerusalén como el medio dado para recibir el consuelo de DIOS. La participación en una de las grandes fiestas representaba conectar con las fuentes originales de la Fe. La alabanza y adoración comunitaria con los sacrificios ofrecidos, las comidas rituales, eran cauces de una gran vivencia religiosa y renovaban los espíritus para afrontar las duras pruebas de la vida.

Pronto se manifestará

“Al verlo se regocijará el corazón, vuestros huesos como el césped florecerá. La mano del SEÑOR se dará a conocer a sus siervos” (v.14). Todo lo manifestado anteriormente tendrá su exacto cumplimiento y cada fiel reconocerá la bondad del SEÑOR. La paz interior unida a la alegría del corazón vienen a ser la señal inequívoca de la especial manifestación de DIOS, que atiende a sus hijos y sondea cada corazón (Cf. Slm 138,1).

Otros setenta y dos

Lo previsto por Isaías y el resto de los profetas se cumple con JESÚS. Las cosas pueden cambiar para bien de forma extraordinaria, porque “los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados…” (Cf. Lc 7,22ss). El Año de Gracia lo ha declarado JESÚS en la sinagoga de Nazaret (Cf. Lc 4,19), y los hombres podemos acogernos a la total remisión de nuestros pecados, porque DIOS ha manifestado su infinita Misericordia. Nada impide lo anterior para que el SEÑOR siga organizando la misión con sus discípulos, que representan al Nuevo Israel. Seis por tribu hacen un total de setenta y dos para ir al encuentro de grupos de cincuenta, de cien o de mil, que deseen recibir la acción de la Gracia de DIOS. Estos setenta y dos se multiplicarán por millones a lo largo de los siglos para llevar el Mensaje. El mundo necesita oír una Palabra cargada con la fuerza del ESPÍRITU SANTO y presenciar las distintas manifestaciones de la Gracia que renuevan los corazones. Estos setenta y dos fueron enviados “de dos en dos” porque supone una forma de representar a la Iglesia, que es testigo del SEÑOR en este mundo. Seguimos en continuidad y se mantiene el testimonio validado por dos testigos. “De dos en dos” acreditan con su Palabra y obras que son enviados de JESÚS el MESÍAS.  En este versículo se afirma que el propio JESÚS se manifestará en las ciudades y lugares donde los discípulos lo hayan anunciado. La secuencia de los hechos se mantiene en todo tiempo y “JESÚS confirma con sus signos la Palabra que los discípulos proclaman (Cf. Mc 16,20). Los discípulos para ser enviados deben estar ungidos por el ESPÍRITU SANTO, por lo que el propio SEÑOR va por delante para su posterior manifestación. Da también a entender este versículo que todos los lugares son objetivo para la evangelización, de la misma forma que van comprobando su compañía.

Oración y escasez de evangelizadores

“Les dijo JESÚS: la mies es mucha y los obreros son pocos, rogad pues al Dueño de la mies, que envíe operarios a su mies” (v.2). Además de mantener inseparable el binomio misión-oración-, esta recomendación o mandato mejora las relaciones entre los evangelizadores rebajando el protagonismo personal que se pudiera dar. Si en el orden de la Creación, DIOS ha querido la colaboración de los hombres; la mantiene también en la obra de la Redención. Los tesoros de la Gracia gracia tras gracia (Cf Jn 1,16) van llegando de generación en generación a través de personas, que DIOS elige para ese cometido. Sacramentos, sacramentales, bendiciones, enseñanzas, consejos, exhortaciones, intercesión y acción de gracias, vienen a las comunidades a través de algunos que son ministeriados u ordenados como diáconos, presbíteros u obispos. Todos ellos tienen la misión de dar la ración a sus horas, a los que les son encomendados (Cf. Mt 24,45).

Dificultades

“Mirad que os envío como corderos en medio de lobos” (v.3) El evangelizador entra de lleno en la batalla espiritual. Los enemigos principales que deben ser vencidos no están inmediatamente a la vista; y, sin embargo, es sorprendente la capacidad depredadora que ejercen. Una iniciativa evangelizadora puede ser barrida en poco tiempo, si no es acompañada de una oración y preparación conveniente. No faltan los obstáculos visibles e identificables con nombre y apellidos. En el recorrido por los evangelios encontramos que JESÚS vivió en primera persona la advertencia dada a los discípulos misioneros.

