Sin duda, aquellos que escuchaban a Jesús en el Sermón de la Montaña, debieron quedar sorprendidos por lo que escuchaban. Aquel profeta no hablaba de leyes o cumplimiento de normas; el amor era el tema transversal de su predicación. Muchos que habían escuchado a escribas y fariseos descubrían la novedad en aquellas enseñanzas, comprendían que era una doctrina nueva, de allí que, Jesús quiere dejar claro, que no está contra la Torá o negando la ley dada a Moisés en el Sinaí. Los judíos hablaban con orgullo de la ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo; era lo mejor que habían recibido de Él. También para Jesús es importante, Él reconoce el Antiguo Testamento como Palabra de Dios, pero no como palabra definitiva, ya que para pronunciar esta Palabra definitiva, vino Él al mundo. Por eso no se presenta como un revolucionario religioso que rompa drásticamente con la herencia de Israel, pero sí nos llama Jesús a ir más allá del legalismo: “Les digo que, si no son mejores que los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los cielos”.
Tengamos en cuenta que Mateo dirige su Evangelio a cristianos mayoritariamente provenientes del judaísmo. De ahí su interés por mostrar que las enseñanzas de Jesús no están en contradicción con la ley de Moisés y con la doctrina de los Profetas. Así, aunque Jesús aparentemente se presenta como reformador de la ley, nos dirá que: “No he venido a abolir la ley o los Profetas, sino a darles plenitud”. La ley en Jesús ha entrado en una fase de perfeccionamiento y plenitud. No quiere abolir el código de Moisés, pero sí desea que se cumpla de una manera nueva. De allí, que nos proponga las antítesis: “…han oído que se dijo a los antiguos… pero yo les digo…”. Jesús desea darle el verdadero sentido a la ley, descubriendo la voluntad de Dios. No es una crítica contra escribas y fariseos, sino con aquellos miembros de la comunidad creyente, que ya no reconocían la obligatoriedad de la Torá o ley judía. Es una crítica contra todos aquellos que se contentan con cumplir la ley y olvidan el verdadero significado. Con estas antítesis Jesús no rebaja la ley sino que la eleva a su verdadero sentido: guiar el corazón hacia el amor auténtico.
El Evangelista Mateo menciona seis antítesis; hoy escuchamos las tres primeras:
- Primera antítesis: Hace alusión al mandamiento del decálogo: “No matarás”. Jesús no discute el mandamiento, más bien, extiende la pena. No basta con evitar el homicidio, hay que desterrar la ira y el insulto. Jesús pone en el centro el “amor” que debe conducir a la reconciliación. Una religión que no conduce a la reconciliación, se vuelve estéril.
Hermanos, ya que podemos matar de muchas maneras, Jesús nos invita a que llevemos el mandamiento a su pleno significado, ya que el amor crea y no destruye, cura y no hiere, comparte y no acapara, comprende y no juzga, perdona y no condena. - Segunda antítesis: “No cometerás adulterio”. Este mandamiento no queda reducido al acto sexual fuera del matrimonio, sino que comienza desde que la persona mantiene en su interior un deseo culpable por la mujer de su prójimo. Jesús extiende el mandamiento a una limpieza del corazón; a mirar a los demás como personas, no sólo como objetos de placer. En nuestros días se ha explotado a la mujer desde lo sexual; se exhibe el cuerpo de la misma como si fuera mercancía a la venta. Basta que analicemos los comerciales en la televisión o en las redes sociales. En una sociedad que trivializa la sexualidad, Cristo nos recuerda que el amor conyugal es una alianza exclusiva y fiel, reflejo del amor de Dios.
- Tercera antítesis: “No jurarás en falso”. Completa esta antítesis con un mandamiento positivo: “le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento”. Jesús pone la verdad por encima de todo. No hay que jurar de ningún modo; cuando se dice “sí” que sea sí y cuando se diga “no” que sea no.
Hermanos, vivimos tiempos muy complicados de confusión, por lo que deseo reflexionar un poco más sobre la primera antítesis: “no matarás”. Me llena de tristeza que en nuestra cultura, cada vez más, el arrebatarle la vida a alguien se vea como algo normal. Lo digo porque, un día en un retén del crimen organizado, le dije a unos muchachos que nos detuvieron: “Cambien las armas por herramientas de trabajo” y uno, mostrándome su cuerno de chivo, me contestó: “Ésta es nuestra herramienta de trabajo, señor Obispo”. Mirar esta situación como un trabajo, es una visión muy pobre y muy distorsionada. Es justificar lo que se hace. Es querer aparentar que es algo bueno quitar la vida a un hermano; cuando quitar la vida es todo lo contrario. Matar es una desgracia, principalmente para el victimario.
Es sorprendente ver en Jesús lo infinito de su exigencia y lo infinito de su indulgencia. Él no desespera de nadie, tampoco le da a nadie la ocasión de vanagloriarse por el mal realizado. Espera su conversión. Qué bueno que no hayamos quitado la vida a nadie, es sagrada, pero pensemos, sí hablamos de los demás, muchas veces de manera negativa; hacemos juicios a la ligera y quitamos la fama a los otros. Existen muchas maneras de transgredir el mandamiento “no matarás”.
Nosotros seguimos enseñando el mandamiento en el catecismo “no matarás”; pero la cultura a través de películas, de series, de videojuegos, etc., ha implantado una cultura de la muerte y los gobiernos presentan los crímenes, los asesinatos como estadística. Los chismes o difamaciones se dan al orden del día. No basta decir no he matado, es momento de analizarnos a conciencia, ¿de qué manera estoy quebrantando este mandamiento? Ya que podemos desgarrar con el chisme a otros y dejarlos sangrando y seguir pensando que fue un simple comentario.
Hermanos, cuando estamos a favor de las leyes que permiten el aborto, estamos trasgrediendo este mandamiento; estamos permitiendo que se quite la vida a personas inocentes; cuando apoyamos a partidos políticos, a gobiernos que promueve el aborto, estamos siendo cómplices de dichas masacres. No caigamos en el engaño, tengamos en cuenta que una cosa no es justa por el hecho de ser ley, sino más bien, ha de ser ley porque es justa. Las leyes de Dios son justísimas. Creo firmemente que, si la ley de Dios fuera cumplida, muchos dramas del mundo serían superados. Preguntémonos: ¿Entendemos y practicamos la plenitud de la ley como nos enseña Jesús?
Hagamos un esfuerzo y que nos ayude el tiempo de Cuaresma, que iniciaremos primero Dios el próximo miércoles con la imposición de ceniza, a llevar adelante este propósito de vida: evitar el legalismo, pues el Evangelio no nos encierra con prohibiciones, sino que abre horizontes de libertad y de verdadera fraternidad entre los hijos de Dios.
Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Feliz domingo para todos.