Sin ataduras

“No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. No saludéis a nadie por el camino” (v.4). Esta radicalidad es un modelo en el que se debe contrastar cualquier actividad evangelizadora. Se acumulan montañas de proyectos evangelizadores con nulo resultado. Puede ser que se hayan tenido en cuenta los últimos hallazgos de la pedagogía y la psicología, pero si falta el testimonio sobre JESUCRISTO, cosechamos esterilidad. La misión evangelizadora no es tiempo de vacaciones o días de asueto visitando amistades, que agravan la cosa cuando nada tiene para enriquecer la misión. Este es el sentido que debemos dar a la recomendación de no pararse a saludar a nadie, retrasando el tiempo de la misión, o directamente invalidado la misma.

Hospitalidad

“En la casa donde entréis, decid primero: Paz a esta casa. Si en esta casa hay un hijo de Paz, la Paz reposará sobre él, si no volverá vosotros” (v.5-6). Los discípulos de JESÚS están en disposición de mostrar un nuevo rostro del Shalom -paz- que se entiende como la bendición especial que DIOS ofrece a su Pueblo con características propias en los tiempos mesiánicos. Viene de lejos “la Bendición Aarónica”: “el SEÑOR te bendiga y te proteja; ilumine su rostro sobre ti, y conceda su favor; el SEÑOR se fije en ti y conceda la Paz” (Cf. Nm 6,24-26). La Paz que ofrecen los discípulos de JESÚS es superior a la dispensada por Aarón y sus descendientes en el ministerio sacerdotal. La bendición del discípulo con la Paz no es una palabra hueca o sin sentido es, por otra parte, una realidad espiritual que descansa sobre el que tiene un corazón bien dispuesto.

Iglesia doméstica

“Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa” (v.7). La utilidad es un factor y la permanencia en un domicilio tiene sus ventajas. Esto favorece la convocatoria de las otras personas, que tienen un punto de referencia estable. Recordemos en este sentido la presencia de JESÚS en la casa de Pedro y la reunión al atardecer de los vecinos del lugar (Cf. Mc 1,29-34). Las casas empiezan a ser las nuevas parroquias o iglesias domésticas, cuentan con los propios del domicilio y abren sus puertas a los demás en una nueva hospitalidad cristiana. Los discípulos deben huir de cualquier tipo de privilegio: comerán y beberán lo que dispongan en esa casa como único salario, pues todo lo que ellos dan “gratis lo han recibido y gratis lo han de dar” (Cf. Mt 10,8).

En la ciudad

“En la ciudad donde entréis, comed lo que os pongan. Curad los enfermos que hay en ella y decidles: el Reino de los Cielos está cerca de vosotros (v.8-9). La comensalidad establece estrechos lazos de fraternidad y acogida. Al recibir a los discípulos del MAESTRO es a ÉL a quien reciben los del lugar, y los signos de su Presencia se manifiestan. Cuando el verdadero discípulo es acogido la salud se propaga, porque el Amor de DIOS sana los corazones y las enfermedades. Las tinieblas sombrías que se ciernen sobre las personas más desfavorecidas dan cabida a males y enfermedades. Los discípulos de JESÚS son portadores de Amor y Esperanza: “el Reino de los Cielos está cerca”.

En caso de rechazo

“En la ciudad donde entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies os lo sacudimos, pero sabed con todo que el Reino de DIOS está cerca” (v.10-11). JESÚS da a la verdadera evangelización el carácter de Palabra definitiva; y, por tanto, de juicio. Antes del Evangelio puede haber preparación en el mejor de los casos; y después del Evangelio DIOS no tiene ninguna otra Palabra que decir al hombre, ni SALVADOR que pueda hacer algo trascendente por nosotros. El gesto de sacudir el polvo pegado a los pies pretende visualizar el rechazo del pueblo y la lejanía de DIOS, que no obstante quiere dejarles constancia sobre la proximidad del Reino de DIOS, para el caso de alguna persona que en su fuero interno rectificase su actitud hacia el Evangelio.

El juicio recae particularmente

“Os digo en aquel día habrá menos rigor para Sodoma, que para aquella ciudad” (v.12). Como ejemplos de ciudades impermeables al Evangelio se mencionan a renglón seguido: Corazaín, Betsaida, Cafarnaum. De los tres nombres propuestos, Cafarnaum resalta de forma especial y sorprende el juicio emitido por JESÚS, pues ha sido un lugar donde la Gracia de DIOS se volcó en enseñanzas y curaciones. La Betsaida mencionada puede ser la próxima a Cafarnaum o la situada cerca de la Decápolis, al noreste del Mar de Galilea. De cualquier forma el juicio recae sobre la persona individual. Cada uno aparece ante DIOS como responsable de sus actos, esperando que DIOS juzgue según su Divina Misericordia: “ahora es tiempo de Misericordia, ahora es tiempo de Salvación” (Cf.  Rm 11,   ).

Vuelta de los discípulos

“Regresaron los setenta y dos alegres, diciendo: SEÑOR, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre” (v.17). La evangelización transforma el ambiente de alrededor, dando como resultado la Paz, que no se un pacifismo barato, sino el establecimiento de la Gracia de DIOS en los corazones. El evangelizador es beneficiario del Evangelio transmitido, y de ahí la alegría con la que los discípulos retornan al encuentro con el MAESTRO. JESÚS había situado a los setenta y dos discípulos en la vanguardia de la batalla espiritual. Los discípulos habían comprobado el Poder ejercido cuando se procedía en el Nombre de JESÚS. Satanás no soporta el Nombre del DIOS hecho hombre, pues hiere al máximo su soberbia. El discípulo tiene eficacia cuando pronuncia o invoca el Nombre de JESÚS desde el momento en el que permanece en vínculo de unión como “el sarmiento unido a la vid” (Cf. Jn 15,1ss).

La caída de Satán

“JESÚS les dijo: YO veía a Satanás caer del Cielo como un rayo” (v.18). De nuevo se comprueba: la batalla es espiritual y en ella se enfrentan el HIJO Eterno del PADRE con los Ángeles caídos que siguiendo a Lucifer se pronunciaron en el permanente “no serviremos”, que equivale a “no adoraremos”. Precisamente por no ser capaz de adorar se excluye del Cielo y como un rayo cae en la tierra persiguiendo a los hombres, que llevan en su alma la imagen y semejanza de DIOS, pero somos inmensamente más débiles que Lucifer y los suyos. Las ardides satánicas se van renovando en cada generación para malograr a la mayor cantidad posible de hijos de DIOS. Satanás actúa donde se lo permiten, y los hombres le hemos dado cabida. La instauración del Reino de DIOS tiene dos objetivos principales: instaurar el Amor de DIOS entre los hombres y desalojar la influencia y poder de Satanás. Nuestras decisiones personales inclinan la balanza en uno u otro sentido con perjuicio o beneficio directo para nuestra causa.

Protección espiritual

“Mirad, os he dado poder de pisar sobre serpientes y escorpiones y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño” (v.19). Esta protección espiritual es muy importante pues existe el maleficio, y toda suerte de artes maléficas contra las personas y de forma especial los evangelizadores. La persona que vive en Gracia de DIOS, porque frecuenta los sacramentos, reza el Santo Rosario y mantiene una cierta coherencia de vida, tiene de suyo la protección espiritual de JESÚS. La falta de oración, sacramentos y sacramentales dejan a la intemperie, espiritualmente hablando, a la persona que puede ser alcanzada por cualquier influencia maléfica. Satanás existe y desarrolla sus planes contra los hombres. No actúa solo, y cuenta con numerosos colaboradores, siendo los más próximos a nosotros aquellos que practican la magia negra en cualquiera de sus formas. El culto a Satanás se viene haciendo público desde hace algún tiempo y es permitido en las legislaciones occidentales.

El Libro de la Vida

“Pero no os alegréis que los espíritus se os sometan, alegraos más bien que vuestros nombres estén escritos en los Cielos” (v.20). Las realidades últimas deben formar parte de los principios rectores de la vida presente. Este es el tiempo de la Fe y de las pruebas que muestran o demuestran la opción fundamental, que da sentido a la propia existencia. La alegría espiritual es del todo necesaria y JESÚS quiere señalar el fundamento en el que debe estar cimentada. La evangelización y las cosas de DIOS producen, o dan como resultado, alegría espiritual, que debe ser reconocida y analizada para determinar su cualidad y diferenciarla del carácter alegre de otras realidades que forman parte de la vida. La alegría de una conversación amistosa, la escucha de una obra musical, la contemplación de un paisaje, constituyen motivos para la alegría interior y el gusto por la vida. Pero en algún momento el cristiano debe reconocer la alegría propia de las cosas de DIOS como puede ser la participación litúrgica y el encuentro con JESÚS en la EUCARISTÍA, el resultado de un tiempo de oración personal o adoración, y la meditación o lectura pausada de la Escritura. JESÚS nos sigue diciendo también a nosotros, que todas esas alegrías parciales no pueden ocultar la aspiración fundamental por la Vida Eterna, que es la comunión con ÉL -JESÚS- el PADRE, el ESPÍRITU SANTO, con la santísima VIRGEN MARÍA, todos los coros angélicos, y las miríadas de miríadas de bienaventurados, entre los cuales es de esperar que estén todos nuestros familiares. El Cielo será el sometimiento de todas las criaturas en CRISTO, momento en el que el propio CRISTO entregará toda la Creación cristificada al PADRE, y DIOS lo será todo en todos (Cf. 1Cor 15,28). No tengamos reparo en considerar a cada criatura glorificada como un cielo, de tal forma que nuestros nombres deben estar escritos entre los innumerables cielos de los que para DIOS ninguno pasa inadvertido. La grandeza de DIOS y su obra supera nuestros cálculos. Lo dicho en este versículo añade también una advertencia a considerar la santidad personal en primer término, pues la manifestación de dones y carismas no garantizan por si mismos la santidad, que es lo único que resuelve la bienaventuranza eterna. La santidad de vida incluye la vía del arrepentimiento personal, que pide el revestimiento espiritual de la Divina Misericordia.

San Pablo, carta a los Gálatas 6,14-18

 La carta a los Gálatas surge como respuesta del Apóstol a los problemas surgidos en aquellas comunidades. De nuevo aparecen los promotores de la vuelta a la circuncisión y la práctica estricta de la Ley de Moisés. San Pablo plantea la pregunta clave: “¿Recibisteis el ESPÍRITU SANTO por cumplir la Ley o por la Fe en JESUCRISTO? (Cf. Gal 3,2). Al ser ungidos por el ESPÍRITU SANTO vivieron en primera persona distintas experiencias espirituales, que ahora el Apóstol pregunta, si todo aquello fue en vano (Cf. Gal 3,4). La idoneidad del gentil como cristiano se cifra por su Fe en JESUCRISTO. Al dejar de lado la Fe en JESUCRISTO todo empieza a disolverse como azucarillo en el agua, pues se corta la presencia del ESPÍRITU SANTO que hace posible comportarnos particularmente como DIOS quiere. Hoy traemos los versículos finales de la carta a los Gálatas como contenido de la segunda lectura.

La Cruz de JESÚS

“En cuanto a mí, DIOS me libre de gloriarme si no es en la Cruz de nuestro SEÑOR JESUCRISTO. Por la cual el mundo es para mí un crucificado, y yo un crucificado para el mundo” (v.11). Después de la Cruz y Resurrección de JESÚS, las disputas por la circuncisión carecen de valor alguno. La marca que DIOS mira para considerar a una persona como perteneciente al Pueblo elegido ha variado sustancialmente. Es el Bautismo en el agua y el ESPÍRITU SANTO el que marca al fiel para la Vida Eterna. La circuncisión tuvo su tiempo, pero éste ha pasado. Por el Bautismo estamos crucificados con CRISTO y muertos con ÉL al pecado; por lo que por ÉL también estamos resucitados y llamados a una vida nueva. Renunciar a este legado espiritual es una verdadera insensatez. La circuncisión con la Ley de Moisés incluida no puede ofrecer nada de lo anterior.

Nueva Creación

“Nada cuenta: ni la circuncisión ni la incircuncisión, sino la Nueva Creación” (v.15). La convivencia de la Gracia con nuestra humanidad dañada por el pecado presenta parcelas de misterio que nos dejan en la incertidumbre. Las gracias provenientes de la Redención están destinadas a hacer nuevas todas las cosas; pero experimentamos que la propia concupiscencia y tendencia al mal nos mantiene en la penumbra del hombre viejo. Pero la EUCARISTÍA no es un pan mejorado, sino una realidad del todo nueva que nos destina a la Vida eterna. La unción que reposa en cada bautizado no es para una personalidad mejorada, sino que viene a conferir la condición de hijos de DIOS. El cielo que nos consiguió JESÚS con su sangre no es un plano espiritual mejorado, sino la perfecta comunión con la TRINIDAD.

Las nuevas señales

“En adelante que nadie me moleste, pues llevo sobre mi cuerpo las señales de JESÚS” (v.17). Algunos quieren ver en estas palabras los estigmas o llagas de la Cruz de CRISTO visibles en distintos santos y místicos a lo largo de los siglos. Pero también los padecimientos por CRISTO han dejado marcas suficientes en el cuerpo del apóstol, que acreditan su Fe y trabajos por el Evangelio. En la segunda carta a los de Corinto, nos cuenta el Apóstol algunos de los percances más señalados, que pusieron en peligro su vida (Cf. 2Cor11,23-27).

Una bendición

“Hermanos, que la Gracia de nuestro SEÑOR JESUCRISTO sea con vuestro espíritu” (v.18). La carta concluye como una liturgia y lo hace con toda propiedad. San Pablo acaba de finalizar uno de los escritos más importantes dentro del Cristianismo, aunque fuese dirigida a las comunidades del centro de la península de Anatolia, que no ofrecían el rango de Antioquía de Siria, Corinto o Roma. Sin embargo el contenido de esta carta destaca lo esencial de la nueva Fe, que abre las puertas a toda la gentilidad. Lo que verdaderamente importa es la Gracia y nos viene sólo de JESUCRISTO por la Fe en ÉL.